Recordación Florida/Tomo II Libro XV Capítulo III

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CAPITULO III.


De la administración y doctrina deste pueblo de Chimaltenango, y los tejares y otras particularidades deste excelente valle.

Desde lo muy primitivo de las conquistas y reducción deste Reino, administra este pueblo de Chimaltenango y los de los tejares la esclarecida y ejemplarísima religión de Santo Domingo, con notorio aprovechamiento de las almas destos indios; pues cuando á esta verdad tan notoria quisiera oponerse la malicia, la propia devoción y crianza política y racional que experimentamos en los indios deste partido y la ostentación y culto aseo y decencia religiosa y cristiana de sus templos son padrones y testimonios incorruptibles y claros. De esta acreditada notoriedad y en que se debe entender trabajarían y trabajarán, para instruir á quienes en otro idioma que el nuestro es necesario hacerlos capaces en las cosas pertenecientes á nuestra santa fe católica, y pues es tan estimable en todas las naciones la educación de la juventud en sus propios idiomas ¿cuánto más en ésta de tan áspera y extraña pronunciación? siendo de advertir que siempre en esta doctrina están y han estado ocupados religiosos muy graduados y de muy ejemplar vida. No me introduzco ni divierto con que si hubo un religioso que porque azotó á un indio gobernador, lo promovieron ó suspendieron la canónica, y por este motivo se dió á el clero. Habíase á los principios librado una provisión para que los religiosos doctrineros pudiesen castigar á los indios sobre los defectos que tuviesen en aprender la doctrina cristiana, cuya fecha es de Goathemala á los 16 del mes de octubre de 1560 años, tiempo en que los religiosos de Santo Domingo la necesitaron para el catequismo de las provincias de Chiapa y Verapaz, con cuyos religiosos habla el despacho de la Audiencia real; pero por muchos excesos que se cometieron, los mismos Prelados mandaron con graves penas, que los religiosos no castigasen á los indios por si, ni por sus fiscales, ni aun por defectos de la doctrina; con que á la verdad hoy los indios en esta materia y en lo demás están sin cultivo y muy sobre sí. Fr. Luis de Mesa fiaba en esta y otras provisiones para el castigo de los indios, pero le salió mal. Mas después de largo y reñido litigio veo vuelta esta doctrina á la religión por determinación del Real y Supremo Consejo de las Indias, cuyos decretos tengo y venero por justísimos para pensar que, pues se le volvió la administración, está y estuvo allí bien colocada.

En lo dilatado deste valle se mantienen y hallan sitos otros pueblos de no menor crecimiento de habitadores y indios vecinos; pues son muy acreditados y conocidos Comalapa, Pacisia, Parramos, Itzapa, Patzón, y Tecpangoatemala; cuya situación se mira más arrimada á la parte occidental, con grande aparato y ostentación en todos de muy excelentes casas de cabildo, conventos y templos admirables: cuyo pasto espiritual desde lo primitivo y en tiempo de la conquista está á el cuidado vigilante de la religión edificativa, ejemplar y docta de mi patrón San Francisco; cuya regular administración es como cumplida igual en todas partes donde tienen cargo de almas, no sólo en el cuidado de la educación de los indios, en que como especial y vigilante resplandece su cuidado y caritativo esmero, pero pasa como único y particular el celo de defender sus agravios: no siendo menos aventajado el esmero en el ornato y decoroso aliño de sus templos, así en el decente y costoso aspecto material de sus ilustres fábricas, como en lo que resalta la bizarría y riqueza de sus adornos sagrados; emulando en lo abundante de la plata y bordados de frontales y casullas á las iglesias más ricas desta ciudad. Atribúyese esta providencia grande á la vigilancia y celo de los ministros y á lo numeroso de los pueblos y opulencia de los indios; pues ha habido algunos entre ellos que ha hecho el costo á tres frontales, casulla y dalmáticas, capa de coro y paños de atril y púlpito, de materia tan rica y costosa como el terciopelo carmesí, con bordaduras de realce de plata y oro fino; y con otros iguales y ricos ornamentos resplandece y campea la gloria de Dios y deseos fervorosos de sus fieles.

Son estos pueblos sobrados y abastecidos de mantenimientos, para el sustento ordinario y propio y para distribuir crecida copia de ellos por venta cotidiana á esta ciudad de Goathemala y otros pueblos menos abastecidos, de maíz, frísoles, garbanzos, jamones, manteca, pollos, gallinas, capones, codornices, conejos y otras cosas; siendo todos en su temperamento siempre variados y refrescados de lo puro y saludable del Norte, por lo descubierto y libre de su horizonte, con perpetua sanidad de sus habitadores, así por la pureza de los vientos como por lo enjuto de su terreno. Es abundante país de ligeras y delgadas aguas que redundan descaecidas á el valle en que hoy está fundada esta ciudad de algunos de sus ríos, bien que se halla cercado de barrancas, cuyas quiebras y profundidades hacen menos hermoso y deleitable lo espacioso de su llanura.

Los indios destos pueblos son, como decíamos, muy devotos, muy dados á el culto de la Iglesia y veneración de los santos, en que esmerados resplandece y resalta en ellos la eficacia y cariño con que abrazaron y admitieron la fe de Jesucristo; pues sólo en plumas varias de regocijo, con que adornan las andas ricas de sus Guachibales, pareciendo cada una una copiosa y matizada selva, tienen tanto costo de empleo que llega su cálculo á muchos millares de pesos; no habiendo día del año que quede hueco sin Guachibal deste santo ó del otro, que celebra nuestra Madre la Iglesia, que ellos no celebren con procesión, sermón y misa, de más ó de menos arancel en la limosna, según la grave solemnidad del día; que este es Guachibal: teniendo en sus habitaciones sitio y casa aparte con no despreciables adornos y culto de humos aromáticos y de matizadas flores donde está colocada la imagen del santo que cada familia celebra. En estos pueblos no es más ni es menos que en los otros del valle en cuanto á la costumbre asentada de los Guachibales, excepto en los de corto número de vecindad, mas se celebran los que según su posibilidad les permite; habiendo entre ellos indio que celebra al año todas las venerables y gloriosas festividades de la Virgen Santísima María Señora nuestra: devoción y ejemplo que aun entre españoles muy devotos resplandeciera como adorno y virtud maravillosa, y fuera digna de la inmortal memoria de la historia, y es más loable y heroica en estas gentes; pues de los padres pasa como herencia á los hijos, y así se van sucediendo de una generación en otra sin que jamás falte esta devota piedad en la familia que le dió principio, porque se continúa por herencia con la posesión de las tierras, casas y otros bienes que quedan por muerte de los mayores, mirándola no sólo como obligación, sino como rica alhaja y preciosa joya habida en el derecho y porción hereditaria. Y es así que las virtudes son los bienes verdaderos y que su resplandor alcanza á los sucesores, y en quien posee la virtud, se sigue gran consecuencia de nobleza, así se ve que los que asisten á estos sagrados cultos con las expensas de sus propios caudales son los más nobles y sobresalientes caciques de los pueblos; habiendo en cada Calpul, ó linaje de los conocidos por principales, cuatro ó cinco Guachibales repartidos en los de más lucido y asegurado caudal, y que en la duración de la vida temporal aventajan á los demás. En el pueblo de Amatitlán conozco y conocen muchos á D. Juan García, indio sacristán, que desde su puericia sirve aquella sacristía, que cuenta hoy ciento diez años de edad, gozando en su familia más número de ochenta descendientes suyos.