Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos: Capítulo XLIV

Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos
Capítulo XLIV: Usos notables de los derivados verbales

de Andrés Bello

1094 (a). Hemos visto (§ 203, b) que el infinitivo, como sustantivo que es, hace siempre de sujeto, predicado, complemento o término.

1095 (b). El infinitivo precedido de al significa coincidencia de tiempo: «Al cerrar la noche»; «Al ceñirle la espada». Omitiendo el artículo, le damos el sentido de condición: «A saber yo», por si yo supiera o si yo hubiera sabido. Lo regular es que lleve entonces el sentido de negación implícita; pero no siempre es así: «A proseguir con sus gastos, en poco tiempo habrá consumido su caudal» (§ 315, a).

1096 (c). Otras veces le acompaña una elipsis del verbo: «Yo a pecar, y vos a esperarme; yo a huir de vos; y vos a buscarme» (Granada); esto es, yo me doy, me pongo, me entrego, y vos os dais, os ponéis, etc.

1097 (d). Notable es también la construcción elíptica del infinitivo en el pasaje siguiente de Ercilla:

«¿Del bien perdido al cabo qué nos queda
Sino pena, dolor y pesadumbre?
Pensar que en él fortuna ha de estar queda,
Antes dejará el sol de darnos lumbre».

Para comprender en qué consiste la fuerza de esta construcción, que es singularmente expresiva, basta compararla con los ejemplos que siguen: «Pensar que otra alguna ha de ocupar el lugar que ella tiene, es pensar en lo imposible» (Cervantes); «Pensar que en Alemania se hallen tantos de estos maestros, es cosa excusada» (Rivadeneira); «Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el más verdadero hidalgo y el más noble caballero de su tiempo, no es posible; que no dijera él una mentira si le asaetearan» (Cervantes). Interpónganse en el pasaje de Ercilla, después del tercer verso, las palabras no es posible, es pensar en lo imposible, o es cosa excusada, o algo semejante, y tendremos la locución de Cervantes y Rivadeneira.

1098 (e). Ponemos aquí algunas construcciones notables del infinitivo con ciertos verbos, más bien para que sirvan de muestras, que con la pretensión de agotar la materia.

1099. Parecer, semejar, aunque verbos neutros de suyo, suelen tomar por acusativo un infinitivo: «Parece alejarse la tempestad»; «Semejaban estar desplomados los edificios». De aquí es que este infinitivo es reproducido por el acusativo lo: «Parecieron por un momento amansarse las olas; mas ahora no lo parecen; antes con la mudanza del tiempo semejan embravecerse de nuevo».

1100. Verbos que significan actos mentales perceptivos rigen a menudo un infinitivo con el cual forman frases verbales que por lo tocante a la construcción pueden considerarse como simples verbos: «Oigo sonar las campanas»; «Vimos arder el bosque». Las campanas, el bosque son acusativos de oigo sonar, vimos arder; reproduciéndolos diríamos «Las oigo sonar», «Lo vimos arder»; y en construcción pasiva cuasi-refleja, «Se oyen sonar», «Se vio arder» (§ 335). «Le oímos cantar dos arias»: dos arias acusativo de oímos cantar, le dativo. Reproduciendo arias diríamos «Se las oímos cantar»: se, dativo oblicuo del mismo significado que le (§ 357). Y en construcción pasiva cuasi-refleja, «Se le oyeron cantar dos arias»: se acusativo reflejo, le dativo.

1101. Las construcciones de que hablamos no suelen volverse en pasivas por medio del verbo ser y el participio adjetivo. Rara vez se diría «Las flores fueron vistas marchitarse», «El reloj fue oído dar las doce». Pero en verso esta pasiva, imitada del latín, es elegante:

«Tirsi, pastor del más famoso río
Que da tributo al Tajo, en la ribera
Del glorioso Sebeto, a Dafne amaba
Con ardor tal, que fue mil veces visto
Tendido en tierra en doloroso llanto
Pasar la noche, y al nacer el día,
Como suelen tornar otros del sueño
Al ejercicio usado, así del llanto
Tornar al llanto...».

