Historia general de la medicina en Chile/Introducción


Introducción





El estudio de la historia ha tomado en nuestro pais un laudable desarrollo.

Las narraciones de la vida nacional, en todos los órdenes del interés público, desde la colonia hasta la independencia y nuestra era republicana, ponen de manifiesto la de eruditos investigadores que han contribuido a cimentar en el pais, el progreso alcanzado en las diversas ramas de la historia.

El interés de estos hechos es obvio y cada día se aprecian más sus benéficos resultados.

Los diferentes hechos que suman el conjunto y marcan la unidad de una época ó de una acción determinada, dice don Miguel Luis Amunátegui, en sus Ensayos Biográficos, son los hilos con que se va tejiendo esa inmensa tela llamada historia, cuya primera parte sirve de pañal y la última de mortaja á un estado cualquiera que sea su poder. «Muchos detalles preciosos, agrega el mismo autor, se escaparían sin remedio si no los asiésemos al pasar ante nuestros ojos; y tragados por el rápido torbellino de la vida social, se perderían para siempre. Conviene, y mucho, que una nación, como una casa de comercio, lleve con puntualidad su libro de diario y su libro de balances. Los pormenores que más importa conservar, son los que se refieren al carácter distintivo de los hombres que han contribuido á cambiar la faz de un país. Dependiendo el cabal conocimiento de cada persona notable, y por consiguiente el sentido de los sucesos en que ha influído, de tantas particularidades, no debe despreciarse ninguna; y el historiador se halla en la obligación imprescindible de averiguarlos entre los contemporaneos, antes que desaparezcan con ellos».

La biliografía de la historia nacional señala un material tan rico y numeroso que, según don Diego Barros Arana, sólo es excedido por México entre las repúblicas de la América Latina.

No obstante, la biografía, que alguien ha llamado el compendio de la historia, y la cronolojía contemporánea, sólo últimamente ha tomado desarrollo, gracias al esfuerzo perseverante de distinguidos escritores que han vencido tenaces resistencias.

En sus «Estudios sobre la Historia Contemporánea», don Valentín Letelier, reconoce que para escribir la historia de nuestro dias, hay que salvar grandes obstáculos materiales y vences obstinadas rémoras morales, tanto más cuanto que aun hay muchos afiliados á la vetusta escuela llamada clásica que sólo busca en el pasado el patrimonio «de la ciencia, del heroismo, de la virtud, de la santidad y la grandeza humana, negando que del estudio de los últimos tiempos, se pueda inferir lecciones útiles para la conducta de la vida. Por una ilusión de óptica, aquella escuela ve agrandada la estatura moral de los personajes antiguos; y, por el contrario, al observar el egoísmo, las miras menguadas, el espíritu estrecho de los contemporáneos, cree que la humanidad decae y que ya no hay hombres dignos de ocupar lugares en el templo de la historia, creyendo que después de Troya no ha habido defensores heróicos, que después de Jerjes no ha habido luchas gloriosas por la independencia nacional, y que después de César no ha habido grandes capitanes. Los grandes pensadores,para ellos, se acabaron con San Agustin y Santo Tomás, y San Juan de Dios y San Vicente de Paul fueron los últimos corazones que amaron al prójimo. En nuestro siglo sólo hay pequeñez, miseria, egoismo, bajeza, vicios y cobardía».

Por fortuna estar preocupaciones van quedando rezagadas ante el verdadero valor que ha conquistado la historia contemporanea.

Para dar colorido y carácter á un cuadro histórico, antiguo ó moderno, no debe irse á la fuente de investigaciones sin llevar la verdad por norte, para no caer, como Icaro, con las alas derretidas por el sol. La tinta indeleble de la justicia es la que deben usar los críticos contemporáneos que no comenten el pecado, como dice Shopenhauer, de no saber perdonar a los jenios ó á los hombres superiores tan sublime delito, ó que caen en el defecto contrario, en el mal de admiración, según lord Maucalay, cuando se olvidan las severas reglas que prescribe la inducción y el análiss histórico.

La sociedad, ha dicho Pascal, es un hombre que aprende siempre, que escudriña, que estudia, que busca su perfectibilidad y la verdad sobre todo, en todas partes, desde el más remoto pasado hasta el presente.

Si la historia es enseñanza y ejemplo para el individuo, como para la sociedad y para las naciones, es de rigor que ella deba ser escrita con rectitud y criterio desapasionado.

No debemos olvidar que la documentación del presente es un libro que leerá el porvenir. Y con cuanta mayor razón hay que sustentar estos principios cuando es determinada la indagación histórica á una faz del progreso nacional, en cuya acción juegan papel importante, como es en la historia de la medicina en Chile, personalidades y hechos á los cuales están vinculados, no sólo el avance intelectual y científico, sino también el civil y político de nuestra república.

Porque, en verdad, la vida de la ciencia médica, entre nosotros, ha llevado la vida de nuestra propia nacionalidad, es decir, pobre durante los tres siglos de nuestra primitiva estagmación, con alientos de reacción durante las luchas de la libertad y de nuestra cimentación constitucional, y por fin, robusta y sanguínea en el pleno desenvolvimiento de la edad adulta del pais.

En la marcha que siguen todas las ciencias, y en especial la medicina, hay que observar su origen y sus mutaciones; hay que indagar sus tendencias para descubrir su espíritu.

No se podría reconocer el papel que en su propia existencia la medicina desempeña, si no se analizase el conjunto de aquella inmensa isla madrepórica de la ciencia —como dice el Dr. Wenceslao Diaz [1]—y en particular la de sus obreros, zoófitos que dejan su pequeño contingente en la labor del gran edificio, de la isla blanca que se eleva en medio del océano.

