Vida y escritos del Dr. José Rizal/Quinta época, II

Vida y escritos del Dr. José Rizal: Edición Ilustrada con Fotograbados (1907)
de Wenceslao Retana
Quinta época, II
Nota: Se respeta la ortografía original de la época
II


Las ideas filosófico-políticas y religiosas de Rizal hállanse condensadas en las varias cartas de controversia que cruzó con el mencionado P. Pastells, residente en Manila, Superior de la Misión de Filipinas. De esas cartas, sólo una, la fechada en Dapitan, á 11 Noviembre 1892, ha visto la luz íntegramente. Comienza dando las gracias al P. Pastells por el Kempis que le había regalado. La obra le era conocida en francés y en tagalo, y celebraba poseerla en castellano precisamente, aunque la hubiera preferido «en su latín original»[1]. También le agradece la remisión de las obras del P. Chirino y del P. Delgado (históricas de Filipinas), así como la de algunos volúmenes de las Cartas. Rizal había pedido todos estos libros «en concepto de compra»; pero el P. Pastells se los mandó regalados. Á lo que observa Rizal: «Pero V. R., como alma elevada que es, se dirá que regala las cosas sin cálculo ulterior ninguno, atendiendo más á la bondad de su corazón que á los méritos ó á la gratitud del favorecido, y porque sabe que cuanto se haga con interesado fin se vuelve odioso, porque se convierte en una especie de inevitable lazo.» Que equivalía á decir: «Muchas gracias; V. R. es el colmo de la bondad; pero cónstele á V. R. que ya sigo firme en mis ideas, tanto en lo político como en lo religioso.» — Tan cierto era esto, que al contestar al P. Pastells, dice Rizal: «V. R. exclama en la primera página: «¡Qué lástima que tan aventajado joven no haya prodigado sus talentos en defensa de mejores causas…

»Es muy posible que haya otras mejores que la que he abrazado; pero mi causa es buena, y esto me basta. Otras proporcionarán sin duda más utilidad, más renombre, más honores, más glorias; pero la caña, al nacer en este suelo, viene para sostener chozas de nipa, y no las pesadas moles de los edificios de Europa. No siento ni la humildad de mi causa ni la pobreza de sus recompensas (!), sino el poco talento que Dios me ha dado para servirla; porque si en vez de débil caña hubiera sido sólido molave[2], mejor servicio habría podido prestar. Pero El que lo ha dispuesto así, y no se equivoca en ninguno de sus actos, sabe muy bien para qué sirven las pequeñas casas.

»En cuanto á la fama, honra ó provecho que hubiera podido cosechar (?), convengo en que todo eso es tentador, principalmente para un joven como yo de carne y hueso con tantas flaquezas como todo hijo de vecino. Mas, como nadie escoge la nacionalidad ni la raza en que nace, y como al nacer se encuentra creados los privilegios ó las desventajas inherentes á ambas cosas, acepto la Causa de mi país, en la confianza de que el que me ha hecho filipino sabrá perdonarme los yerros que cometa atendida nuestra difícil situación y la educación defectuosa que desde el nacer recibimos[3]. Además, no aspiro ni á eterna fama ni á eterno renombre; no aspiro á igualarme á otros cuyas condiciones, facultades y circunstancias pudieran ser, y son en efecto, diferentes de las mías; mi solo deseo es hacer lo posible, lo que está en mis manos, lo más necesario: he vislumbrado un poco de luz, y creo deber enseñárselo á mis paisanos. Otros más felices, Sardá ó quien quiera, remóntense allá en las alturas.

»Hace muy bien V. R. en ceñirse en su carta sólo á la cuestión filosófico-religiosa, dejando la política para más adelante. Yo le pediría que la reservase ad kalendas græcas. Es asunto muy delicado y no es para tocado en las condiciones en que me encuentro, como V. R. podrá comprender, sin libertad: una idea algo independiente sería provocativa, y otra afectuosa sería considerada como bajeza ó adulación, y yo no puedo ser ni provocador, ni bajo ni adulador. La política, para que pueda tratarse luminosamente y produzca resultados, necesita, á mi ver, dilatadas esferas de libertad.