(Figueroa)

1102. Mandar se construye de un modo semejante: «El general mandó evacuar las plazas»; las plazas acusativo de mandó evacuar; las mandó evacuar, se mandaron evacuar. Ni disonaría fueron mandadas evacuar.

«Josué mandó al sol pararse». Para explicar esta construcción no es preciso salirse de las reglas comunes: pararse es acusativo de mandó; al sol, dativo. Las reproducciones y pasivas lo prueban: le mandó pararse; se lo mandó; se le mandó pararse; le fue mandado pararse; se lo es combinación de dativo oblicuo bajo forma refleja y acusativo neutro que reproduce el infinitivo (§ 357); y pararse, acusativo, pasa a sujeto de las construcciones pasivas.

1103 (f). Nótese el doble sentido de que es susceptible en ciertos casos una construcción de infinitivo; en «Le mandaron azotar a los malhechores», a los malhechores es acusativo y le dativo; en «Le mandaron azotar por mano del verdugo», le es acusativo. Dícese de un lobo que le dejaron devorar al cordero (le dativo), y de un cordero que le o lo dejaron devorar por el lobo (le o lo acusativo).

1104 (g). Nótese también que cuando el infinitivo lleva un acusativo reflejo que se identifica con el acusativo del verbo, se suele suprimir el acusativo reflejo: «Al entrar en el hoyo todos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger, mal que nos pese» (Cervantes); esto es, nos hacen ajustarnos y encogernos; nos es acusativo de hacen y acusativo reflejo de ajustar y encoger. Si a nos sustituyéramos la tercera persona de plural, no podría decirse «Les hacen ajustar y encoger», sino ajustarse y encogerse, porque para suprimir el acusativo reflejo es necesario otro acusativo con el cual se identifique; condición que se verificaría diciendo los hacen ajustar y encoger.

1105 (h). Notable es asimismo el sentido pasivo que con ciertos adjetivos suele tomar el infinitivo, precedido de la preposición de. Así una cosa es buena de comer, digna de notar, fácil de concebir; sin que por eso deje de usarse la pasiva buena de comerse, digna de notarse, etc.; pero lo primero es lo más usual. El verbo ser puede tener por sí solo el mismo régimen, cuando el infinitivo significa un acto del entendimiento o una afección moral: es de creer, es de saber, no es de olvidar, es de sentir.

1106 (377). Acompaña frecuentemente al infinitivo la elipsis de un verbo (poder, deber, u otro semejante), a que sirve de acusativo, precediendo entonces al infinitivo un relativo con antecedente expreso o tácito: «No tengo vestido que ponerme»; «No conocíamos persona alguna de quien valernos»; «Hay mucho que hacer»; esto es, que pueda ponerme, de quien pudiésemos valernos, que debemos hacer. Es arbitrario callar o expresar el antecedente cuando éste significa una idea general de persona, cosa, lugar, tiempo, modo, causa. «No tengo (nada) que ponerme»; «No veíamos (persona) de quien fiarnos»; «Buscábamos (lugar) donde guarecernos de la lluvia»; «Al fin hallaron (camino) por donde escapar»; «Trazaba (modo) como salir del apuro»; «No hay (razón, causa, motivo) por qué diferir la partida».

1107 (378). Pero no deben confundirse con estas frases elípticas aquellas en que después del verbo haber o tener viene un infinitivo precedido de que, perdiendo este neutro su oficio de relativo y haciéndose como un mero artículo del infinitivo: «No hay que avergonzarte» (esto es, no debes, deja de avergonzarte); «Tengo que escribir varias cartas», (esto es, debo, tengo precisión de escribir). Así haber o tener que, seguido de infinitivo, es a veces una frase elíptica, y a veces no: hay que escribir, significará, pues, según los varios casos, hay algo que escribir, o es preciso escribir, y tengo que contar, equivale ya a tengo cosas que contar, ya a tengo precisión de contar; duplicidad de sentidos que no cabe sino cuando el que puede ser acusativo del infinitivo.

