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Compendio de Literatura Argentina: 19

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


JUÁN BAUTISTA ALBERDIEditar


Nació el 29 de Agosto de 1810 en la ciudad de Tucumán.

Por la escasez de medios que había en aquel tiempo, en las provincias, para nutrir la inteligencia de los jóvenes, Alberdi, vino á Buenos Aires á los quince años, ingresando en el Colegio de Ciencias Morales, y más tarde en la Universidad, donde concluyó sus estudios.

Era este el instante preciso, en que las ciencias morales y políticas, emancipándose del escolasticismo, trataban de elevar por el raciocinio la inteligencia de la juventud. Alberdi, dotado de un espíritu esencialmente liberal y de una naturaleza propensa para asimilarse las ideas modernas, comprendió el alcance de esta revolución intelectual, y se adhirió á ella con todo su entusiasmo ingénito.

Dos ó tres tentativas de mérito relativo, fueron su ensayo literario, hasta que por fin en 1834 se decidió á publicar su Memoria descriptiva de Tucumán fruto de los apuntes que hizo en su viaje, tres años antes, y que es un cuadro de esa naturaleza tropical y frondosa, con todas las impresiones que le produjo, á través de los recuerdos, en su fantasía delicada y brillante.

La contestación al voto de América (1835), es una replica á Rivera Indarte, sobre nuestro entredicho con España y la necesidad de cambiar de política con respecto á esta nación.

Estudiando el derecho natural y positivo, desarrolla con claridad admirable, las teorías de la escuela histórica en su Fragmento preliminar al estudio del Derecho.

Con el concurso de Juan M. Gutiérrez, Tejedor, Vicente F. López y otros que le servían de colaboradores empezó á publicar «La Moda», (1834) periódico literario. En sus columnas se inició como crítico, firmando con el seudónimo de Figarillo una serie de artículos satíricos sobre las costumbres reinantes en esa época, y en los que se revela poseedor de un caudal de profunda observación, fina gracia y chiste mundano.

Perseguido por Rosas, se vio obligado á emigrar, pasando á Montevideo en agosto de 1838. Sin recursos, obligado á trabajar para vivir, llevaba por único capital su grande inteligencia.

Por este tiempo su gran labor fué el periodismo. Colaboró en «El Nacional», la mejor publicación que entonces había en el Río de la Plata, escribiendo también en «El Grito Argentino» y en el «Iniciador», periódicos sostenidos por la colonia argentina, emigrada en Montevideo.

En mayo de 1839 fundó con Miguel Cané «La Revista del Plata» proponiéndose con ella, uniformar opiniones en pro de la expedición que contra la tiranía de Rosas preparaba el general Lavalle.

Después de esto se dedicó á su profesión de abogado, aunque sin abandonar por eso el periodismo, pues además de colaborar en «El Talismán», fundado por Gutiérrez y Rivera Indarte, el mismo fundó «El Corsario» con el objeto de condensar en él, cuanto apareciese de notable en la literatura y en política en la prensa de Montevideo, y una vez desaparecido éste, escribió con Mitre «El Porvenir», semanario de idéntico género que los anteriores y como ellos también de escasa vida.

Para Alberdi, cada suceso nuevo era un fenómeno, ya de la ley histórica ó de los errores de los hombres, ya de las preocupaciones de las épocas. Este sentimiento que le era propio é ingénito, fué el que inspiró La Revolución de Mayo, crónica dramática en cuatro partes, que aunque no la concluyó es un verdadero drama, no con la intención de ser representado, sino de dar, por medio de la personificación de los caracteres, una idea neta y precisa de los actores del gran episodio histórico.

En 1840, publicó El Esqueleto de la Convención del 29 de Octubre, en que critica el tratado de Makau, firmado por Rosas y el ministro de Francia.

La nueva situación de los asuntos del Plata (1841) tuvo por objeto levantar el espíritu de los emigrados, que yacía abatido por la disolución del ejército libertador.

Empleando su espíritu crítico, publicó El Gigante Amapolas peti-pieza cómica en un acto, que como «La Revolución de Mayo» no era destinada á la escena, sino á la crítica del general Lavalle y sus tropas por la desorganización y anarquía que en ellas reinaba.

En Mayo de 1843, embarcóse para Europa desde donde después de una gira, fecunda en estudios políticos, literarios y artísticos, pasó á Chile, que fué su residencia por mucho tiempo.

A poco de llegar allí, revalidó su título de abogado, presentando con esta ocasión una Memoria sobre la conveniencia y objeto de un Congreso General Americano que le mereció la aprobación unánime del jurado.

Poco después publicó varios poemas en prosa y una Biografía del General Bulnes.

Los Americanos ligados al extranjero, que dió á luz en 1845, es un estudio de la cuestión del Plata, en que defiende abiertamente la actitud de los argentinos aliados á los extranjeros en la lucha contra Rosas. Siguiendo el mismo orden de ideas publicó La Acción de la Europa en América, en pro de la intervención anglo-francesa en el Plata.

En este mismo año, escribió Veinte días en Génova, narración sacada de sus apuntes de viaje, y que es una verdadera gira artística por los palacios y bellezas encerradas en la ciudad de marmol.

Su trabajo de más resonancia en esta época fué el opúscolo con que saludó al 25 de Mayo de 1847, titulado La República Argentina, treinta y siete años después de su revolución de Mayo. Es una revista de los grandes recuerdos que animaban su espíritu en ese día.