»Acerca de la génesis de mis obras y escritos, V. R. me sugiere una idea que no sospechaba, al aludir á ciertos resentimientos y á mi dignidad vulnerada. No niego la posibilidad de que tal haya podido acontecer respecto á mis últimos escritos[4]; pero con respecto á los primeros… Con la sinceridad é imparcialidad de que es susceptible un hombre al examinar su pasado, he vuelto los ojos á los frescos años de mi juventud y me he preguntado si pudo alguna vez el resentimiento mover la pluma con que escribía el Noli me tángere, y mi memoria me ha contestado con la negativa. Si en varias ocasiones me han tratado con marcada injusticia, si contra toda razón se han desoído mis quejas, yo era muy joven aún, perdonaba más pronto todavía de lo que hago ahora, y por profundas que fueron las heridas, se cicatrizaron al fin, gracias á la buena pasta con que me ha dotado la Naturaleza. No hubo, pues, «heridas enconadas», no hubo «espinas que se hayan ido profundizando»; lo que hubo fué una clara visión de la realidad en mi patria, el recuerdo vivo de lo que pasa y el suficiente acierto para juzgar la etiología, de tal manera, que no sólo pude pintar lo acontecido, sino que también adiviné el porvenir, puesto que aun ahora mismo veo realizarse lo que llamé novela, con tanta exactitud, que puedo decir que asisto á la representación de mi propia obra tomando parte en ella»[5].

(Trata luego de cómo y cuándo escribió su mencionada novela, que ya hemos reproducido (en la página 105), y prosigue:)

«Quédole muy agradecido por su caridad inmensa, cuando dice: «Si con sangre de mis venas pudiera yo borrar aquellas premisas», etcétera. Es cierto que mi situación no es muy agradable, acostumbrado como estoy á vivir en otras atmósferas, á gozar de la libertad necesaria al hombre para que sea responsable de sus actos; es cierto que tengo que privarme de muchas cosas, y más aún que reprimirme; que la pérdida de la familia, la destrucción de un porvenir preparado durante toda la juventud, la reclusión del mundo social, constituyen una gran penalidad; pero ¿quién no tiene pesares en esta vida? Un poco de filosofía y otro poco de resignación me harán sobrellevar mis pequeñas tristezas. ¿Qué es mi desgracia, comparada con la de muchos? Sé demasiado que hay mejores árboles que procuran mejor sombra, como dice V. R.; pero en medio de la obscuridad que reina en mi patria, no busco la sombra; prefiero la luz.

»Y «¡cuán negra cerrazón se vislumbra para el porvenir!», termina el párrafo, en que V. R. hace ver la bondad de su corazón. ¿Qué le hemos de hacer? La tormenta pasará, y cuando peor, pasaré con ella. Allí están las hermosas páginas del Kempis, que le dirán que en este mundo «no puede haber perfecta seguridad ni paz cumplida»; que «la vida del hombre en la tierra es miserable», etc. Es tan breve; y la más feliz está tan llena de amargura, que, á la verdad, no vale la pena de sacrificar una convicción por pedazos de metal redondos ó en forma de cruz. Y además, todo es cuestión de temperamento: unos buscan la felicidad en la riqueza, en los honores; otros en humillar y doblegar á sus semejantes; otros en hacer creer á los demás lo que ellos mismos no creen, ó en creer lo que nadie cree; otros se contentan con su propia estimación, en mandar sobre sí mismos; etc. Affaires d'éducation, como dirían los franceses; de sistema nervioso, los médicos; de egoísmo, los filósofos… Y ¿quién sabe si la tempestad que V. R. predice, además de arrancar á esta débil planta, no ha de abatir árboles seculares, ó al menos sacudirlos y desgajarlos[6], no ha de sanear el aire cargado de miasmas que la estancación de tantos siglos ha ido en ominosa quietud exhalando? ¿Quién sabe?; ¿quién puede prever las consecuencias de un acto?[7]. Si esa tormenta ha de producir el bien, el adelanto de mi patria; si con ella se ha de despertar la atención de la Madre España, en pro de los ocho millones de súbditos que le confían su porvenir, esa tormenta… ¡bien venida sea![8].

»Hermosos y exactos encuentro los símiles que aduce V. R. acerca de la concepción de la Verdad por la mente humana. No negaré la posibilidad de que la Verdad se haya polarizado al pasar por mi entendimiento; la polarización es un fenómeno que ofrecen los cristales cuando en su fabricación han sido oprimidos ó comprimidos, y mi inteligencia lo ha sido de diferentes maneras. Y ¿cómo negarlo, además, si soy hombre y estoy penetrado de mi falibilidad?