1108 (a). Úsase también el que como artículo del infinitivo después de los verbos ocurrir y faltar, y no sé si algún otro: «Vistámonos por si ocurriere que salir»; «Sostienen algunos que la absoluta libertad del comercio es en todas circunstancias conveniente; pero falta que probarlo». Con estos dos verbos puede suprimirse el que: si ocurriere salir; falta probarlo.

1109 (b). Tampoco debe confundirse con la frase elíptica de que hablamos aquella en que no haber o no tener es seguido de más que, haciendo el que el oficio de conjunción comparativa: «No hay más que rendirse», «No tenemos más que rendirnos», a la cual equivalen las interrogativas de negación implícita: «¿Tenemos más que rendirnos?», «¿Hay más que rendirse?»: Más y rendir son dos acusativos ligados por el que conjuntivo.

1110 (c). En la referida frase elíptica, el relativo se hace interrogativo indirecto después de verbos que signifiquen actos del entendimiento; «No sabe qué creer», «con quién aconsejarse», «a qué atenerse», «por dónde salir», «cómo defenderse de sus enemigos», «cuándo ponerse en camino». Conócese la interrogación indirecta en que se pospone el antecedente; «No tiene (cosa) que decir»; «No sabe qué (cosa) decir»; «No hay (modo) como salir del apuro»; «No se sabe cómo (esto es, de qué modo) salir del apuro». A veces será arbitrario dar o no a la frase la enunciación interrogativa: «Buscaba como, o cómo salir del apuro», puesto que podemos resolver esta frase en buscaba modo como y buscaba de qué modo.

1111. El interrogativo si se presta a la misma elipsis, y entonces no tanto significa duda del entendimiento como vacilación de la voluntad: «No sabe si retirarse o no».

1112 (d). Otra particularidad del infinitivo es el poder mediar entre él y la preposición a que sirve de término las palabras o frases que lo modifican y a veces su mismo sujeto, sin embargo de que en general precede a éste: «Tenía (Enrique de Borbón) una tropa de caballería de respeto para, en caso que perdiese la jornada, poderse salvar» (Antonio de Herrera); «Para, sin consideración ninguna a los altos destinos que ha ocupado, ni a su autorizada figura, sentarle bien la mano» (Puigblanch); «Trataba secretamente con el papa, para, pasando a Italia, tomar el cargo de General de la Iglesia» (Quintana); (este pasaje ha sido censurado como opuesto a las reglas de la perspicuidad por don Vicente Salvá; pero con demasiado rigor, a mi juicio); «El cura no vino en quemar los libros sin primero leer los títulos» (Cervantes); «Exigían los aliados que Luis XIV se obligase a, por sí solo y con las armas, echar de España a su nieto» (Maury);

«Juro este acero al brazo de la muerte
Sólo rendir: sus filos y mi brío
Usar en, vivo y muerto, defenderte».

(El mismo)

«Hasta llenos quedar súbitamente
Cuarto y cuartel de luces y de gente».

(El mismo)

«Sin yo poder, oh cólera, el castigo
Tomar de nuestro pérfido enemigo».

(El mismo)

La preposición para es la que se presta mejor a esa intercalación, que con las otras tiene algo de violento; con las a y en ni aun en verso es soportable.

1113 (e). Aunque el infinitivo participa de las dos naturalezas de sustantivo y verbo, no son raros los casos en que se despoja de la segunda y se convierte en un sustantivo ordinario. Sucede esto principalmente cuando lo que debiera servirle de sujeto se convierte en complemento.

«El cantar los pastores
Inocentes amores
En el sencillo idilio nos agrada»;

aquí el infinitivo se construye con sujeto, y es por tanto un verdadero derivado verbal. No es así en aquellos versos de Garcilaso:

«El dulce lamentar de dos pastores
He de cantar, sus quejas imitando»;

lamentar depone su carácter genuino, porque su natural sujeto los pastores toma la forma de complemento. Una cosa semejante se verifica en el trabajar suyo por el trabajar ellos, porque el posesivo equivale a un complemento con de.

1114. Pasemos a los participios, principiando por el participio adjetivo.

1115. Lo regular es que no lo tengan sino los verbos transitivos, porque este participio, mientras conserva el carácter de tal, se refiere a sustantivos que pueden ser acusativos del verbo en las construcciones activas, o sujetos en las pasivas.

