Este capítulo trata del amor en las pulgas

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ESTE CAPÍTULO TRATA DEL AMOR DE LAS PULGAS


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AS pulgas ya nacían de cuerpo pequeño, y cabeza grande, por lo cual no era de extrañar que se dieran mucho al pensamiento y la palabra. Parece ser que la conversación pensada, es lo que más nos aleja de los animales, sin embargo, el decir de algunas pulgas semejaba aullidos, o el verde cacareo de las loras.

La palabra trajo las reuniones en los cafés, y el pensamiento, la necesidad de los estimulantes; una pulga se volvió loca porque se estimuló mucho. Y decía que el pensamiento era como una cuerda, y que el estimulante es como sacar de donde no hay para meter en donde no hay.

Las pulgas se reunían por grupos, porque decía una pulga:

Otros animales son muy parecidos entre sí, pero nada es tan diferente como una pulga a otra pulga, el pensamiento y la sensibilidad crean de las pulgas los personajes más contradictorios, y el empeño de reforzar las ideas, forma grupos de personas afines, movimiento en el cual se basa toda sensación que pueda existir de felicidad. La pulga siguió hablando pero con tono más elevado, parecía deleitarse oyéndose, no obstante ser esta una costumbre que habían tratado de desterrar las pulgas. Aun en las cárceles, la unión de los delincuentes afines, de gestos, crímenes, y aplicaciones parecidas, hace la vida más llevadera, menos paralela la reja, menos cuenta se da el puño de la dureza de muchos contra uno.

Y las pulgas discutían sin manifestaciones, porque creían en lo simple, no en los efectos, y la contradicción no perturbaba, sino que suavemente se confirmaban en las propias ideas, porque las pulgas buscaban la convergencia de las ideas, empezando aparte, ir hacia el punto. La conversación en la pulga siempre se supo que era una fuerza, algo así como el vino, la música, el pensamiento...

Las pulgas los días anteriores habían estado hablando sobre el amor, porque decía una pulga, que siempre se dicen cosas bien sobre las cosas hipotéticas, siendo el mayor principio de estética la duda, por eso el inmenso tamaño de la muerte. Tal vez las pulgas sabían lo que era la muerte, tal vez todo el universo lo sabe al llevarla sobre el cuerpo; pero la humanidad de las pulgas había creado la duda, algo para después, algo que durante las horas del miedo y las necesidades, les hacía dar a lo desconocido un grito de auxilio, que generalmente se queda solo, pero la necesidad de la duda es imperiosa. Dentro del pensamiento de la pulga, la muerte era la necesidad de vivir; en los otros otros animales, la muerte es la muerte.

Las pulgas creían en el aspecto de las cosas, porque cultivaban la pintura, y hasta habían llegado a la deformación exterior para la formación interior, y se vestían de acuerdo con las conversaciones. Aquel día se vistieron de túnica y coturno.

La pulga vieja.—El amor nos aleja de los animales, el amor es como la pasión con sombrero.

La pulga joven.—El amor ha venido a complicar la existencia, cuánto más felices los animales que cumplen solamente con los instintos.

La pulga platónica.—De acuerdo, el amor no hace sino crear intereses, aumentar el valor que no tenemos y tender hilos que cuando se pierde lo amado nos torturan, nos ahorcan.

La pulga mujer.— (Porque la mujer entre las pulgas tenía cabeza y la usaba) Amor como el de la madre, ese inmenso amor que sostiene la existencia.

Otra pulga.— (Que no simpatizaba con aquella mujer, porque de paso sea dicho ya entre las pulgas no bastaba ser del sexo contrario para que todo anduviera bien) Severa dijo: El cariño de los padres debería limitarse, es grande en sacrificio pero mengua las aptitudes de los hijos, los padres quieren crear segundos padres en pulgas que por ley natural existe la variación. Los padres tienen dentro de su amor el egoísmo de dirigir a sus hijos dentro de su bondad se aprestan a sufrir por sus hijos, haciendo seres irresistentes para los reveses, sin la necesaria adaptabilidad para los cambios, únicos estimulantes de las defensas de la vida. Los padres fuego faltan, y quedan unas pulgas infelices buscando eternamente quien cargue con sus pesares y debilidades.

Una pulga del grupo se fue, había indudablemente llegado a una mesa equivocada, sin embargo, las otras pulgas comprensivas trataron de detenerla y una pulga le dijo:

"Quédese amigo, no importa que usted viva absolutamente aislado, yo creo como usted que debe cultivarse la soledad, la soledad debe amarse, su soledad está llena de fantasmas desnudos, de manos tersas que apaciguan las tempestades de las pulgas, usted es el mayor símbolo del amor porque le huye, recuerde la tortura de los senos y los muslos que te alumbran las noches y su cobardía entre fantasmas, cultivándose la importancia de estar solo”.

La pulga sola, habitante de las soledades, se sonrió pero se fué a su casa. Porque había muchas cosas, muchas visiones que la estaban esperando en su soledad.

La pulga que leía mucho.—Lo que se crea del amor, solamente son ideas que tienen un cordel atado a la práctica. Puede darse que el amor hoy sea una cosa y mañana otra. La cópula del alma, el romance, en ocasiones deja al cuerpo bien abajo, otras veces sólo el cuerpo manda, y uno se pregunta: ¿En dónde están las fuerzas del alma?

La pulga vieja.—La decepción es el resultado de las disquisiciones dialogadas, del espirítu con pensamiento. Llega a ser una triste solución que mengua la esperanza.

Las pulgas comprendieron, era muy de su costumbre eso de comprender.

Y las pulgas usaban su tiempo con perfecto egoísmo, porque decían que el tiempo no se repone; la más cruel de todas las marchas. Después de cierta edad, lo importante era economizar el tiempo, y ellas creían que debía conseguirse eso, seleccionando terriblemente las compañías. Las pulgas delineaban a las personas con una aguda exactitud. A las compañías que no daban intercambio de ideas, o que siempre estaban diametralmente opuestas con los temas, las rechazaban con llana firmeza. Lo mismo que a las pulgas de hablar hueco y de perpetuo acuerdo.

Después de la reunión en el café, las pulgas se fueron con vestido y con alma de calle, a la calle.