Compendio de la filosofía: 12
CAPÍTULO IX.
editarYa entre el Pueblo se ha introducido una cierta division, no del todo mala, por la qual se dividen los bienes en tres especies, llamándose unos bienes del ánimo, otros bienes del cuerpo, y otros bienes de fortuna; cuya division por las cosas arriba dichas puede entenderse suficientemente.
Hay tambien otra division algo mas sutil, por la qual se dividen los bienes en deleytables, y honestos. En los deleytables se busca el placer; pero en los honestos se halla el placer sin buscarlo; porque la accion honesta se hace, no porque causa el deleyte, aunque en realidad lo cause. Mas esto se entenderá mejor quando se trate de las virtudes.
El pueblo, que no suele de ordinario estar muy acostumbrado á pensar bien y con rectitud, suele añadir una tercera clase de bienes, que llama útiles, y hace la division en tres partes. Mas no echa de ver que la cosa que nosotros llamamos útil, no es bien en sí misma, sino un medio que nos conduce hacia algun bien, ya sea á el placer, ó ya sea á la virtud. ¿Quien llamaria útil lo que no sirviese ni para el deleyte, ni para la virtud? Luego no deben las cosas útiles contarse entre los bienes del mismo modo que las deleytables, y las honestas; y en caso que esta division sea agradable al pueblo, podrá servirse de ella el Orador; pero no el Filósofo.
Se ha disputado entre los Filósofos, si la accion deshonesta pueda ser útil en algun tiempo. Y á la verdad si damos oido á los Estoicos, no puede; porque útil es solamente lo que nos conduce en alguna manera á la felicidad. Esto supuesto, consistiendo la felicidad, segun ellos, solamente en la virtud, á la qual sin duda alguna jamas puede conducirnos la accion deshonesta, se sigue por necesidad, que la accion deshonesta no puede jamas ser útil. Mas esta razon será de ningun valor siempre que se niegue que la felicidad consista solamente en la virtud.
Consistiendo, pues, la felicidad juntamente en la virtud y en el placer, parece que deba decirse útil todo lo que conduce, ó al placer, ó á la virtud; pero no aquello, que inclinándonos al deleyte, nos aleja de la virtud. Y de esta calidad es la accion deshonesta, la qual si trae á la felicidad algun deleyte, la descompone y la corrompe con la deshonestidad; y quitando al hombre el esplendor de la virtud, le hace tan feo y deforme, que ningun placer es bastante para hermosearle y adornarle. Concluyamos, pues, y afírmese sin la mas leve duda, que ninguna accion deshonesta puede con verdad decirse útil.