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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.



LXXVIIIEditar

LLUVIA DE ARENAEditar

Corán II 66, V 83, IX 32, LXI 18. [1]

Si Dios escatimándonos la lluvia
nos hurta el agua de frescura llena,
es para que del páramo la arena
usemos en bautismo; arena rubia

cual la que azota en la abrasada Nubia
el simún. Es el Sol el que almacena
la fé de fuego ardiente en nuestra vena,
y nos da un arenal por cada zubia.


Y contra los impíos que pretenden
la luz de Dios soplando con su boca
matar y con su vana ciencia ofenden

nuestra salud, los de soberbia loca,
contra esos perros, mientras no se enmienden,
toda lluvia de arena será poca.

S. 19 X 10.


Referencias

  1. Ver explicación en Epílogo y notas.