De índole completamente diversa es Tobias ó la cárcel á la vela (1851), donde relata los sufrimientos y peripecias que experimentó en su viaje desde Río Janeiro á Valparaíso.

En el mismo año, con el título de Estudios políticos publicó un examen de las ideas del orador argentino Félix Frías, abundando en consideraciones acerca de la influencia de la Europa y del catolicismo en las sociedades modernas.

En Mayo de 1852, dió á la luz la obra de más nombre de las muchas que se deben á su fecunda pluma.

Para poder apreciar la influencia de ella tenemos que hacer previamente referencia de los hechos históricos que la inspiraron.

A mediados del años 1851 tuvo lugar el pronunciamento del General Urquiza contra Rosas, en Entre-Ríos. La opinión se alzó en favor del caudillo, que proclamaba la libertad en el suelo argentino, y de un extremo al otro de América, los emigrados acudieron al llamado de la revolución. En Caseros terminó la famosa campaña, que tuvo por resultados el triunfo completo de la causa libertadora y la fuga de Rosas para Inglaterra en febrero del 52.

Los hombres de armas habían cumplido con su deber en los campos de batalla, tocaba entonces á los hombres de estudio y ciencia la tarea de constituir el país.

Alberdi fué el jefe designado por sus compatriotas para dirijir el movimiento de las ideas que debían organizar un gobierno regular y libre. Sus estudios y sus escritos le presentaban como la cabeza mejor preparada para concebir el plantel de una gran nación.

El tiempo urgía. Estaba convocada una convención para dictar las leyes constitutivas. Alberdi se puso al trabajo y el 1º de mayo de 1852 daba á luz Las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, poniendo al final de su obra monumental el proyecto de Constitución que debía darse la nación.

La obra de Alberdi era un estudio de los obstáculos que habían impedido, hasta entonces, cimentar sobre bases sólidas el establecimiento de un gobierno definitivo.

Pasaba en revista el punto de partida de las ideas coloniales, el cambio traído por la revolución de la independencia; los extravíos de los que luchaban por una federación que no comprendían y el unitarismo que llevaba al absolutismo. En una palabra, hacía la historia de las ideas que habían militado durante cuarenta años de emanicipación, para deducir el sistema político que convenía adoptar; y ese sistema lo presentó en el proyecto que fué más tarde la Constitución de la República Argentina.

Es esta la obra capital de Alberdi: ella es un curso completo de derecho público americano. Popular en toda la América latina esta obra, más que ninguna otra, lleva el sello del gran jurisconsulto, del eminente publicista y del filósofo profundo. Pocas obras se han publicado en este país de más utilidad que esta, que brilla tanto por lo severo de la forma como por lo elevado de las ideas, y á la que bien podría aplicársele lo que Voltaire decía del autor del «Espíritu de las Leyes»: «el género humano había perdido sus títulos; M. de Montesquieu los ha encontrado y se los ha devuelto». Del mismo modo podría decirse: la República Argentina había perdido sus derechos y el doctor Alberdi se los devolvía consignados en el gran libro que debía servir de pedestal á la organización constitucional de la patria, y de enseñanza á las generaciones que busquen realizar la libertad y la moralidad como fuente del orden y del progreso argentino.

Esta obra colocó á su autor en primera línea entre sus compatriotas, como pensador y legislador.

Restablecido el orden político, el gobierno nombró al doctor Alberdi encargado de los negocios de su patria ante los gobiernos de Inglaterra, Francia, España é Italia.

Durante su estadía en Europa fué agraciado con varios títulos honoríficos y académicos, entre otros los de Miembro correspondiente del Instituto Histórico de Francia, de la Academia de Historia de España y de la Sociedad geográfica de Berlín.

Regresó á Buenos Aires en 1879, habiendo sido designado en su ausencia, para representar en el congreso á su provincia natal, pero su quebrantada salud lo obligó á volver á Europa donde después de una vida laboriosa y fecunda como la de pocos de sus compatriotas, pasada casi toda ella en el destierro, ya forzado ya voluntario, y empleada continuamente en el mejor servicio de sus nobles ideas, murió en París el 18 de junio de 1884.


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Fué toda una entidadl Un agitador incansable de ideas en las lides valerosas del pensamiento! Simboliza una faz de la inteligencia argentina, y tanto en el diarismo, como en el libro trazó hondo surco, que lo ligará á la posteridad con el caudal de servicios amontonados en décadas de labor y de lucha.

No fué un sabio sino un pensador.

De ahí es que su biografía esté en sus escritos, siendo de admirar que en medio de las dificultades para ganarse la subsistencia, haya dado á luz más de setenta publicaciones, dejando muchas otras inéditas, que legó á la posteridad, con el solo objeto de contribuir á la libertad y organización del país. Estuvo siempre á la altura de las cuestiones que trató, y hubiera dejado un cúmulo de obras tan magistrales como Las Bases, si ciudadano de un país ya organizado, no se hubiera visto en el caso de tratar en folletos los puntos incipientes de su constitución.

El gobierno nacional, convencido de la importancia de los escritos de este hombre eminente, decretó en 1886 la recopilación, en una edición oficial, de todas sus obras, publicadas é inéditas, levantando así á su memoria un monumento inmortal, que es á la vez honra y gloria de las letras argentinas.