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Sericultura, Parte 4

El Museo Universal (1858)
Sericultura, Parte 4
 de José Echegaray

Nota: se han modernizado los acentos.


SERICULTURA. [1]


DEL EMBOJE o BOSQUECILLO.

Conociendo el labrador por las señales exteriores que Hemos manifestado de que el gusano está en sazón ha de subir a hilar, debe formarle su emboje o bosquecillo. Entonces la temperatura ha de estar un poco más elevada, la atmósfera muy seca y la ventilación ha de ser muy enérgica; muchos criadores hacen todo lo contrario, cierran puertas y ventanas y privan al insecto de la luz. Muchas son las plantas que sirven para el emboje sobre todo cuantas tengan mucha y delgada rama. Los bosquecillos se hacen de diversas maneras, unos ponen el ramo tendido, otros derecho y asegurado en los ángulos de las andanadas, otros recto pero de uno á otro echado como formando bóveda. El periodo de subir el gusano a hilar, es precisamente el de más interés, el que necesita más trabajos y cuidados. No basta desplegar actividad, es necesario inteligencia. Se trata de simplificar los trabajos y de suprimir esta clase de emboje largo y penoso y hasta subir y de colocar el gusano con más comodidad para que pueda hilar. Con este objeto se han inventado diferentes sistemas: 1.° el de Pons Saint Martin ha sido el resultado de una feliz idea; ha lu cho un gran servicio a la industria dando origen a otros métodos, sobresaliendo por su mejor aplicación el aparato de Duvril, que es una modificación del anterior.

Este aparato consiste en unos zarzos hechos de listones de madera y colocados fijos y horizontales, que pueden sin embargo prestarse por su forma y dimensión a toda clase de andana. Estas especies de zarzos se componen de dos filas de listones de 2 metros de largo y de 8 a 16 milímetros de grueso, clavados a 3 centímetros de distancia, de manera que dejen un espacio intermedio de 2. Los listones están colocados de manera que los de atrás corresponden al hueco que dejan los de adelante. Unes listones colocados al través dan solidez al zarzo.

Unas escalas cuyas disposiciones pueden variar, permiten a los gusanos llegar al zarzo en que han de hilar. Es indispensable que en tiempo oportuno se coloquen y con una gran rapidez, y que ellas mismas ofrezcan al gusano que no tenga fuerza para subir al zarzo, el espacio conveniente para situarse convenientemente. Se pueden formar las escalas de dos filas de pequeñas varillas de madera, redondas o hendidas o de listones como los de los zarzos. Las escalas serán de 90 centímetros de ancho, la altura de 3 a 4 como la distancia que quede entre los zarzos. Se colocarán las escalas a 40 centímetros de distancia y con ganchos de alambre se sostienen las escalas. A los bordes de los zarzos se coloca una tabla como una barandilla para que no se caigan. No es aparato de gran gasto.

En todos estos métodos se advierte una falta, cual es la de no evitar las deyecciones de los gusanos que están en la parte superior sobre los que están debajo. Para evitar esto se coloca una hoja de papel o una tela gruesa entre las dos líneas de los listones que forman la escala. Se puede servir de estas escalas para recibir las deyecciones de los gusanos que subieron primero. Conviene valerse de un tercer gancho que sujete la extremidad inferior de la escala y la mantenga en posición horizontal en los intervalos de los periodos de ascensión de los gusanos. No hay que precipitarse en colocar las escalas; cuando algunos se adelanten, se cogen y se les coloca aparte.


DE LOS MODOS DE DESECHAR o MUDAR LA CAMA DE LOS GUSANOS.

La invención de las redes ha hecho un gran servicio a los criadores. Es un medio bien sencillo. El mejor método es que la red sea igual a la dimensión y forma de los zarzos o cañizos. Algunos instantes antes de echar la comida a los gusanos se extiende completamente la red sobre los gusanos cubriendo todo el cañizo y extendido en todos sentidos; sobre esta red se les echa la hoja y cuando los gusanos hayan subido a comerla, se levanta la red por los cuatro extremos; solo dos personas bastan si la red está atada por dos lacios a unos listones de madera; entonces se quita y limpia la cama, y se reemplaza el papel si lo hay sobre el cañizo.

Esta operación tiene diferentes modificaciones según se haga el deslecho de una vez o por partes.

