Lamentos

El matrero Luciano Santos
Lamentos​ de Antonio Lussich

CENTURIÓN
Con que siguiendo mi cuento,
de mi cancha me ausenté
y en mi crédito yegué
aquí, bebiendo los vientos.

BALIENTE
Sigún oigo en su rilato
¿le caín al blanco sin pena?

CENTURIÓN
Como prendá que es agena...

BALIENTE
¡Pues ese no ha sido el trato!

CENTURIÓN
Otras veces solebaos
cuanti menos lo pensamos
de nuestros pagos templamos
pa puntos no imaginaos.

BALIENTE
En cualquier albersidá
con güena o con fiera suerte,
un rancho de mala muerte
y un amigo, aquí hallará.

CENTURIÓN
Pero lo mesmo que a mí
siguro estoy que algún trance
sin esperarlo lo alcance
haciéndolo juir de aquí.

BALIENTE
Tal vez que tenga razón,
estoy medio maliciando 220
que esta gente anda buscando
pegarnos algún malón,
con el cual nuestra openión
caiga engüelta en la redota
pa echarnos como pelota
rodando de lao a lao.
Y ellos se pondrán cuñao
hasta el encuentro la bota.

CENTURIÓN
¿Se acuerda cuando el desarme
que en mi fogón nos riunimos
y en plática allí estuvimos?

BALIENTE
¡Cómo no he de recordarme!
Eso no podré olvidarme
lo tengo en mi pensamiento,
y cargo siempre a los tientos
los dichos de ño Julián
que han sido, son y serán
pa mi memoria tormentos.

BALIENTE
¡Bien aiga, usté lo decía
que acabarían los males
pa todos los orientales
y el color se olvidaría;
nunca pensarlo debía
tratandosé de un partido
que pa nosotros ha sido
como peste, de corsario,
y ha dejao pior que calvario
a este suelo tan querido!

CENTURIÓN
Yo creíba que aquel tratao
que acabó en sólo un momento
con los muchos sufrimientos
de este pueblo disgraciao,
juese el golpe que había dao
por tierra con la openión.
Pa que tuitos en unión
iguales ante la lay,
no tuvíesemos más ray,
que nuestra constitución.

Pero triste rialidá,
malvao engaño y falsía
del gobierno que aquel día
firmó en la paz la igualdá,
que la mesma libertá
iban todos a tener.
Giménez lo supo ver
y con razón desconfiaba.
Él a esa paz no pasaba
sabiendo lo que iba a ser.

Todo jue un merenjenal,
una embroya, la más fiera,
otra mancha a la bandera
del pobre pueblo oriental.
Mancha de sangre hermanal
que nunca será lavada,
pero siempre recordada
como la infame traición
de los que por su ambición
jamás se han parao en nada.

Lamentos