Fablando estaba en el claustro

Nota: Esta transcripción respeta la ortografía original de la época.


XLIX


F

ablando estaba en el claustro

de San Pedro de Cardeña
el buen rey Alfonso al Cid
después de misa, una fiesta.
Trataban de las conquistas
de las mal perdidas tierras
por pecados de Rodrigo,
que amor disculpa y condena.
Propuso el buen rey al Cid
el ir á ganar á Cuenca;

y Rodrigo, mesurado,
le dice desta manera:
—Nuevo sois, el rey Alfonso,
nuevo rey sois en la tierra;
antes que á guerra vayades
sosegad las vuesas tierras.
Muchos daños han venido
por los reyes que se ausentan,
que apenas han calentado
la corona en la cabeza,
y vos no estáis muy seguro
de la calunia propuesta
en la muerte de don Sancho
sobre Zamora la vieja;
que aún hay sangre de Bellido,
magüer que en fidalgas venas,
y el que fizo aquel venablo
si le pagan fará treinta.—
Bermudo en lugar del rey
dice al Cid:—Si vos aquejan
el cansancio de las lides
ó el deseo de Jimena,
idvos á Vivar, Rodrigo,
y dejadle al rey la empresa;
que homes tiene tan fidalgos
que non volverán sin ella.
—¿Quién vos mete, dijo el Cid,
en el consejo de guerra,
fraile honrado, á vos agora,
la vuesa cogulla puesta?
Subid vos á la tribuna
y rogad á Dios que venzan,
que non venciera Josué
si Moisés non lo ficiera.
Llevad vos la capa al coro,
yo el pendón á las fronteras,

y el rey sosiegue su casa
antes que busque la ajena;
que non me farán cobarde
el mi amor ni la mi queja,
que más traigo siempre al lado
á Tizona que á Jimena.
—Home soy, dijo Bermudo,
que antes que entrara en la regla,
si non vencí reyes moros
engendré quien los venciera;
y agora, en vez de cogulla,
cuando la ocasión se ofrezca
me calaré la celada
y porné al caballo espuelas.
—¡Para fugir, dijo el Cid,
podrá ser, padre, que sea;
que más de aceite que sangre
manchado el hábito muestra!
—Calledes, le dijo el rey,
en mal hora, que no en buena,
acordársevos debía
de la jura y la ballesta;
cosas tenedes, el Cid,
que farán fablar las piedras,
pues por cualquier niñería
facéis campaña la iglesia.—
Pasaba el Conde de Oñate
que llevaba la su dueña,
y el rey, por facer mesura,
acompañóla á la puerta.