El nombre sacó al gusano de la seda del estado salvaje, y transportándolo a diferentes regiones, algunas diversas de su país natal, lo tuvo que tratar como animal doméstico, si bien aproximándolo en lo posible al estado de la naturaleza; pero el clima que le ha proporcionado es artificial, aunque análogo en lo que cabe al; que gozaba cuando el insecto vivía fuera del poder del hombre.

El insecto de la seda, originario de países calientes, extendido por el globo, halla climas muy variados, unos que se parezcan al suyo, y otros que difieren: en el que sea análogo trabajará menos el hombre en la formación del clima artificial, es decir, en la construcción de la habitación en que ha de vivir. En el segundo caso el hombre trabajará más y pondrá más cuidado, pero conseguirá criar el precioso gusano de la seda!

Pudiéndose dividir los climas en que el gusano vive en calientes, climas variables, climas templados y climas fríos, la habitación en que haya de vivir el gusano ofrecerá diversas condiciones de construcción.

Para comprender la necesidad de dividir en cuatro categorías los climas y de consiguiente las habitaciones que se destinen a la cría de los gusanos, es necesario tener presente que la temperatura que más les conviene es una atmósfera de 16 a 20 grados de R, y que siempre que suba o baje compromete su existencia.

De aquí el dividirse los climas en cálidos, cuando la temperatura constante es mayor que la que hemos fijado; variables cuando se eleva con frecuencia a más y a las veces desciende; templados cuando en el día se eleva cerca de 20 grados, y por la noche desciende hasta cerca de los 16; y fríos cuando la temperatura exterior rara vez llega a los grados necesarios.

Los del Mediodía de España, en donde más extendida está esta industria, se pueden considerar como países calientes; los del centro templados; pero unos y otros son climas variables sobre todo en la estación en que se cría el gusano de la seda. Adolecen todas las provincias de España, sobre todo en dicho tiempo, de este defecto. De aquí el perderse muchos años esta cosecha y la necesidad de más cuidados, principalmente la combinación de todos. En algunos días de mucho ardor se deberá templarle con una ventilación fresca, y en otros y por la noche se deberá dar al obrador el calor indispensable.

Cualquiera clase de obrador que se haga, entendiéndose por tal el cuarto o habitación en que se críen los gusanos, se construirá de manera que se pueda introducir simultáneamente el calor exterior. En ningún caso es racional renunciar a esta ventaja, cuando las condiciones de la atmósfera exterior sean preferibles a las de la atmósfera interior.

De cualquiera manera que se construya el obrador, siempre además de la pieza principal ha de haber otras accesorias. Habrá un local principal para la educación del gusano cuando pequeño; una cueva o lugar oscuro pal a guardar la hoja. Si la cueva está debajo del obrador, puede utilizarse para la comunicación de aire fresco, muy buen recurso en climas cálidos o días de mucho calor. Si la temperatura exterior está muy elevada, se ba de contar con medios para templar la atmósfera interior.

Aunque cada agricultor se acomoda a la habitación que tiene para la cría del gusano y en el Mediodía, lo más general es criarlos en barracas, con todo, convendrá para cuando la industria serícola sea más en grande, establecer los principios de construcción de los obradores, aunque sean cualesquiera los climas, las diferencias de construcción no existen en lo principal, sino solo en los accesorios.

La dimensión del obrador debe ser siempre proporcional a la cantidad de semilla que se quiere avivar: el aglomerarla en un mismo obrador es perjudicial. Hay un inconveniente capital en que sean los obradores muy grandes; en ellos la distribución de los trabajos nunca es regular, por más precauciones que se pongan, se desigualan, los gusanos y son difíciles de calentar y de ventilar. Por poco sensato que sea el hombre y por poco inteligente en criar los gusanos, sabrá las condiciones que deben tener los obradores según las localidades: si son cálidas piden posesiones aireadas y abrigado el edificio de los vientos del Mediodía; y con plantaciones de elevados árboles se le puede librar del ardor del sol. Con una cueva debajo del obrador es fácil tener la ventilación con un aire fresco. Sería conveniente en dichos climas una doble pared que rodease el edificio y mejor galerías que libraran las paredes del obrador de los ardores del sol. Todas las puertas y ventanas deben ser en dichos puntos de toda la altura del edificio, y sería conveniente que el lecho tuviese la furnía ojiva hacia el centro para facilitar la ascensión natural de la atmósfera inferior hacia los respiraderos superiores.