»Estoy conforme con que nuestra inteligencia no puede abarcar todos los conocimientos ni todas las verdades, mayormente las que para darse á conocer necesitan de tiempo y múltiples experiencias; y más: creo que á excepción de las verdades matemáticas, apenas poseemos algunas pocas, más o menos puras, más o menos imperfectas. En las cuestiones sociales, morales y políticas andamos tan á obscuras (hablo por mí), que muchas veces confundimos la Verdad con nuestras conveniencias, cuando no la amordazamos para hacer hablar á nuestras pasiones. Estoy conforme también en que nuestro criterio se engaña mucho, nuestra razón yerra; pero V. R. convendrá también en que sólo ella, la razón, sabe corregirse sus desaciertos; sólo ella sabe levantarse cada vez más gloriosa de las caídas que tiene forzosamente que dar en su larga peregrinación por la tierra. La Humanidad, en sus más grandes locuras, no ha podido apagar esa lámpara que le dió la Divinidad: su luz se ha enturbiado á veces, y el hombre ha errado su camino; pero tal estado pasa, la luz brilla después más viva, más poderosa, y á su rayos se reconocen los perros del pasado y se señalan los abismos del porvenir.

»Claro que admito con V. R. que la luz sobrenatural (Divina) es mucho más perfecta que la razón humana. ¿Quién dudará de aquella Antorcha cuando vemos en este mundo los efectos de la pequeña chispa concedida á la Humanidad? ¿Qué Razón no será la del Creador, cuando tanto me sorprende la del habitante de un mundo pequeñito lanzado por Él al espacio como un caracol en medio de los gigantes del mar? Pero ¿quién, con justa razón, podrá llamarse en nuestro pequeño planeta el reflector de aquella Luz? Todas las religiones pretenden poseer la Verdad —¿qué digo religiones?,— cada hombre, el más ignorante, el más atolondrado, pretende estar en lo cierto.

»Al ver tantas creencias y tantas convicciones; al oir los desprecios de cada sectario por las creencias de los otros, las maravillas, milagros, testimonios con que cada religión pretende demostrar su divinidad, su origen divino cuando menos; al ver á los hombres, inteligentes, honrados, estudiosos, nacidos bajo un mismo clima, en una misma sociedad, con las mismas costumbres, los mismos deseos de perfeccionarse y salvarse, profesar en materia de religión creencias diversas, se me viene á la mente un símil que me permitiré trasladarlo aquí para que V. R. comprenda mi manera de pensar.

»Me imagino á los hombres, en el estudio de la Verdad, como á los alumnos de dibujo que copian una estatua. Sentados alrededor de ella, unos más cerca, otros más lejos, quiénes desde cierta altura, quiénes al pie de ella, la ven de diferentes maneras, y cuanto más se esmeren en ser fieles en sus dibujos, tanto más se distinguirán éstos, unos de otros. Estos que copian directamente del original, son los pensadores, los fundadores de escuelas ó de doctrinas, que difieren unos de otros por partir de diferentes principios. Un gran número, por estar muy lejos, por no ver bien, por no ser tan hábiles, por pereza ó por otra causa análoga, se contentan con sacar una copia de otra copia de la que esté más cerca, ó si tienen buena voluntad de la que les parece mejor ó pasa por mejor: á estos copistas corresponden los partidarios, los sectarios activos de una idea. Otros, más perezosos aún, y no atreviéndose á trazar una línea por no cometer una barbaridad, se compran una copia hecha, acaso una fotografía, una litografía, y se van tan contentos y ufanos: á estos pertenecen los sectarios pasivos, los que lo creen todo por no pensar. Ahora bien, ¿quién ha de juzgar los dibujos de los demás tomando por norma el suyo propio? Tendría que trasladarse al mismo sitio y juzgar desde el mismo punto de vista del otro, y aun para esto debería colocar sus ojos en la misma altura y en la misma distancia en que tenía el otro los suyos; debería tener las curvas de la retina idénticas á las del otro, las mismas condiciones en los medios refringentes, y el mismo sentido artístico. Y si es muy difícil colocarse en el mismo punto de vista de los demás en el mundo material, ¿cuánto más difícil no lo es en el moral, complicado y oculto? Y no me diga V. R. que las verdades vistas de todos los puntos siempre presentarán el mismo aspecto; eso sería para Aquel que está en todas partes. Para nosotros sólo se presentan de esa manera las verdades matemáticas, que son como las figuras planas. Las religiosas, las morales y las políticas son figuras de extensión y profundidad; son complejas, y la inteligencia humana las tiene que considerar por partes.

