Abrir menú principal


ESCENA IIIEditar

MÓNICA e ISIDORA

MÓNICA. -¡Ah, muchacha!... Muchacha traviesa... ¿Lo has visto? En un segundo me hizo pasar toda la luna...¡Y qué rabia tenía!... Gringa desalmada...

ISIDORA. -La verdad que en la situación de ustedes es una herejía no pagarles el trabajo.

MÓNICA. -Quitarnos la comida de la boca... ¿No te parece?

ISIDORA. -Claro está...

MÓNICA. -Y si vieras... Todos son así... Desde que estamos en la mala, el vecindario entero vuelve la cara. ¿Te acordás de la turca aquella que vivía en el altillo, a quien le llevamos caldo, pan y mil cosas, cuando estaba enferma?... ¿Que nos besaba la mano y lloraba de agradecimiento?... Bueno... ahora está casi rica, gana lo que quiere pidiendo limosna...

ISIDORA. -¿Cómo?

MÓNICA. Sí, pidiendo limosna con algunos hijos alquilados, pues... ¿querrás creer que las otras noches fui a pedirle una vela prestada y me la negó?... Una miserable velita...

ISIDORA. -¡Qué barbaridad!...

MÓNICA. -Y la familia del 3 y el vigilante del 5, y la mujer del encargado... ¡Ah! Ya ni nos saludan... ¡Sinvergüenzas!...

ISIDORA. -Debían tratar de mudarse...

MÓNICA. -¿Con qué, hijita, con qué?... Gracias que nos aguanten todavía aquí... Y eso no sé si durará... Tenemos ya la orden de desalojo, pero como Raúl debe cobrar esta tarde en los mensajeros, esperamos contentar al encargado...

ISIDORA. -¡Menos mal!...