En donde haya transiciones bruscas y repentinas de calor a frío o viceversa, tendrá al obrador los accesorios necesarios para calentar o refrescar según convenga.

En los climas templados se necesitan menos precauciones: cualquiera pieza de la casa del labrador sirve con tal que se la dé el grado de calor y renovación del aire cuando convenga; pero estas localidades tan a propósito, no es fácil hallarlas en nuestro clima porque si las hubiera, ni edificio se necesitaba: bastaba un cobertizo. No se hallan localidades de una temperatura uniforme y progresivamente cálida, a no ser en años extraordinarios. Las transiciones atmosféricas y los fenómenos meteorológicos nos imponen la obligación de construir los obradores con ciertas precauciones. Por de día, por ejemplo, en que el calor excesivo penetra al interior y nace el aire seco y poco respirable, una corriente de aire de la parte superior del Norte al Mediodía, paliaría los perniciosos afectos del calor y sequedad.

Dejando al gusano de seda entregado a sí mismo al aire libre en una morera, se libra de los rayos del sol colocándose debajo de la hoja o en lugar sombrío; también evita las corrientes del aire violento. En las noches frías queda inmóvil, y solo se pone en movimiento, cuando los primeros rayos del sol han disipado el rocío, y calentado la atmósfera.

En todas las provincias de España puede vivir la morera y por consiguiente puede vivir el gusano, y en las del Norte sería aun menos difícil críar el gusano de seda que en los climas variables. La uniformidad de una temperatura fría y húmeda ofrece menos inconvenientes que los puntos en donde los cambios atmosféricos son repentinos. Un sistema de ventilación caliente, una atmósfera artificial bien compuesta y constantemente renovada son dos elementos de buen éxito; pero imponen al criador una obligación bien penosa y difícil si el clima es frío y nebuloso: en el obrador podrá triunfar de estos dos enemigos, pero su fatal influencia se hace sentir en todas, partes sobre todo en el alimento; la hoja es verdad que debe ser fresca, pero no húmeda, y antes de darla a los gusanos ha de adquirir cierto grado de calor que sin alterarla conserve su frescura, por lo que es indispensable secarla y calentarla en climas y tiempos lluviosos y fríos.

VENTILACIÓN DEL OBRADOR.

Cuando el calor interior de la habitación en donde se crían los gusanos excede de los límites convenientes, si la temperatura exterior es más baja, se introduce por una o muchas aberturas una parte de aire exterior que bastará para templar el calor. El exceso de este en el obrador se debe frecuentemente a fenómenos meteorológicos, a los vientos cálidos y al ardor del sol. Cuando la elevación de la temperatura es por esta causa, a falta de ventilación natural la artificial la suple con ventaja. más cuando la electricidad y los vientos del Mediodía se mezclan, cuando hay lo que se dice bochorno, entonces la dificultad es sería a menos que no podamos disponer de un reservatorio de aire fresco sustraído de las influencias perniciosas del fenómeno. En este caso no hay que pensar en la ventilación natural, el desalojamiento del aire interior por un medio violento y enérgico es el único medio como por fuertes aventadores o chimeneas de tiro. Estos medios serán frecuentes en climas cálidos,, algunas veces en los variables y nunca serán necesarios en los templados y fríos. La ventilación fresca tendrá lugar naturalmente de alto a bajo. Estando los reservatorios de aire fresco en la parle inferior, se hace llegar el aire a un punto cualquiera de la parte superior del obrador y desde allí se le ha de distribuir y repartir. En este caso la ventilación forzada es indispensable.

Aunque sean conocidos los medios de introducir la atmósfera exterior en el obrador, como las aberturas en el alto de las paredes del cuarto del lado del Norte, lo que puede ser reemplazado por algunos aparatos inventados para este objeto, como el de Lubac que consiguió privilegio de invención, lo mejor es, para sacar partido de la ventilación fresca, sobre todo en los países y tiempos cálidos, poner en juego los recursos que la naturaleza pone a nuestra disposición por la situación polar del edificio y su forma especial, circunstancias que son de grande importancia. La colocación de las aberturas y la situación de los conductos de aire fresco y caliente, deben ser tales que secunden en lugar de contrariar la tendencia del aire fresco a descender, y la del aire caliente a subir; en una palabra, el edificio por su forma y disposición debe estar, si es posible libre de los calores excesivos y recibir sin obstáculos la influencia necesaria de las corrientes del aire fresco.