»De esta mi manera de ver infiero que nadie puede juzgar las creencias de los demás tomando por norma las suyas propias. Antes de discutirlas se debería estudiar el punto de partida para ver si se ha preferido el lado de las sombras (pesimismo), la parte toda inundada de luz (optimismo) ó la combinación adecuada para resultar un hermoso claro-obscuro.

»No es el momento ni la ocasión de decir á V. R. por qué tengo punto de vista diferente del suyo. Podría decirle cuál sea el mío, si supiese que le iba á interesar. Pero esta carta se va haciendo ya demasiado larga y dejaré esta cuestión para cuando V. R. me lo pregunte. No quiero, sin embargo, terminar esta carta sin manifestarle mi extrañeza ante la conclusión de V. R. atribuyéndome más de lo que yo me doy, cuando dice: «En algunas consideraciones más hubiera querido extenderme, especialmente para rebatir sus ideas de separatismo, para el triunfo del cual se cree V. enviado», etc. No quiero suponer en V. R. propensión á los juicios temerarios ni creer que esté algo influído de la general costumbre en Filipinas de acudir á los resortes del filibusterismo, separatismo, patriotismo, etc.; creería más bien haberme expresado mal si V. R. no me copiase los párrafos de donde deduce semejante conclusión; pero los releo y no hallo en ellos semejante pensamiento. ¿Duda, como yo, el que se cree enviado por Dios? Pero, en conciencia, ¿no cree V. R. que la más humilde de las criaturas no tenga algún fin que llenar en esta tierra? Si hubiese seres inútiles, seres cuya existencia fuese en absoluto indiferente, ¿no es una crueldad el crearlos sabiendo que en este mundo es mayor la suma de dolores que la de placeres? Puedo ser muy bien el partidario de una idea, y creo que lo soy; pero de esto á ser el mismo enviado para hacerla triunfar, hay gran distancia. Entre el soldado que maneja el zapapico y el que dirige la campaña, hay todo un escalafón; entre la avanzada y la última carga, que ha de recoger el fruto de la victoria, media un tiempo transcendental, media toda una batalla. Y luego, ¿quién le dice á V. R. que el bien de mi país, que es todo lo que yo persigo, sólo puede encontrarse en el filibusterismo?[9]

»Y para que V. R. vea que yo soy siempre el hombre común y vulgar, que se somete á las circunstancias, le participaré que me dedico á la agricultura. ¿Á qué puede uno dedicarse en Dapitan? ¿Ve V. R. un enviado de Dios sembrado café y cacao? Risum teneatis!»[10]

Poco después al estado de su espíritu parecía evolucionar un tanto hacia la fe católica. Hé aquí lo que decía á su ilustre contendor:

«He examinado estos días mis creencias y sus fundamentos; he pasado revista á lo poco que me ha quedado del «naufragio de la fe», como diría mi querido profesor el P. Sánchez, ó bases sólidas que se han mantenido firmes, después de tantas tempestades. Quisiera ser lo más sincero, lo más exacto posible en la definición y exposición de mis ideas, porque tengo en tanta estima á V. R., no sólo por lo que es, no sólo por lo que ha sido para mí en los años de la adolescencia (memoria para mí siempre querida y sagrada), sino también porque V. R. es una de las pocas personas que, lejos de olvidarme en la adversidad, me han tendido la mano con tanta benevolencia»…

(Y dejando luego la cuestión religiosa para tratar de Dapitan y sus queridos paisanos los calambeños, añade:)

«Acerca de las mejoras higiénicas de este pueblo, yo creo que la cosa debe tomarse en serio. Este año, por desgracia, hay muchas obras, y no sé si habrá prestación personal[11] bastante. Sería necesario dedicar mucha gente durante algunos meses, gustarse algunas sumas para establecer un perfecto sistema de canalización y drainaje, sanear algunos mangles y levantar ciertos parajes. No es cosa de diez ni veinte pintakasis, ni hacer dos ó tres canales que se cieguen después de las primeras lluvias; la cosa es de mayor importancia; se trata de la salud de los pueblos, base de la riqueza y de la moralidad; se necesitarían ladrillos, cal, brazos y dinero. No dudo que V. R. pueda hacerlo, si se empeñase; pero desgraciadamente V. R. está lejos; tiene tantas ocupaciones, y aquí carecemos de brazos y materiales. De todos modos, yo estoy dispuesto á hacer todo lo que pueda en obsequio de este pueblo; sírvase mandar V. R.…