1116 (379). Hemos visto (§ 317) que el participio adjetivo, combinado con el verbo tener, forma una especie de tiempos compuestos: «Tengo leído el libro»; «Tuve terminada la obra»; «Tenía recorridos los campos vecinos»; «Tendrá bien conocidas las dificultades de la empresa». Pero es de advertir que estas formas se prestan poco a la construcción refleja, y que si bien se dice corrientemente «Los tiene instruidos», no así «Él se tiene instruido», sino sólo «Él se ha instruido». No creo que sea permitida esta construcción refleja, sino en ciertas frases peculiares determinadas por el uso, y regularmente imperativas, como «Teneos apercibidos».

1117 (380). Hemos visto asimismo (§ 208) que ciertos participios adjetivos no admiten, por ser intransitivos los verbos de que se derivan, la inversión de significado, que es propio de las construcciones pasivas, y que aun los que tienen significación pasiva, la pierden a veces, y expresan la misma idea que el verbo de que se derivan sin inversión alguna. En este caso se hallan: agradecido, el que agradece; bebido, el que ha bebido con exceso; callado, el que calla o acostumbra callar; cansado, lo que da fatiga, fastidio; bien cenado, bien comido, el que ha cenado o comido bien; disimulado, el que habitualmente disimula; entendido, el que entiende mucho; fingido, el que suele fingir; leído, el que ha leído muchos libros; ocasionado, el que ocasiona (disgustos, pendencias); osado, el que tiene osadía; porfiado, el que tiene hábito de porfiar; presumido, el que presume (esto es, el que tiene de sí mismo más alto concepto que debiera); sabido, el que sabe muchas cosas; sufrido, el que por carácter es sufridor y tolerante, etc. La Academia los considera entonces como meros adjetivos, y realmente no son otra cosa.

1118 (a). De algunos verbos que se usan siempre con pronombre reflejo salen derivados que por la forma y la variedad de terminaciones parecen participios adjetivos, pero que tienen el significado del verbo sin inversión alguna, y deben mirarse también como simples adjetivos; verbigracia atrevido, atrevida, el o la que tiene atrevimiento. Hay verbos que en algún sentido particular se conjugan con pronombres reflejos, y de ellos salen a veces derivados de forma participial, que son asimismo puros adjetivos; verbigracia mirado, el que se mira mucho (el que compone y modera sus acciones); sentido, el que con facilidad se siente (se ofende).

1119 (b). Los adjetivos de forma participial, que nacen de verbos intransitivos, como nacido, nacida; muerto, muerta; ido, ida; venido, venida; vuelto, vuelta; llegado, llegada; rara vez se juntan con ser si no es en frases anticuadas, que sólo se permiten a los poetas, como «Son idos», por han o se han ido; «Es vuelto a casa», por ha vuelto; bien que restan algunas no sólo permitidas en prosa, sino elegantes: «Llegada es la hora, la ocasión»; «El tiempo es llegado»; «Sus padres eran entonces muertos»; «Cuando esas cosas sucedieron, vosotros no erais todavía nacidos». En todas estas frases el adjetivo, o llámese participio, hace referencia a una época anterior a la del auxiliar, a diferencia de lo que sucede en las construcciones pasivas formadas con ser, donde el significado de la frase, esto es, la acción del verbo de que se deriva el participio, se refiere a una época que coincide con la del auxiliar; así eran idos es un ante-co-pretérito; mientras que eran amados, eran temidos, no son más que co-pretéritos. Con muchos de estos participios anómalos se forman adjetivos sustantivados de uso corriente, los nacidos, los muertos, los recién llegados; y cláusulas absolutas (capítulo XLVIII), como en «Idos ellos, terminó la función»; «Llegada la noticia, se esparció una alarma general»; «Nacido el Salvador del mundo, fueron a adorarle los pastores»; «Muerto Carlomagno, se disolvió el grande imperio que bajo su mano vigorosa había parecido resucitar la potencia romana».