Generalmente lo que más se necesita en nuestro país y sobre todo en la época en que se cría el gusano, es mantener el obrador a una temperatura conveniente a la edad del gusano. Deben elegirse los medios más económicos y seguros y que mantengan el aire en el grado de pureza posible.

El calentar el cuarto introduciendo lumbre, trae bastantes inconvenientes, y uno de los más graves es la disminución del oxigeno que se consume en la combustión, dando de este modo al aire del obrador condiciones poco saludables. Otro inconveniente de las corrientes horizontales, es el producir humo, y si hay muchas chimeneas las corrientes son aisladas según el lugar que ocupan y dejan espacios de atmósfera de la habitación en una completa estancación. Si se usa de estufa, el inconveniente es mayor, pues si el conducto de la chimenea es grande, da lugar a dos corrientes : una ascendente y otra inversa. Por medio de hornillos es imposible, a menos de no elevar la temperatura, y entonces alrededor de ellos es excesiva; la uniformidad de la temperatura es imposible aun, aunque se distribuya la hoja con regularidad; los gusanos próximos al fuego, pronto se hallan alimentados y los otros van retrasados, de modo que se desigualan, he aquí el desorden en las primeras edades y la anarquía en el 5.° periodo de la vida del gusano.

Una de las importantes invenciones es calentar por medio de caloríferos; el calentamiento del cuarto es regular, el calor es distribuido por igual en todo él. Este medio es fácil y económico y se puede adoptar sea cualquiera la forma y posición del obrador.

Su aplicación no ha sido siempre la misma; ha habido una manía de innovación: los unos han estado por un calor húmedo; otros por calor seco y otras muchas innovaciones. Los cuartos calentados interiormente por estufas, braseros y demás, pueden pasar en obradores pequeños; pero para los grandes son insuficientes, además que estos medios siempre tienen los inconvenientes que hemos indicado. Para sacar de las habitaciones calientes todo el partido apetecible, se establecerán de modo que produzcan y comuniquen un aire lo más puro posible, con la suma de calor que dé al obrador la temperatura que necesita en regla general el hornillo, estufa o fogón que ha de calentar; la pieza en que estén los gusanos, ha de estar fuera de la acción de las exhalaciones dañosas de la combustión. La suma de calor producida estará siempre en razón directa de la cantidad y calidad del combustible, pero la manera de emplearle, la disposición especial del fogón y sus conductos, pueden con igual cantidad de combustible hasta centuplicar la cantidad de calor. Lo primero que se debe calcular os el gasto, como en todo lo perteneciente a la Agricultura. El establecimiento de un calorífero no es más costoso que los medios anteriormente dichos, y con el mismo combustible se puede duplicar el calor y producir una ventilación diez veces más rápida. El poder del calorífero debe ser proporcionado a la capacidad del obrador; los conductos del humo, del aire fresco, y del aire caliente deben ser construidos según esta proporción, pero siempre será bueno disponer de una suma ile calor superior a la que se necesita.

El calor, en efecto, hace al aire seco, pero haciendo hervir una cantidad de agua, cuyo vapor se introduzca en los conductos destinados a la ascensión del calor, se alivia este defecto. Este vapor tiene la ventaja sobre el aire fresco, de que sirve en los obradores calientes para dar a la atmósfera su elasticidad sin disminuir la temperatura. La sequedad que en unos momentos es perjudicial en otros es necesaria.

La disposición de los lugares, la forma o situación del obrador producen modificaciones que es imposible prever y calcular. Debe, sin embargo, establecerse una regla general y al buen criterio del propietario se dejarán las modificaciones.