»Aquí ha venido uno de Kalamba para ver los terrenos y trasladar aquí á los kalambeses que han sido desposeídos de sus casas y propiedades. Los terrenos de Sibulad y Duhinub le han gustado mucho, y ahora escribimos á Kalamba, invitándoles á que vengan. Son gente trabajadora, pacífica, pero conocedora de sus derechos, y no dudo que si se les conceden algunas cosas darán vida á este distrito. Piden que, al menos por tres años, mientras se hacen su pueblo y sus sembrados, se les quite el servicio personal. En efecto; en estos primeros años se necesita un gran esfuerzo para limpiar los bosques, hacerse su casa, sembrar, buscar alimento y aclimatarse.

»Muy conveniente sería también que las autoridades de la Laguna [provincia á la cual pertenece el pueblo de Calamba] no pusiesen trabas á esta emigración. S. E. [el Gobernador general] podría ordenarlo, como ya he dicho D. Ricardo [Carnicero, gobernador de Dapitan]. Si la idea se llevase á cabo, no tengo inconveniente ninguno en quedarme para siempre en este distrito.»

[5 de Abril, 1893. — Al mismo P. Pastells.] «Á tiempo he recibido su regalo, la obra de Mgr. Bongand, que estoy leyendo con el mayor interés y la más viva atención. Es de lo mejor que he visto en obras de esta índole, tanto por su ilustración como por su espíritu eminentemente cristiano y conciliador, así por la caridad que al autor anima como por sus convicciones. Si la obra del Sr. Sardá es de un campeón ó polemista, la de Mgr. Bongand es la de un prelado en el más hermoso sentido de la palabra. Veremos si con su lectura mi fe se modifica, ó la fe que V. R. echa de menos renace…

»Respecto á la gente [de Calamba] que se ha de establecer aquí, nada puedo disponer. Les hemos escrito[12] hablándoles de las ventajas y desventajas de esto, invitándoles á que se vengan por aquí, para ver las cosas por sus mismos ojos, y hasta ahora sólo prometen. Vendrían muchos si esto les probase bien á los primeros, y todos ganaríamos en ello. Acaso el excesivo precio del pasaje les hace pensar en el asunto dos veces. Y con el nuevo estado de cosas, témome mucho lo piensen demasiado.»

Hasta aquí lo que conocemos de su correspondencia con el P. Pastells. Natural complemento es la carta que dirigió á Blumentritt, tanto más digna de tomarse en consideración, cuanto que es la primera que escribió á Europa desde Dapítan. Por lo conceptuosa y noticiosa, merece ser leída con todo detenimiento; dice así[13]:

«Dapitan 15 de Febrero, 1893.

»Sr. D. Fernando Blumentritt. —Leitmeritz.

»Mi muy querido amigo[14]: Por el correo del 8 de Febrero recibí tu carta de manos del Sr. Comandante P. M. del Distrito, y no te la he contestado por el mismo correo por no haber tenido tiempo para ello. Os doy gracias á todos[15] por haberos acordado de mí desde esa tranquila ciudad, cuyos recuerdos no se borran de mi memoria. No te extrañes de mi silencio, pues desde la pérdida de mi libertad, por razones de delicadeza que fácilmente comprenderás, he suspendido mi correspondencia con las personas que no me escriben. Yo hubiera querido escribirte en alemán, para que no me olvidase del todo de este idioma; pero habiéndome tú escrito en castellano[16], creo que debo contestarte en el mismo idioma, para que siga la carta el mismo itinerario.

