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SENADO CONSERVADOR

pleta satisfaccion." El señor auditor Montenegro dijo a un oficial: "Molinas no puede jamas salir mal, jamas, pues habló con justicia, i obró mui en el órden; si otros lo hubiesen hecho así, no se habrian ido tantos godos como se han ido. Ahora, si el Tribunal lo quiere mal i quieren juzgar discordias i vengarse de antipatías políticas, es cuenta aparte; pero no hai lei ni razon que lo condene mal." A mí me parece se ha hecho total abuso de la Constitucion, cap. I, arts. 2.º, 6.º i 17, cap. II, art. 7.º, cap. III, arts. 1.º i 22, pues así lo ha esperimentado el recurrente. ¡Ah! Señores Excmos., si en la tierra no hai justicia que la ampare i la proteja, no faltará tiempo en que el Dios de los Ejércitos la haga, i castigue cuantas iniquidades se han hecho. Excmos. Señores, mi delito contra los señores que ahora son vocales del Tribunal Militar fué porque no les quise dar dos caballos. Estos dos señores se hallaban en aquel entónces de comandantes de mi batallon núm. 3, llamados don Mariano Larrazábal i don Laureano Cuenca. Esta falta fué suficiente para haber criado dos enemigos i el suplicante inocente. El dia de la retirada de nuestro Ejército de Concepcion a la Florida, 5 de Enero de 1818, venia el recurrente con una division de ochenta soldados i dos oficiales sosteniendo la retirada de nuestro Ejército por la ala izquierda. Dicho dia a las cuatro de la mañana me fué preciso e irremediable el estrecharme con las guerrillas enemigas de Alarcon, Mendoza i Contreras en el paraje llamado Rafael, que Dios mediante i Nuestra Madre i Señora del Cármen i mi acostumbrada intrepidez i sagacidad, merecí derrotarlos completamente, quedando tumba en campaña, para mis glorias, treinta i un cadáveres, entre ellos el capitan Insulsa i porcion de heridos que me consta tuvieron, entre ellos su comandante Alarcon, quien se libró por la asperidad de la montaña, dejando sí el caballo ensillado que sirvió para el señor comandante Escalada en circunstancias que se hallaba a pié. Esta memorable jornada me dió ochenta caballos ensillados, sesenta mulas aparejadas i la mas parte cargada de todos víveres bucólicos, trescientas cabezas ganado vacuno que los derrotados tenian preparado para conducir a Ta1cahuano, sin olvidarme de porcion de toda especie de armas i dos cargas de municiones de fusil. Mi pérdida fué la de un muerto, un herido i cuatro caballos estropeadísimos. Todo lo referido fué conducido a la Florida i entregado al Excmo. Supremo Director del Estado actual, como lo puedo acreditar por el orijinal oficio que en mi poder conservo. Conforme fué esta accion fueron las de Guaro, Quínel i la Raya, ventajosísimamente a beneficio de nuestras armas. Esto era en medio de la confusion de nuestra retirada a Talca. I visto los señores Larrazábal i Cuenca que el Omnipotente ponia por su parte la proteccion a mi abono, se criaron enteramente mas i mas mis enemigos, pues les decian a otros oficiales: "Si ese catalan no muere ha de llegar a ser un Jeneral, pues tiene disposicion, i es lástima porque al cabo él es europeo i estos no merecen mas que balas."

Las tres acciones arriba referidas me dieron treinta i siete mil cabezas ganado ovejuno i mil novecientas vacuno, doscientos setenta caballos i muchos de éstos ensillados, como tambien cuarenta i seis mulas i las mas aparejadas, todo lo cual en la ciudad de Talca fué entregado al señor Juan Albano por órden del señor Excmo. actual Director; i vistos los padecimientos por dicho Señor de mi tropa i en particular de los casados que vinieron con sus familias, tuvo a bien mandar les repartiese una vaca a cada uno de los indios casados, que ascendieron al número de 25. —Entregadas las tropas a sus cuerpos, fueron los soldados de mi batallon (en circunstancias que el recurrente se hallaba enfermo), a proclamar sus sueldos a los señores Larrazabal i Cuenca, i les contestaron: "fórmense", i cargando un fusil con bala el señor Larrazabal les dijo: "todos los que han militado bajo órdenes de Molinas i Freire i me piden sus sueldos los mato a palos", i luego lo ejecutó con los infelices Arroyo, Maldonado i un Monteros. —Sabedoras sus mujeres, se quejaron al Director Supremo i les dijo: "yo lo remediaré". —A los tres dias de mi llegada, a pesar de hallarme enfermo, por el conducto del capitan Rencoret me llamó i me dijo en el primer saludo: "Ud. es un pícaro, un cobarde; Ud. i Freire han perdido las fronteras. Yo he de dejar de ser Larrazábal o le he de quitar a Ud. el empleo i lo he de fusilar". —I le contesté: "Ud. es, señor comandante, mui precipitado; no sirve para jefe. El empleo que tengo lo he ganado derramando sangre, por lo que ni Ud. ni otro como Ud. es capaz de cumplir lo que dijo porque, si fuera de hombre a hombre, necesito seis como Ud." I calló, i me volvió a decir: "Cuidado con Larrazabal, porque lo he de fusilar a Ud." I entónces me fuí. Este lance lo presenció el señor Cuenca i mi esposa. —Lo hice presente al Supremo i me dijo: "déjalos, que todos ellos son unos cobardes". —La noche de la Cancha Rayada, si no hubiese sido por el suplicante, se pierde todo el Ejército, pues el único que quedó en el Campo de Marte con solo ciento ochenta i dos soldados de mi batallon núm. 3, i los señores oficiales capitan Sandoval, alférez Pastorízar i Gauna, fuimos los únicos que sostuvimos el fuego (mandado hacer por el mismo Director actual). Mi comandante Lopez con los demas oficiales i tropa se dispersaron, i éste se vino a Chile a reunir el batallon (propio de un hombre de honor i cobarde). En aquel acto i a fuerza de sagacidad, valor, gritos i sablazos, merecí, acompañado de dichos oficiales, reunir mas de seiscientos hombres de distintos cuerpos. Testigos oculares, el capitan del núm. 7 Gundian i su comandante Conde i el señor edecan, único que vide, Aguirre. —El señor Larrazábal pasó a