Se cualquiera el aparato, los conductos desde donde existe la toma de aire Insta el foco del calorífero, y los destinados a esparcir el calor en el obrador, han de ser de ladrillo, lo mismo que las paredes interiores del hogar. La chimenea desde el hogar en to la la longitud de su trayecto, como en el tubo de aire fresco, deberá estar construida de fuertes planchas de hierro batido, herméticamente cerrado para aislar la columna de aire que le envuelve de las emanaciones del hogar. Sobre diversos puntos, habrá por donde limpiarlos o desollinarlos. En el punto en que comience su movimiento vertical, habrá una abertura para hacer allí fuego y provocar así el tiro. La distribución del calórico en el tubo se arreglará por los registros. Habrá por donde pueda arrojarse exteriormente lodo el calor. Los tubos conductores tendrán una -ligera inclinación ascensional. Todas las bocas de calor estarán guarnecidas de registros, aumentando progresivamente de dimensión, en razón directa de su alejamiento del punto de partida. Los tubos conductores del calórico deberán tener a lo más 10 centímetros de diámetro para que solo los ocupe la corriente de calor.

DISTRIBUCIÓN INTERIOR DEL OBRADOR.

Se sacará el mejor partido posible del espacio de la habitación en que se han de criar les gusanos, utilizando su capacidad; pero sin dañar el servicio interior.

Las andanas son unas series de cañizos sobrepuestos unos encima de otros que están destinados a contener los gusanos. Los cañizos se construyen de diferentes cosas : como de mimbres, de juncos, cañas de listones de madera, de una red de alambre y aun de telas. El primer cuidado que ha de poner el criador, es construir bien las andanas, lo que no contribuye poco al buen éxito del gusano. La distancia de un cañizo a otro es como una media vara. A pesar de que cada labrador se acomoda a lo que tiene y hace las andanas y cañizos de las materias que tiene más a mano, con todo, describiremos algunos de los aparatos de andanas que se han inventado.

Las andanas pueden ser fijas; pero entonces se necesitan escalas para subir a los canizos que están elevados; este inconveniente ha traído la invención de las andanas movibles con las que se facilita la distribución del alimento y la limpia de las camas, y hasta el emboje; unas y otros reconocen unos mismos principios de construcción; en los dos casos, no se dispensa un buen sistema de ventilación. Como el movimiento de las andanas facilita el movimiento y cambio del aire que hay entre los cañizos, daremos desde luego preferencia a las andanas movibles.

ANDANAS DE CAÑIZOS MOVIBLES.

Laforte ha inventado un sistema que consiste en colocar una serie de cañizos unos encima de otros en situación horizontal a distancia de 30 a 40 centímetros; están suspendidos por cuerdas puestas como para mover una celosía; estas cuerdas hacen conservar a los zarzos su distancia, o bien se repliegan unos sobre otros según se quiere: el apartarse lo hacen de abajo a arriba, y se repliegan de arriba a abajo. Para mover estos cañizos de arriba a abajo, Laforte ha practicado seis agujeros en el techo para dar paso a las cuerdas necesarias para el mecanismo. En el aparato cerca del techo ha colocado una rueda de un metro alrededor de un diámetro que pone en movimiento un eje de un diámetro inferior. Sobre la rueda A se pasa una cuerda que pasa por dos agujeros del techo, descendiendo por los lados de la andana a la que da vuelta sin lijarse en ningún punto. Sobre el eje B pasan las dos cuerdas B, atravesando igualmente el techo por cuatro agujeros, dando vuelta a los cañizos por los dos lados a los que ellas están fijas, reteniéndolos así a distancias iguales cuando ellas están tirantes. El movimiento que se imprime a la rueda con la cuerda, determina de un lado la tensión, del otro el aflojamiento de las cuerdas de sostenimiento, y por consecuencia el movimiento de los cañizos de arriba a abajo. La cuerda se mantiene en una tensión suficiente con ayuda de dos poleas fijas en el pavimento en cada lado de la andana. Un carrete alzaprima puesto en la extremidad del eje, fija el movimiento. Dos listones gruesos puestos verticalmente en las extremidades de los cañizos, y que vayan desde el piso al techo, les sirven de corredera para arreglar y fijar su posición vertical. Unos listones colocados en los ángulos de cada cuadro producen una pequeña separación cuando descansan los unos sobre los otros. (V. la figura en el número anterior.)

Sistema de andanas de Beauregard (Caminano).—Difiere poco del precedente. En vez de una polea con varios canales se emplea un aparejo de poleas. Los cañizos no tienen triángulo regulador y están pura y simplemente colgados al aparejo de poleas. En esta especie de andana hay el inconveniente de no poder arrimar la escala, y la dificultad de maniobrar con las cuerdas que pasan por las garruchas.

