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AL LECTOR:

Este «diario» que contiene mis impresiones de viajero, no tiene pretensiones de ningún género. No espere, pues, el lector encontrar en él descrip­ciones brillantes de los grandiosos panoramas que se desarrollan en las comarcas que he visitado, pues tengo la sinceridad suficiente para creer que semejante tarea es superior a mis fuerzas y que no debo tentarla.

La pintura de la naturaleza patagónica, unas veces terriblemente árida, otras lujosa hasta re­cordar el trópico, pero imponente siempre, tanto en sus habitantes como en sus áridas mesetas, en sus mantos volcánicos inmensos, en sus elevadas montañas nevadas, en sus volcanes, en sus lagos, en sus ríos, en sus torrentes, en sus bosques, ne­cesita para ser fiel, la pluma de Humboldt o de Darwin. Simple admirador de esas tierras nues­tras, poco visitadas, sólo aspiro a que con esta narración mis compatriotas puedan formarse una idea de lo que encierra esa gran porción de la pa­tria, siempre denigrada por los que se contentan con mirarla mentalmente desde las bibliotecas.

Hácese necesario que sepamos con seguridad, con qué elementos puede contribuir Patagonia a la prosperidad de la República y esto sólo se pue­de conseguir conociendo su geografía y sus pro­ductos naturales. Hay que estudiar allí las condi­ciones geológicas y climatéricas, su geografía, sus producciones, y las ventajas que puede ofrecer para su colonización; todo por medio de investigaciones serias y minuciosas.