»Estáis inquietos por saber cómo me encuentro, y francamente no sé qué decirte. Si te dijese que me hallo muy bien y me tratan un poco más que humanamente, acaso no lo creyeras, porque te imaginases que, habiendo previa censura, esta manifestación mía pudiera ser forzada; y, sin embargo, esa es la verdad. Antes me corto la mano que escribir una cosa falsa. He aquí uno de los menores inconvenientes de las previas censuras: hasta las verdades parecen sospechosas. Estoy, pues, bien, anima corporeque; el clima de Dapitan me sienta mejor que el de mi pueblo y muchísimo mejor que el de Manila: esto es templadísimo. Vivo con el Señor Gobernador[17], sin embargo de que la mayor parte del día la paso en mis terrenos, en una casita que me he mandado construir sub tequime manguiferæ, en medio de árboles frutales (artocarpeas, theobromas, sansonias, etc.). Me dedico á desmontar mis terrenos para sembrar café y cacao, que se dan muy bien, á pesar de lo montuosos y pedregosos que son. Tendré probablemente unas 16 hectáreas —compradas á los diferentes dueños que las tenían abandonadas;— están situadas á orillas del mar, dentro de la bahía de Dapitan; de manera que puedes marcar en el mapa la parte comprendida entre el pueblo y un poquito más hacia el Sur de la ensenada de Taguilong 'o Talaguilong: c'est là où sont mes possessions! Me voy haciendo agricultor, porque aquí apenas, apenitas me dedico á la medicina. Ya tengo parte de los bosques limpia: aunque es muy pedregoso, tiene, sin embargo, buenos puntos de vista, hermosas rocas acantiladas: estoy abriendo caminos para hacer un bosque civilizado, con sendas bien trazadas, con escaleras, bancos, etc. Cuando me llegue la máquina fotográfica, tomaré diferentes vistas y te las enviaré. En fin, para ser feliz, no me falta más que mi libertad, mi familia y mis libros[18]. De estas tres cosas, la más fácil de conseguir es la última, los libros; pero los míos están lejos, y aquí los que me he podido procurar los tengo ya leídos. Tengo el Vom Fels zum Meer (algunos cuadernos sueltos), Universum (algunos cuadernos también), Chambers' Edimburgh Journal (2 vols.) y otras obras más. Para la vida científica, aquí está el antiguo profesor mío, el ilustrado jes. P. Francisco de P. Sánchez, que conoces ya[19]. Sin embargo, estoy muy lejos de la incesante é incansable vida científica de la Europa civilizada, donde todo se discute, donde todo se pone en duda, y nada se admite sin previo examen, previo análisis; la vida de las Sociedades lingüísticas, etnográficas, geográficas, médicas y arqueológicas. Pero en cambio, estoy más cerca de la Naturaleza, oigo constantemente el canto del mar, los murmullos de las hojas, y veo el continuo balancear de las palmas agitadas por la brisa.

»Estoy trabajando hace días ya en una gramática de la lengua tagálog, pero una gramática original, sui generis[20]. Mas como no tengo libros aquí sobre lingüística, me encuentro varias veces apurado. Mi gramática de las lenguas comparadas de Bournouf está en Hong-Kong, no sé ya en qué estante; así es que mi trabajo va lentamente. Además, el desmonte de mis terrenos me distrae por ahora.

»Descuida, que cuando llegue mi fotografía tomaré tipos subanos[21]. Aquí los he conocido, y en efecto son gente pacífica, muy honrada, trabajadora y fiel, según dicen, en sus transacciones. Aquí hay un joven llamado Agyag que mañana se vuelve á su ranchería. Es de carácter dulce, apocado y muy reservado.

»Celebro tu trabajo sobre la lengua ilongote y estoy deseando leerlo. Yo también aprendo el bisaya y empiezo á entenderme un poco con los habitantes de aquí. ¿Sabrás darme una razón lingüística ó etnológica del cambio de la i tagala en o bisaya? El paso del sonido palatal al labial ó viceversa, ¿á qué obedece? ¿Es una consecuencia de una equivocación en la lectura de la puntuación de los caracteres de la escritura? Veo rastros en la lengua bisaya de nombres de forma más primitiva que en la tagala, y, sin embargo, la conjugación tagala contiene en sí, no sólo todas las formas de la bisaya, sino otras más. ¿Cuál de las dos fué anterior? ¿Ambas son ramas de un tronco desaparecido? Esto es lo que voy á indagar, porque desconfío mucho del malayo.

»Loleng[22] ya será una pollita; yo procuro convertir en junges Mädchen la niñita que veía correr detrás del wagón para despedirse de nosotros; sin embargo, me cuesta trabajo. Ella encontraría más hermoso el castellano, es muy natural, y más útil que el tagalo[23]. Las continuas reduplicaciones en ciertas formas de tiempos afean nuestro idioma; pero el tagalo, sabiéndolo hablar bien, puede valer tanto como otro cualquiera. Tiene una gran riqueza en palabras para los afectos y los movimientos en la vida ordinaria.

