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Estancias XXXII
de Medardo Ángel Silva

Nota: Poema número XXXII de El árbol del bien y del mal


    Por inasible adoro la gala de los cielos...
¡Señor, jamás permitas que goce mis anhelos,
que nunca satisfaga la sed que me devora!

    Lo amargo es el hastío de los sueños hallados,
el corazón ahíto de los bienes gozados
que se pregunta: ¿qué voy a pedir ahora?...


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