Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.

Inundación

¿Ha habido un tiempo en que el globo haya estado inundado enteramente? Esto es físicamente imposible. Puede ser que el mar haya cubierto todos los terrenos sucesivamente los unos después de los otros: y esto no puede haber sucedido, sino por una graduación lenta en una prodigiosa multitud de siglos. En quinientos años de tiempo se ha retirado el mar de Aguas muertas, de Frejus y de Ravena, que eran grandes puertos, y ha dejado en seco como unas dos leguas de tierra. Según esta progresión, es evidente que para dar la vuelta a nuestro globo necesitaría dos millones, doscientos y cincuenta mil años. Es muy digno de observarse que este periodo se aproxima mucho al que necesita el eje de la tierra para coincidir con el ecuador; movimiento muy verosímil, que hace cincuenta años que se ha principiado a sospechar, y que no puede efectuarse, sino en el espacio de dos millones y mas de trescientos mil años.

Los lechos, o capas de conchas que se han descubierto a algunas leguas del mar, son una prueba incontestable de que ha depositado poco a poco estas producciones marítimas sobre unos terrenos que antiguamente eran las orillas del Océano; pero que el agua haya cubierto enteramente todo el globo a un mismo tiempo es una quimera absurda en física, y demostrada imposible por las leyes de la gravedad, por las leyes de los fluidos, y por la insuficiencia de la cantidad del agua. Esto no es atentar de ningún modo contra la grande verdad del diluvio universal referido en el Pentateuco: al contrario este diluvio es un milagro: y por consiguiente, es necesario creerlo: es un milagro; luego no ha podido ser ejecutado por las leyes físicas.

En la historia del diluvio todo es milagro. Milagro que cuarenta días de lluvia hayan inundado las cuatro partes del mundo, y que el agua haya subido quince codos sobre los montes mas altos; milagro que haya habido cataratas, puertas o aberturas en el cielo; milagro que todos los animales de todas las partes del mundo viniesen al arca de Noé; milagro que Noé encontrara con qué mantenerlos por el espacio de diez meses, milagro que todos los animales cupiesen en el arca con sus provisiones; milagro que no se muriese la mayor parte de ellos; milagro que encontrasen qué comer al salir del arca; y en fin, milagro, aunque de otra especie, que un tal Pelletier haya creído explicar como han podido todos los animales caber y alimentarse naturalmente en el arca de Noé.

Ahora bien, siendo la historia del diluvio la cosa más milagrosa de que jamás se ha oído hablar, sería insensato el explicarla: estos son misterios que se creen por la fe, y la fe consiste en creer lo que no cree la razón; que también es otro milagro.

Así, la historia del diluvio universal es como la de la torre de Babel, de la burra de Balaam, de la demolición de las murallas de Jericó al son de las trompetas, de las aguas convertidas en sangre, del paso del mar Rojo, y de todos los prodigios, que se dignó Dios hacer en favor de los elegidos de su pueblo. Estos son arcanos que no puede profundizar el entendimiento del hombre.