Sistema de andanas de Charrel.— Este autor ha atendido en la construcción del aparato a la fácil ventilación, a simplificar la limpia de las camas y a que las excreciones de los gusanos no caigan sobre los que están debajo.

Para facilitar la ventilación entre los zarzos, los inclina hasta 4o grados. Para simplificar el destecho se mueven los cañizos haciendo un movimiento de báscula con el que el superior destecha el inferior en muy poco tiempo. El embarazo de la subida del gusano a hilar, las perjudiciales consecuencias de las excreciones de los gusanos al hilar sobre los que todavía están comiendo, le han obligado a admitir el medio de aislarlos unos de otros y reunirlos sin tocarlos, en bojas que hay preparadas. Con ayuda de la inclinación de los zarzos, colocadas las bojas en el momento en que la mayor parte de los gusanos trata de subir a la parte superior de los zarzos inclinados, se reúnen los gusanos que comen todavía en la parte inferior de cada cañizo no ocupada por el emboje. Desde este descubrimiento el modo de embojar ha dado un gran paso.

Este método de embojar, que depende de la construcción particular de los cañizos, puede aplicarse tanto a los zarzos fijos, como a los movibles.

Las andanas de Charrel consisten en dos piezas principales de 8 a 10 centímetros de diámetro, fijas en el suelo y en el techo, llenas de agujeros, a 33 centímetros de distancia. Entre estas dos piezas o montantes, se hallan los zarzos, de dos muros de longitud y uno de ancho. Los zarzos son de un enrejado de alambre o de listones de madera o de cualquiera otra materia. Estos cañizos están puestos unos encima de otros, fijos por un travesaño sujeto en su centro longitudinal, el cual termina por dos goznes que vienen a los agujeros, y allí se afirman. Estos zarzos así sujetos por su centro, pueden fácilmente replegarse sobre sí mismos como las hojas de una persiana. Para asegurarlos a una distancia igual y regularizar su movimiento, están sujetos por cada extremidad por un listón, el que también está agujereado a una distancia regular de una tercera parte de metro. Unos pequeños agujeros reciben cada uno un pequeño clavo que se asegura en el borde del zarzo y le fija. Este listón está fijo a los cañizos superiores e inferiores por un tornillo de madera. Dos pequeños ganchos, partiendo del montante, sostienen un zarzo y mantienen a todos en posición horizontal o inclinada según el lado a que se quiere que se dirija.

Cada regulador (que así se llaman los listones), debe tener un puntal en la parte inferior y superior para poder inclinar la andana a los dos lados a voluntad. El movimiento de cada zarzo puede verificarse aisladamente; basta arrancar los dos tornillos que lo aseguran al listón regulador, y queda así libre para inclinarse a un lado o a otro sin que la andana deje su posición. Este movimiento es necesario para mudar la cama a los gusanos, como ya hemos dicho. Los lados de cada zarzo están guarnecidos de pequeños ganchos destinados a asegurar los hilos de la red que forma el cañizo cuando un lado se vuelva hacia arriba y otro hacia abajo; posición que se da al zarzo para el deslecho. Este método de andanas es muy económico, tres montantes o pilares sirven para dos andanas. La facilidad de dar a los zarzos la inclinación, favorece la ventilación y corriente del aire ambiente entre los zarzos, ventaja que no tienen los cañizos horizontales.

Sistema de Poitiers.—La simplificación del deslecho es lo que se ha propuesto su inventor. Cada andana se compone de cuatro pilares; lo que sirve de zarzos es una tela sin fin, arrollada en dos cilindros, colocados en los dos extremos; uno de estos rodillos está guarnecido de un manubrio para imprimir a la tela el movimiento que necesita el acto del destecho. De un pilar o monte a otro y de cada lado de la tela, se halla una tabla delgada, que forma el cuadro del zarzo, y sirve para impedir que se salgan los gusanos y que caigan. Entre las dos telas se hallan igualmente de trecho en trecho unos listones al través destinados a sostener la tela en donde están los gusanos; además estos listones o travesaños impiden que la tela haga bolsas. Este método de andanas no ofrece las ventajas que se ha querido suponer; para el deslecho se necesitan más personas que por los sistemas anteriores.

José Echegaray.


  1. Véanse los números 21, 22 y 23.