Compendio de Literatura Argentina: 29

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CAPÍTULO XVIEditar

ORATORIA CONTEMPORÁNEA


FRAY MAMERTO ESQUIÚEditar


Nació Esquiú en la provincia de Catamarca el 11 de mayo de 1826.

Entró en el Convento Franciscano á la edad de diez años, concluyendo á los diez y siete su carrera teológica, desempeñando enseguida en su provincia, los empleos más encumbrados de la orden á que pertenecía.

Empezó á lucir por los años de 1853 y 1854 manifestándose tan notable orador sagrado, como entusiasta y sincero patriota. Fué con ocasión de la jura de la Constitución de Catamarca, cuando pronunció un clásico sermón alusivo al acto, que muy pronto recorrió toda la nación llevando la fama de su nombre. La prensa del país y aún la extranjera lo publicó varias veces, y el mismo gobierno nacional se produjo en manifestaciones tan honrosas para Esquiú, como jamás las pecibió ningún otro sacerdote argentino. Su célebre oración se encuentra impregnada de poderosa elocuencia, de pensamientos elevados y vigorosos, de imágenes soberbias, de comparaciones admirables, y de una sublimidad tal que no se la lee sin quedar subyugado por la armonía de sus conceptos.

La humildad y el celo de que estaba adornado, daban á todos sus sermones un encanto tal, que parecía ser el patriotismo y la religión hablando desde la cátedra sagrada, con la elocuencia elevada y la sublime unción que se prestan mutuamente estas dos grandes virtudes.

Designado para ocupar el arzobispado, renunció aquel alto cargo, aceptando con reservas de su parte, el obispado de Córdoba.

La elocuencia de sus oraciones pastorales y opúsculos ha sido como una antorcha que ha iluminado la literatura sagrada de esta época.

Es notable aquella que pronunció en la Catedral de Buenos Aires en 1880, en donde es de admirar, además de su discreción y prudencia al tocar materias delicadísimas, un profundo conocimiento del estado de la patria, cuyas necesidades expone, presentando al mismo tiempo remedios, aconsejados por la más sana filosofía, llenos de doctrina y suavidad evangélica.

Al P. Esquiú puede aplicársele lo que Chateaubriand decía de Bossuet: «tres cosas se suceden continuamente en sus discursos, la brillantez de genio ó elocuencia, las citas tan en armonía con el texto que forman con él un todo, y las reflexiones ó la mirada de águila acerca del suceso de que se trata».

También fué escritor. Su Estudio sobre la Iglesia y el Estado, es una obra de gran mérito, que constituye un verdadero esfuerzo intelectual.

Varios periódicos especialmente «El Ambato» de Córdoba, registran numerosos artículos de su elegante pluma.

La muerte le sorprendió en 1883 en regiones apartadas, á donde lo había llevado el cumplimiento de su deber, entregando desde ellas, su alma al Dios de su fé y su cuerpo á la tierra, en el silencioso desamparo del desierto.