»Con mis saludos á Frau Rosa Blumentritt, á Loleng, á Fritz y á Curt. —Tu amigo que te abraza, —José Rizal

Tenemos, pues, á Rizal relativamente dichoso, en medio de su desgracia. Y porque comprendía que tenía destierro para rato, cansado de viajes y de proporcionar torturas y sobresaltos á los suyos, no pudiendo entregarse al ocio el que, desde pequeño, había dado tantas pruebas de aplicación y de actividad, decidióse á vivir tranquilo, rodeado de sus parientes, consagrado á la agricultura y á sus estudios especiales; y poco a poco fué adquiriendo fincas.

El primer terreno que adquirió costóle una bicoca; era del Estado, y para redondearlo le añadió una parcela que había sido de doña Lucía Pagbang̃on. La parcela le costó ¡ocho pesos! Esta su primera finca medía diez y ocho hectáreas, y tenía sus límites: al N., con un terreno de D. Celestino Acopiado y con los montes del Estado; al Este, con otros montes del Estado; y al S., como al O., con la bahía de Dapitan. Todo el terreno era quebrado y pedroso; hallábase virgen de cultivo. En el sitio que juzgó más adecuado, Rizal levantó su casa; una modesta casa, al estilo del país, de caña y nipa, con harigues de madera y piso de tabla; que medía once metros y medio por el frente y diez metros por el fondo: una casa casi cuadrada, que le servía para cobijarse durante el día, y que, andando el tiempo, le sirvió para vivir en ella definitivamente, y en ella pasar las horas con miss Josefina Bracken, la irlandesa que tan apasionada estuvo de Rizal. Además, y junto á la casa, construyó un camarín (á manera de almacén), también de materiales ligeros, ó sea de caña y nipa, harigues de madera y piso de tabla. Éste tenía siete metros de frente y quince de fondo. Ensayó varios cultivos, y acabó por prevalecer el coco, de los que en 1886 tenía cosa de treinta ponos, amén de otros diez de caña-espina y algunos árboles frutales. Las otras fincas, adquiridas casi inmediatamente y también casi de balde, fueron: un terreno en el sitio de Daanlogsod, del pueblo de Lubungan (próximo á Dapitan), cuyos lindes eran: al N., con el terreno de D. Santos Daimiel; al S., con los de D. Moisés Adveruelos y Arroyo, llamado Mangulong; al E., con el río del antiguo pueblo de Lubungan, y al O., con los montes del Estado. Extensión, poco más de treinta y cuatro hectáreas. En 1896, Rizal había sembrado en esta su finca hasta dos mil ponos de abacá. Y un segundo terreno, de unas cincuenta y ocho áreas, en el mismo sitio, en el que llegó á sembrar hasta mil ponos, también de abacá. Estas parcelas las adquirió Rizal en compra que hizo á D. Sixto Carrión, vecino de Dapitan, en la cantidad de ciento diez pesos fuertes. En junto medían más de treinta y cinco hectáreas, y llegaron á contener, en 1896, un sembrado de tres mil ponos de abacá[24]. Tales fueron sus propiedades, modestas ciertamente, pero que, no sólo le daban para vivir con holgura, sino que, andando el tiempo, le hubieran dejado buenos rendimientos. Supo transformar, con su inteligencia y su voluntad, terrenos improductivos en terrenos provechosos.

Dejémosle dirigiendo la roturación de sus parcelas; forjarse, acaso, la ilusión de llegar á fundar en aquel apartado rincón la colonia con que soñara un día en el Norte de Borneo. Mientras tanto, una rápida ojeada á la política colonial, juzgámosla indispensable.


