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Escena IVEditar

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, AMELIA y MARÍA JULIA.

JULIÁN.- (Saludando a los de la mesa.) Adiós... ¿Qué tal? (A AMELIA.) Sentate por ahí... en esa mesa y vayan pidiendo. (Saluda alborozado al grupo.)


MARÍA JULIA.- Pase, señora... siéntese en ese rincón que la verán menos... Tranquilícese y no haga papelones...


AGUSTÍN.- Claro está... Cenan y se lo lleva después...


AMELIA.- ¡Oh!... Esto es una infamia...


JULIÁN.- Y ¿qué les parece mi casadita?


RICARDO.- Muy competente... Medio empacadita, ¿no?


JULIÁN .- Asustada, che, de este mundo nuevo...


RICARDO.- Ya la amansaremos... Supongo que nos presentarás...


JULIÁN.- ¿Cómo no?... Vengan ahora a tomar una copa de champagne... Los espero. (Volviéndose a su mesa.) ¿Qué tal? ¿Pidieron? Pucha que son lerdos... ¡Mozo!... Por lo pronto,«Cordon Rouge»... (A AMELIA.) ¿Se te pasó, che? ¡No me hagas hacer papelones, mujer!... Alza esa cabeza... ¿Qué querés tomar? (Repasando la lista.) ¿Ostras?... No te aconsejo... ¿Consomé?... ¿Un caldito a la reina? ¿Les parece? ¡Che, che, che!... ¿Estás llorando? Hacé el favor de dejar los melodramas para más tarde, ¿me has oído?


AMELIA.- ¡Por Dios, Julián!... ¡Por qué sos tan malo!... ¿Qué te he hecho para que me trates así?... ¡Déjame ir a casa!... Me siento mal.


JULIÁN.- El champagne te compondrá... ¡Santo remedio! ¿Vos no pensás lo mismo, María Julia?


MARÍA JULIA.- Creo que es una pavada que tengas a esa señora aquí, a la fuerza... Nada nos hubiera costado ir a otra parte. La pobre tiene razón. No le gusta quela vean... Si no está habituada a estas cosas... Después, maldito lo que nos vamos a divertir... Ella en ese estado, vos estrilando y nosotros como unos papanatas mirando el espectáculo... Vaya un capricho...


JULIÁN.- (A AGUSTÍN.) Che, ¿por qué no haces estudiara ésta? Sería una buena abogada de pobres... ¡Amelia! ¡Amelia!... ¡Alza esa cabeza!... Te he dicho que no las voy con la funeraria... ¡Mozo!... ¡Ese champagne!...


RICARDO.- (En la otra mesa, continuando la discusión.) No, señor... ¡Estás muy equivocado!... Tenga los defectos que tenga el marido, la mujer debe serle fiel... Mira. Yo no sé lo que seré mañana, pero si me encontrara en el caso de Lisandro, se guardaría muy bien mi mujer de faltarme.


LUIS.- Es muy fácil decirlo ahora... No verías nada, hijito, pasarías como él en los bares el día y la noche y la madrugada durmiendo la mona, y llegando el caso de enterarte de algo, te faltarían energías para proceder... Es inútil discutir eso.


JORGE .- Lo que yo pienso es que si me sigue gustando tanto el trinquis, no me caso...