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Estancias XXXI de Medardo Ángel Silva
Poema número XXXI de El árbol del bien y del mal'

    Releyendo mis versos, una tarde dorada,
-versos donde contuvo mi pena su alarido-
impasible a mi viejo dolor, no sentí nada...

    Y comprendí el encanto del alma volandera
-¡Árbol sonoro y libre, por cada Primavera
de musicales hojas nuevamente vestido!


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