«Sin esto, agrega el mismo profesor, no conoceríamos más tarde muchas afecciones de que en el día hay recuerdos frescos y cuyas historias, como lo han sido en parte, pueden ser trazadas por algunos miembros honorables de esta facultad, tales como el crup y la angina membranosa que aparecieron por primera vez en 1816 [2]; la erisipela con síntomas atáxicos y adinámicos que se declaró después del terremoto de 1822 [3]; la escarlatina, de 1827, que tanta influencia tuvo en el desarrollo de las flegmasías puerperales; como el sarampión de 1829 [4]; la disenteria tropical, que empezó sus estragos en 1825, é hizo muchas víctimas en los tres años siguientes [5]; la pústula maligna, que se presentó en Santiago en 1834 [6]; la gripe, que ha aparecido sucesivamente en 1829, 33 y 51 etc. [7] como tantos otros fenómenos relacionados con la medicina en general; así como también todos los pasos de la enseñanza, de la literatura médica, de la climatología, de la medicina pública y tantos otros factores que constituyen el hermoso arsenal de la medicina en Chile».

En suma, este estudio histórico nos ofrece en su fisionomía general y particular, un vasto campo de observaciones interesantes, ya sea que se le contemple en su aspecto público ó en sus manifestaciones particulares, ya sea que se le observe en las evoluciones propias de la enseñanza, describiendo su desarrollo, sus avances, sus sistemas y programas, estagnaciones y triunfos, analizando sus caracteres; ó todavía en otro órden, tomando directamente á las personalidades que dirigen sus transformacinoes, que se imponen por su talento, que se elevan por el estudio, que se engrandecen por su filantropía, que se admiran como maestros, que se inmortalizan por un hecho heroico, mereciendo en todas estas esferas de la grandeza humana y de la acción científica, perenne recuerdo y pública gratitud.

«Hay en todo progreso una lucha, ha dicho el Dr. Valderrama[8], como hay en toda lucha un vencedor, y los que han vencido para alcanzar el progreso, los que han sufrido para obtener la victoria, son los espíritus generosos y privilegiados que dejan al terminar su carrera, cuando no obras inmortales, imperecedero ejemplo de laboriosidad y de perseverancia en el bien».

Es por esto que en este trazado histórico dejaremos consignada de un modo especial la acción de las personalidades que representan y encarnan el adelanto intelectual y material de nuestra escuela médica.


De acuerdo pues, con las ideas enunciadas, las páginas de este álbum contendrán la historia de la medicina en Chile desde su época aboriginaria —1535—abarcando el período colonial y la era republicana, hasta la inauguración de la Universidad de Chile, en 1843, dejando para un estudio próximo la representación de nuestro progreso médico dentro del réjimen universitario hasta nuestros días, tomando en cuenta todos los detalles correspondientes á la enseñanza y al profesorado, á la literatura médica y á la acción de nuestros más distinguidos médicos en los diferentes órdenes del progreso científico.

Me complazco en presentar, en este lugar, mis agradecimientosá las siguientes personas que se han servido darme facilidades para la mejor realización de este trabajo:

Sr. Dn. Luis Montt, director de la Biblioteca Nacional de Santiago.
«  «  Ramón A. Laval, de la Biblioteca Nacional.
«  «  Hipólito Henrión, id. id. id.
«  «  Enrique Matta Vial, sub-secretario del Ministerio de Instrucción Pública.
«  Dr. Dn. Augusto Orrego Luco, profesor de clínicas de enfermedades mentales y nerviosas.
«  «  «  Federico Puga Borne, senador de la república y presidente del Consejo Superior de Higiene Pública.

Tributo también un homenaje respetuoso á la memoria de mis profesores los Drs. don Francisco R. Martínez, don Adolfo Murillo y don Adolfo Valderrama, que me favorecieron con noticias y documentos de interés para este libro.



  1. De la manera de aprender y enseñar la medicina en sus relaciones con el progreso de la ciencia y con las ventajas que puede reportar á nuestra patria. Discurso leido el 9 de Enero de 1868 por el Dr. W. Díaz en su incorporación á la facultad de Medicina.
  2. De l'etat du Chili considéré sous le point de vue hygiénique et medical. Bulletin de l'Acad. de Medicine. T.XVIII. Paris.- Por el Dr. Lafargue.
  3. Apuntes sobre el terremoto de 1822.- An. Univ. T. XVI. pag. 230. Santiago.- Por el Dr. Juan Miguel.
  4. Lecciones de patología interna (manuscritos), por el Dr. Juan Miguel.
  5. Ensayo sobre las causas de las enfermedades mas comunes que se padecen en Santiago de Chile, 1828.- Por el Dr. Guillermo Blest.
  6. Patología interna del Dr. Miguel
  7. Memoria sobre la Gripe.- An. Univ. T. VIII. Santiago.- Pág. 365 Por el Dr. Francisco Javier Tocornal.
  8. Discurso sobre la «Historia de la Medicina en Chile», por el Dr. Adolfo Valderrama, Profesor de Patología Quirúrgica y Secretario General de la Universidad, leido en la sesión de apertura del primer Congreso Médico Chileno. 1889
Historia general de la medicina, tomo I de Pedro Lautaro Ferrer

DedicatoriaInformeIntroducción
Primera Parte: IIIIIIIVV
Segunda parte: VIVIIVIIIIXXXIXIIXIVXVXVIXVIIXVIIIXIXXXXXIXXII
Tercera Parte: XXIIIXXIVXXVXXVIXXVIIXXVIIIXXIXXXXXXXIXXXIIXXXIIIXXXIVXXXV