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Sentencia del TOF 3 dictada en el caso del atentado contra la AMIA el 29 de octubre de 2004 (160)

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  • TÍTULO I. LA CAUSA POR EL ATENTADO
    • CAPÍTULO VIII. La instrucción judicial
        • E) Actividad informal y subrepticia del Estado
          • 3) Lejtman


El periodista Román Lejtman dio cuenta en el debate del interés de algunos funcionarios del Gobierno Nacional en obtener una declaración de Telleldín que precise a quien le entregó la camioneta.


Indicó que uno de ellos, al conocer que la oferta económica que le había formulado a Telleldín, junto con su colega Kollmann, en procura de editar un libro con su versión de los hechos, no había sido aceptada por el imputado, le propuso que el gobierno solvente la diferencia entre lo que iba a pagar la editorial y lo que quería Telleldín, incluidos los honorarios; ofrecimiento que el testigo dijo no haber aceptado, por lo que el libro no se publicó.


Al serle requerido el nombre del funcionario del Gobierno Nacional, Lejtman prefirió no revelar su fuente periodística; criterio que, tras la incidencia suscitada, el Tribunal, por mayoría, avaló.


Raúl Kollmann, por su parte, refirió en la audiencia de debate las tratativas que mantuvieron, junto con Román Lejtman, a fin de escribir un libro con la confesión de Telleldín, quien se había comprometido a ratificarla luego ante el juez Galeano. Para ello, indicó, se había buscado la conformidad de Rubén Beraja, el juez Galeano y José Allevato de la S.I.D.E.; incluso, dijo, creyó recordar que se había hablado con los fiscales Mullen y Barbaccia, dado que no se quería interferir en la investigación; aclaró que ninguno de los nombrados encontró obstáculos para emprender esa tarea.


Explicó el periodista que el noventa por ciento de las negociaciones las llevó adelante su colega Lejtman y que en ese marco intentó comenzar el libro, dado que todos decían que sí. A raíz de ello se reunieron con Stinfale en el bar “Filippo” y ante su insistencia por emprender el cometido, Román Lejtman le comentó que debían ser “cautelosos, cuidadosos, tomémosnos nuestro tiempo”, percibiendo a partir de ese momento “que alguien estaba, que había algo detrás que yo no conocía, de que había otra cosa, de que había alguien con negociaciones que yo desconocía y tuvimos un lío en esa... yo cuando me enojo me enojo, tuvimos un lío muy fuerte en esa confitería y, desde entonces, el libro dejó de existir para mí, incluso tuvimos un distanciamiento con Román” (sic).


Precisó el testigo Kollmann que por el libro les pagarían $40.000, a dividir entre los dos, suponiendo que la plata la pondría la editorial, sin saber en ese momento cuál, debido a que Lejtman se encargó de las negociaciones, enterándose luego que la editorial era “Sudamericana”.


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