  1. Rizal era buen latinista, y, desde luego, puede asegurarse que el mecanismo gramatical de dicha lengua lo conocía más á lo hondo que el de la castellana.
  2. Uno de los árboles más notables, de madera durísima, que producen los bosques de Filipinas. — Vitex geniculata, Bl.
  3. Entiéndase que subraya el copista.
  4. Es decir, los que siguieron á las deportaciones de todos sus parientes y amigos, la destrucción de sus casas y el lanzamiento de las tierras que cultivaban; la ruina, en suma, de todos los allegados á Rizal.
  5. Exacto, exactísimo: Rizal, como Ibarra, el protagonista de Noli me tángere, vino, por amante del progreso de su país, á ser calificado de «filibustero» y, consiguientemente, á sufrir las consecuencias.
  6. ¡Notable profecía! La «débil planta» (Rizal) sucumbió; pero los «árboles seculares» (frailes y dominación española) arrasólos también la tempestad. Rizal quería decir: el que á mi me barra, prepárese á ser barrido. —Y así fué.
  7. ¿Alude á la medida adoptada contra él, desterrándole, y en la forma que se hizo, que trajo consecuencias tan transcendentales?
  8. Si, como parece lógico, alude á una probable revolución, nótese que los fines de ésta no los considera separatistas, sino de despertar en la Madre-patria la atención acerca del olvido en que tenia á su colonia.
  9. Uno de los conceptos que mejor reflejan el pensamiento y los anhelos de Rizal: «si para lograr el progreso de mi patria, España necesita el holocausto de mi vida, ¿para qué quiero la vida, si la Patria es antes?» Digámoslo una vez más: cuanto más se ahonda en los escritos de Rizal, más se agiganta la grandeza de su alma.
  10. He sido el primero que ha publicado esta carta (Nuestro Tiempo, 10 Noviembre 1905). Después la han reproducido varios periódicos filipinos, entre otros, La Independencia y El Grito del Pueblo. Aunque los jesuítas ofrecieron publicar algún día toda la controversia, es lo cierto que no lo han verificado hasta el presente; respetamos las razones que tengan para mantener inéditas tan curiosas cartas. Como favor especial, que agradezco vivamente, he logrado fragmentos y extractos de algunas otras, que son los que en el texto se transcriben. — De la carta copiada íntegramente, me facilitó otra copia, á primeros de 1897, un fraile agustino.
  11. Todo filipino que no se redimiera mediante la adquisición de una cédula personal de sexta clase (tres pesos y medio), ó de clase superior á la sexta, estaba obligado á trabajar quince días al año en las obras públicas. Á este tributo corporal se le designaba como Rizal dice: «prestación personal»; al tributante, llamábasele polista.
  12. Habla en plural, porque ya estaban en Dapitan algunas de las personas de su familia.
  13. Poseo el original de esta, por varios conceptos, notable carta; débolo á la bondad del Prof. Blumentritt, á quien reitero las gracias.
  14. Siempre le escribía: «amigo y hermano»; pero como la carta había de pasar por la censura, suprimió lo de hermano, no fuese á interpretarse en su acepción masónica. — Blumentritt no era masón.
  15. Alude á las personas de la familia del profesor Blumentritt.
  16. Blumentritt solía escribirle en alemán.
  17. Con más propiedad: Comandante político-militar del distrito.
  18. Véase la nota 256. Aquí añadiremos lo que, recientemente, hemos leído acerca de la biblioteca de Rizal. Constaba ésta (en 1906) de «unos quinientos volúmenes», que conservó por espacio de doce años el Sr. D. José Basa, filipino establecido en Hong-Kong, y grande amigo que fué de Rizal. — Esos quinientos volúmenes llegaron á Manila en Junio de 1906, y El Renacimiento (núm. del 19 del citado mes), al dar la noticia, propone que se compren y se conserven como cosa sagrada.
  19. Por sus trabajos científicos. Blumentritt ha traducido, ó publicado en extracto, algunos de los estudios etnográficos del P. Sánchez, dándolos á conocer en las principales revistas técnicas de Europa.
  20. Alude á un trabajo que intituló: Estudio sobre la lengua Tagala, que dedicó al P. Sánchez. Algún tiempo después concibió el proyecto, y comenzó á ejecutarlo, de escribir, en inglés, una Gramática Tagala comparada; de ello dió noticia á Mr. Rost (véase la pág. 171), el cual, en carta que conservo, decíame que á juzgar por las impresiones que tenía, y dados los conocimientos de Rizal, el nuevo trabajo del ilustre tagalo prometía ser notable. R. Rost, muerto en 1896, ha compartido con el holandés H. Kern la más envidiable fama en punto á saber malayo y las lenguas del malayo derivadas.
  21. Los subanos constituyen una de las razas más interesantes de Mindanao; el gran etnógrafo Blumentritt ha publicado acerca de dicha raza algunos estudios, como suyos, sobresalientes.
  22. La hija de Blumentritt, llamada Dolores. En Filipinas, á las Dolores se las llama Loleng (Lola, tagalizado); y con este nombre la designaba su padre, que, aunque bohemio de nacimiento, ha sido, durante muchos años, español-filipino de corazón.
  23. Rizal, durante su estancia en Leitmeritz, dió á Loleng algunas lecciones de tagalo. Dicha señorita sabía ya el castellano, enseñado por su padre, que habla y escribe en once idiomas europeos.
  24. Datos tomados del expediente de embargos que corre unido con la causa que se formó á Rizal en 1896. — Ambas piezas radican en el