1120 (c). Hay otra cosa en que es menester consultar el uso; y es que los participios adjetivos de algunos verbos activos como llenar, limpiar, hartar, no se prestan de buen grado a todas las construcciones usuales de los participios adjetivos: 1.º porque en lugar de las construcciones pasivas que se forman con ser, admiten más bien las cuasi-reflejas; dícese, por ejemplo: «Se llenó la plaza», «Se limpiaron las armas», «Se les hartó de fruta», mucho mejor que fue llenada, fueron limpiadas, fueron hartados; y 2.º porque en las construcciones de estar y en las cláusulas absolutas, les preferimos los adjetivos correspondientes, como lleno, limpio, harto: «La plaza estaba llena», «Limpias las armas», «Harta el alma de frívolos pasatiempos, la devora el fastidio». Y esto sin embargo de que los adjetivos correspondientes no supongan de suyo una acción anterior, como sucede en lleno y limpio; pues una cosa puede estar llena o limpia, sin que la hayan llenado o limpiado.

1121 (d). Las frases adverbiales antes de, después de, y menos frecuentemente luego de, llevan a veces por término de la preposición un participio adjetivo, a que puede agregarse un sustantivo que le sirve de sujeto: «Antes de dada la orden», «Después de cerradas las puertas», «Luego de acabada la misa», «Después de yo muerta», dice Santa Teresa; donde es de notar que se dice yo y no mí, porque yo no es término de la preposición, sino sujeto del participio.

1122 (e). En las cláusulas absolutas usan algunos el participio sustantivo con acusativos y dativos, pero a mi parecer incorrectamente: «Oído a los reos, y recibídoles la confesión, mandó el juez llevarlos a la cárcel», en vez de «Oídos los reos y recibida su confesión», que es mucho más sencillo y claro. Cuando se dice «sabido que los regidores estaban reunidos, me dirigí a la sala municipal», sabido es adjetivo y concierta con el que. De la misma manera, en «Mandó que se instruyera la causa, y hecho se trajesen los autos», hecho es adjetivo y concierta con el tácito esto.

1123 (f). La construcción «leído que hubo la carta», «compuesto que hubo los versos», es el solo caso que yo sepa de cláusula absoluta formada por el participio sustantivado. «Oído que hubo tan funesta noticia, se abandonó al dolor», es lo mismo que «Oída tan funesta noticia», etc.; pero la primera expresión puede ser a veces oportuna para manifestar mejor la identidad o la distinción de los agentes: la identidad, como en el ejemplo anterior, en que son uno mismo el que oyó y el que se abandonó; la distinción como en «Leído que hubo la carta, se retiraron los circunstantes», en que es uno el que leyó, y otros los que se retiraron.

1124 (g). De la misma manera empleamos el participio adjetivo con el verbo tener: «Concluida que tuvieron la obra», «Examinados que tuviese los autos».

1125 (h). Otro tanto sucede con los verbos ser y estar: «Aprehendidos que fueron», «Encarcelados que estén».

1126 (i). Lo de más importancia en el empleo de los infinitivos y gerundios es que si, como participantes de la naturaleza del verbo hacen relación a un sustantivo de que son atributos, no haya la menor vacilación en el entendimiento del que oye o lee para referirlos a ese sustantivo y no a otro; y aun es tan delicada la lengua en este punto, que sin embargo de no haber duda acerca del sustantivo de que son atributos, es necesario que la relación parezca natural y obvia. «Dijo en la junta de reyes y caballeros que todo lo que hacía por Amadís lo hacía de agradecida por haber éste rescatado a un caballero que estaba preso en el castillo de la Calzada» (Clemencín). Exprésase el sujeto de haber, aunque el sentido de la oración habría bastado para que nos fijásemos en Amadís; y con todo eso, lejos de redundar el demostrativo éste, es oportuno y contribuye a la claridad, por cuanto el giro de la frase nos hubiera hecho a primera vista referir el infinitivo al sujeto de hacía.

«Este lance imprevisto de repente
La atención llama de la inmensa turba,
Juzgando que ha deshecho a Ruy Velásquez
Del cielo vengador llama trisulca».

