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Escena IIIEditar

JULIÁN, AMELIA y DOÑA LIBERATA.

JULIÁN .- (Desde afuera.) ¡Qué oscuridad!... Esto es una boca de lobo...


AMELIA.- ¡Julián!... ¿Y ahora cómo hago?


DOÑA LIBERATA.- No lo dejés entrar... Con cerrar esta puerta... (Intenta cerrar pero en ese instante aparece JULIÁN.)


JULIÁN.- Buenas noches... ¿Iba a alumbrarme?... No se incomode... Pasó el peligro... Casi me he roto el alma en un escalón... ¿Qué tal, china?... ¿Se le pasó el enojo?...


AMELIA .- ¿Qué quiere usted aquí?... ¿No tenía suficiente con las que me ha hecho pasar?


JULIÁN.- ¡Ah!... ¿Te dura el estribillo?...No seas pava, mujer... Tenés que alegrarte conmigo... No pasó nada, che... Después que vos te empinaste, vino un vigilante y todo... Puede irse a dormir no más, vieja... Aquí no la precisamos...


DOÑA LIBERATA.- Usted es el que no hace falta, ¿me entiende?...


JULIÁN.- Lindo, lindo!... ¿También usted está estrilada?...¡Qué divertido!... Me parece que aquí hay que empezar a proceder de justicia rápida...


AMELIA.- ¡Julián, Julián!... Mandate mudar...


JULIÁN.- ¿Irme? Ni pienso, hijita... Estoy muy bien acá...


AMELIA.- Por favor... Tené compasión de mí... Andate; volverás mañana cuando estés más tranquilo... Yo no puedo verte así... Ya te lo he dicho. No me mortifiques más... que demasiado me has hecho sufrir...


DOÑA LIBERATA.- ¡Qué tanto suplicar!... ¡Faltaba otra cosa!... Si no quiere irse se llama un vigilante y se acabó...


JULIÁN.- ¡Un vigilante!... ¡Un vigilante!... Estás arreglada, vieja. Cualquier día se mete un vigilante en mi casa... Mira... Toma estos cinco pesos y andate a dormir... ganarás más...


AMELIA.- ¡Oh!... ¡Esto ya pasa de los límites! ¡Fuera de acá!... ¡Cobarde!... ¡Canalla!... ¡Fuera!...


JULIÁN.- No grites, mujer... Si no pienso llevarte el apunte... Mira si sos mal agradecida... Yo podía haberme quedado allá con los amigos y ya lo ves, me vine a consolarte... (Deteniendo a DOÑA LIBERATA que trata de salir por el foro.) ¿Ande vas, che, vieja?... ¿No te mandé que fueras a dormir?...


AMELIA.- (Interponiéndose.) Sí, sí... Váyase, mamá... Vaya... tenga paciencia... No es posible... (La acompaña hasta la puerta izquierda. Luego, a JULIÁN.) Vamos... Aquí estoy... Hacé lo que se te antoje...


JULIÁN .- ¿Ves?... Me gusta verte así... ¿Qué ganás con andar con partes?... Andá preparando unas copas que vamos a tomar champagne... ¡Fíjate!... (Sacando una botella del bolsillo.) «¡Cordon Rouge»!... En el coche los muchachos traen tres botellas más... ¡Y quién sabe todavía si alcanza!... A ver... Somos cinco...


AMELIA.- ¡Cómo!


JULIÁN.- ¡Claro! Ricardo, Jorge y Lisandro... tu marido...


AMELIA .- Oh!... Julián...


JULIÁN.- Hicimos las paces y chupamos juntos... ¡Está tan borracho! Después, los muchachos que son unos locos lo convencieron de que debía venir; y el muy desgraciado aceptó no más... Espérate; voy a buscarlos...


AMELIA.- No, Julián... No... ¡Salvaje! No... ¡Oh!... ¡Qué horror! ¡Qué horror! ¿Qué ha pasado en el universo para que sucedan estas cosas?... ¡Yo me vuelvo loca!... No... No... Yo me encierro. (Intenta cerrar la puerta del foro.) ¿Para qué?... ¡la echarían abajo!... ¡Oh!... (Corre desolada y se encierra en su habitación.)