Pulgas de afición alcohólica



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PULGAS DE AFICION ALCOHOLICA


N

O era extraño que teniendo como tenían, las pulgas iniciación humana, se aficionaran con tanta facilidad a los vicios. Habrá de confesarse que es lastimoso, que las pulgas fueran ya casi seres humanos, siendo los humanos tan estimables, o por lo menos, estimándose tanto. Los seres humanos cuando tienen un hijo–y ésto lo digo para probar lo del propio aprecio—los padres autores del niño, se fotografían y lo publican en el periódico porque cada padre cree que ha dado a luz, la última palabra en hombre. Habría que recopilar las maravillas que hacen los nenes!

El alcohol entre las pulgas tenía sus grados, que partían desde una copa cotidiana, hasta la pulga borracho, es decir la pulga de vida alcoholizada.

Una pulga de alcohol medio decía, que el mundo se estimulaba para huirle a la conciencia de la vida. A la realización del forzoso fin y sus derivados.

Con los estimulantes, decía la pulga, se levanta la maquinaria pulga a una presión más alta, con lo cual, se producen planos, y de allí los distintos estados de resistencia.

Los estimulantes son como las clavijas de los instrumentos, si la pulga músico aprieta una excesivamente, la cuerda suena más alto, pero en desacuerdo con las otras, lo cual es muy perjudicial para la armonía de las pulgas, y como el estimulante pide más y más, hay que seguir dándole vuelta a la clavija hasta que se revienta la cuerda.

Las pulgas artistas, continuó la pulga, son muy dadas a las bebidas espirituosas, probablemente buscan la variedad, para dejar de ver las cosas en los planos de la visión normal, la monotonía rebaja los sentidos y da mal carácter.

La obra de arte cuelga de un hilo de locura, indispensable para que sea verdadero arte. Probablemente eso es la originalidad.

Como el alcohol está tan ligado a la música, continuó la pulga, tengo que traer los instrumentos musicales a colación, y ahora es para probar la reacción individual: en las pulgas refinadas, el estimulante trabaja en la misma línea, así también en la pulga, burda que la acentúa en su torpeza. De allí el servicio, que los estimulantes o las enfermedades, le han prestado a las pulgas trasmisoras de la sensibilidad del mundo.

En las pulgas se producían curiosísimos casos, "en aquellos misántropos de soledad beoda":

Una pulga, amigo de la pulga que habla, ya saturada de espíritu de alambique, se levantó una noche, desde luego negra, como las noches de los cuentos, negra y opaca de neblina, los velos que se posan en las cumbres de los países montañosos; la pulga se levantó de su cama, porque no la dejaban dormir unos gatos, que se quejaban como los habitantes de los infiernos en sus orgías amorosas. La pulga al levantarse tomó un rifle y como los gatos eran negros no los pudo ver, entonces desconcertada regresó a su cama y se pegó un balazo.

Otra pulga, ambulaba por las calles de un pueblo polvoroso y sucio, hay pueblos en los cuales la muerte es más fácil porque los habitantes están muy cerca de la tierra, son ya casi tierra. La pulga había sido una pulga de pergaminos, de familia, de segmento de escudo; de su nobleza le quedaba un solo gesto; llevar la cabeza sobre los andrajos muy levantada. Una pulga de alcohol, amiga, porque en tales apuros se crean verdaderos amigos, le dijo en tono de predicción: "cuando vos bajes la cabeza te morís": La pulga, resto de pulga bien, riéndose bajó la cabeza, pero jamás la volvió a levantar.

Como el alcohol de vicio continuado, creaba una segunda vida, se hacía terrible para las pulguitas la falta de dinero para conseguirse el líquido vital "el agua de vida" y entonces atribulaban, no con la mano tendida pidiendo caridad, sino con el alma fuera del cuerpo, tal vez pidiendo que se creara una nueva obra de misericordia, destinada al borracho.

Porque a las pulgas sobrias, les era altamente moral no darle a las pulgas de vicio. Para eso de dar, un pretexto muy pequeño podía ser muy grande. Solamente se socorría a las pulgas beodas, de un pasado muy eficiente, parecían tener más derechos los desórdenes de la balanza de las pulgas.

Las pulgas de los estimulantes, plagaban los hospitales. El estado, tenía ingerencia muy directa, sobre las bebidas alcohólicas. Por impuestos o por monopolios, las bebidas espirituosas le producían mucho dinero. Los gobiernos tenían dos trabajos: Permitir o fomentar, o permitir el fomento, de las bebidas alcohólicas y luego llevarse a las pulguitas ebrias a las cárceles, que en algunas ocasiones ofrecían mucha resistencia. También se les cobraba una multa por haberse embriagado.