(El duque de Rivas)

Es suficientemente claro el sentido, y parece que no puede pedirse más a un poeta; pero el gerundio, por el giro de la frase, se referiría más bien a este lance, que a la turba. Hay además en este pasaje una ligera impropiedad: supuesto que el gerundio significa coexistencia o próxima anterioridad a la época del verbo, y por tanto nos presenta aquí el juicio de la turba como próximamente anterior al lance que llama la atención de la misma, o como coexistente, cuando menos, con él (§ 212, d), debiendo más bien por la naturaleza de las cosas preceder al juicio el llamamiento que lo produce.

1127 (381). Los gerundios, como adverbios que son, no modifican al sustantivo, sino por medio de otras modificaciones: «No menos correcto hablando que escribiendo»; «Conmovía poderosamente los ánimos, ya manejando la pluma, ya usando de la palabra en la tribuna». Si el gerundio modifica al infinitivo directamente, es porque el infinitivo, como derivado verbal, admite todas las construcciones del verbo: «Era preciso desenvolver el principio, manifestando sus consecuencias y aplicaciones». Y si le construimos con sustantivos de otra especie, es cuando le sirven de sujeto; porque, como derivado verbal, participa de la naturaleza del verbo: «Deje vuesa merced caminar a su hijo por donde su estrella le llama, que siendo él tan buen estudiante como debe de ser, y habiendo ya subido felizmente el primer escalón de las ciencias, que es el de las lenguas, con ellas por sí mismo subirá a la cumbre de las letras humanas» (Cervantes).

1128 (a). A veces parece el gerundio construirse con el sujeto de la proposición modificándolo; y pudiera dudarse si conserva o no el carácter de adverbio: «El ama, imaginando que de aquella consulta había de salir la resolución de la tercera salida, toda llena de congoja y pesadumbre se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco» (Cervantes). Yo creo, con todo, que la cláusula de gerundio es aun en casos como éste una frase adverbial, que modifica al atributo; como lo haría un complemento de causa «El ama, por imaginar», o una proposición introducida por un adverbio relativo: «El ama, como imaginaba». Si el gerundio pudiera emplearse como adjetivo, no habría motivo de censurar aquella frase de mostrador, tan justamente reprobada por Salvá: «Envió cuatro fardos, conteniendo veinte piezas de paño»; este modo de hablar es uno de los más repugnantes galicismos que se cometen hoy día.

1129 (b). Hemos mencionado antes (§ 283) las formas compuestas de gerundio con el verbo estar; y a eso añadiremos ahora que todas las veces que hay movimiento en la acción, aunque el movimiento no sea verdadero sino figurado, como el que nos representamos, por ejemplo, en las operaciones intelectuales, es preferible ir a estar: «No estaban ociosas la sobrina y el ama de don Quijote, que por mil señales iban coligiendo que su tío y señor quería desgarrarse la vez tercera, y volver al ejercicio de su, para ellas, mal andante caballería» (Cervantes).

1130 (c). Cuando el infinitivo o el gerundio lleva sujeto, generalmente le preceden: «Avisábasele haber principiado las hostilidades»; «Por estar ellos ausentes»; «Estando la señora en el campo».

1131 (d). La colocación del gerundio es mucho más determinada que la del infinitivo, porque en general debe principiar por él su cláusula. Podemos fijar fácilmente el lugar que en la oración ha de dársele, resolviéndolo en una proposición subordinada; el lugar que en ésta ocupe el relativo, o frase relativa, es en el que ha de ponerse el gerundio. Por consiguiente no sería natural en prosa el orden de las palabras en estos versos de Calderón:

«... Alejandro,
De Ursino príncipe y dueño,
Siendo hermano de mi padre
Y habiendo sin hijos muerto
Me tocaba por herencia
De aquel estado el gobierno».

No puede decirse, «Alejandro siendo hermano de mi padre, me tocaba su herencia», sino «Siendo Alejandro», etc.; a la manera que resolviendo el gerundio no diríamos, «Alejandro, por cuanto era hermano de mi padre, me tocaba su herencia», sino «Por cuanto Alejandro era», etc. Ésta es una regla importante, que los traductores olvidan a veces, y cuya trasgresión apenas puede disimularse a los poetas.