Abrir menú principal

Los deseos ridículos (Trad. J. Coll y Vehí)

encabezado


LOS DESEOS RIDÍCULOS.


Si ménos discreta fueras,
El divertido y ligero
Cuento que contarte quiero,
De mis labios no lo oyeras.

La materia es algo rara,
Porque trata en conclusion
El cuento, de un salchichon,
Y de un salchichon de á vara,

«¿Salchichon? ¡Jesus, qué horror!»
Diria una remilgada

De esas para quien no hay nada
Como los cuentos de amor.

Pero tú, que con tal gracia
Decir sabes lo que cuentas
Y á la vista lo presentas
Con singular eficacia,

Tú, que sabes que del modo
De contar, más que del tema,
La belleza de un poema
Depende, y el arte todo,

Has de oir con tu sonrisa
Y tu bondad natural
Un cuento, en que la moral
Anda en cuerpo de camisa.




Érase un buen leñador,
De cortar leña aburrido,
Que de vivir tan molido
Iba perdiendo el humor.

«¡Cielo impío! nunca oiste
(El muy bellaco exclamaba
Cuando la murria le daba)
La voz de mi pecho triste.»

Andando en este mal juego
Un día en el bosque el tonto,
Salió Júpiter de pronto
Con su látigo de fuego.

Al verle, dió el hombre un brinco,
Y con el pelo erizado,
De rodillas prosternado,
Clamaba con grande ahinco:

—¡Señor, gran Señor, perdon!
Aparta el rayo temido.....
Nada quiero, nada pido.....
Soy un zopenco, un bribon.

—Reponte, exclamó el Tonante:
No quiero, nó, que de injusto
Puedas tacharme: tu gusto
Verás cumplido al instante.

Desea, y los tres primeros
Deseos que más le plazcan,
No bien de tus labios nazcan,
Quiero hacerte valederos.

Mira que segun escojas
Tu suerte vas á labrar.....
¡Cuidado pues con tomar
El rábano por las hojas!

¡Agur! Y sin decir más,
Al Olimpo en una nube
Se fué el Dios, sube que sube,
Con majestuoso compás.

El patan con alegría
La leña al hombro cargaba,
Y el haz que tanto pesaba
De pluma le parecia.

Y pensaba caminando:
«¡Eh! vamos con tiento, Blas.
¡Prudencia! Se lo dirás
A tu mujer en llegando.»

En casa gran batahola
Mueve ya, gritando: —¡Chica!
¡Manolica! ¡Manolica!
Ya semos ricos, Manola.

Pide, pide. De esta hecha.....
Pide cuanto se te alcance.»
Y á su mujer contó el lance
Desde la cruz á la fecha.

—¡Alto, Blas! seamos cuerdos,
No hagamos un mal fregado,
No digan que se han echado
Margaritas á los cerdos.

Calla, que en boca cerrada
No entran moscas. Esperemos;
Deja que lo consultemos
Primero con la almohada.»

Blas con su mujer convino,
Que habló como un Salomon,
Y en señal de aprobacion
Le dijo:—Tráeme vino.»

Al dulce amor de la lumbre,
El cuerpo al descanso dando,
Cavilando, cavilando,
Se echó al coleto una azumbre.

Y en el vaso el ojo fijo,
Y en el respaldo ambos codos
Apoyando, así con todos
Sus cinco sentidos dijo:

—En tan solemne ocasion,
Manola, bien me petara
Como cosa de una vara
De picante salchichon.»

Tal dijiste: de repente
La mujer, un grito dando,
Ve acercarse serpenteando
Un salchichon reverente.

Y conociendo aterrada
Que la vision era efeto
De aquel deseo indiscreto,
Dándose al diablo, irritada,

Con vocablos nada cultos
Y ademan descomedido,
Descargo contra el marido
Una andanada de insultos.

—¡So cuadrúpedo! decia:
Pudiendo tener collares
De perlas á centenares,
Plata, y oro, y pedrería,

Palacios, coches y trenes,
Y esa fealdad quitarte,
O emperador coronarte,
¿Con salchichones te vienes?

—¡Calla, mujer! fué locura,
Rebuzné como un rocin....
¡Calma! No es tan grave al fin
Mal que con hablar se cura.

—¡Misté qué linda embajada!
¡Salchichon! ¿eh ? ¡Vaya un chiste!
Lo que tú pedir debiste
Es un costal de cebada.»

Nuestro hombre, ya furibundo,
Sintió en su magin bailar
El proyecto de enviar
Su mujer al otro mundo.

Y, acá inter nos, yo no sé
Si el proyecto vergonzante
Fué una idea extravagante, O
un gran pensamiento fué.

—¡Basta, basta de sermon!
Dijo al fin: tanta parola
Me revienta.... ¡Dále bola!
¡Qué posma de salchicha!

Ojalá Dios ¡mal pecado!
Para que así no molieras
Que ya el salchichon tuvieras
De las narices colgado.»

No tuvo á fe que instar mucho:
No bien el pico cerró,
Pegado en la nariz vió
El salchichon larguirucho.

Pesada encontró la broma;
Porque al fin marido era
De una mujer hechicera,
Ni nariguda ni roma.

Mas templó su descontento
El ver que la nasal cola
En la lengua de Manola
Ponía entorpecimiento.

Que al fin y al cabo, no poca
Ventaja encontraba, en ser
Marido de una mujer
Con un candado en la boca.

Luego para sí decia:
«De un deseo dueño quedo.
¡Ánimo! de un golpe puedo
Hacerme rey todavía.

Mas, Blas, ¿por comer perdices
Y á troche moche mandar
A Manola has de dejar
Con su vara de narices?

¡Pobre Manola! mi trono
Potro fuera para tí.....
Nó, no se dirá de mí
Que pudo tanto el encono.

Más que me pese ¡pardiez!
Verme ya descoronado,
En caso tan apurado
Tú misma sé parte y juez.

Implora de Dios la ayuda,
Y ve lo que más te peta
Entre leñadora neta
O princesa nariguda.»

Manola, aunque bien sabía
Que en el mundo engañador
De una diadema al fulgor
Parece hermosa una arpía,

Preciada de su palmito,
Hizo renuncia formal
De su tálamo real
Y del nasal sambenito,

Prefiriendo en conclusion
Quedarse (y su gusto abono),
Sin salchichon y sin trono,
Que con trono y salchichon.

Y el leñador precisado
A hacer tan mezquino empleo
De su último deseo,
Dió al traste con el reinado.

Ni llenar pudo al redaño,
Ni á ser rey jamás llegó,
Ni marqués, y se quedó
Tan leñador como antaño.


No debe el hombre en el suelo
Necios deseos formar.....
¡Cuán pocos saben usar
De los favores del cielo!



pie