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Ósculo tropicalEditar




Y penetramos en el bosque, mudos,

en un cálido colmo de demencia;

nuestras manos en haz, como dos nudos

hechos de amor, temblaban de impotencia.


Y caímos de súbito embriagados

de voluptuosidad en las malezas;

y con los ojos húmedos, cerrados,

se confundieron nuestras dos cabezas.


De un divino manjar mi boca hambrienta

busco el botón colmado de rocío

de tu boca dulcísima y sangrienta.


Se hundió en tu boca el seco labio mío,

y el beso reventó como revienta

la ola airada en el peñón bravío!