Historia XIV:La Corte


El rey de Francia tenía siempre a su alrededor un contingente numeroso de servidores que se llamaban la casa del rey (véase cap. 1). Luis XIV la aumentó mucho. Su casa comprendía 3.000 personas, repartidas en servicios.

La capilla real, dirigida por el gran limosnero, se componía de dos capellanes y varios limosneros.

El gran maestre de Francia tenía a sus órdenes los siete oficios, cada uno formado por un personal de servidores mandados por un dignatario que era siempre un gran señor:

1.º La panatería y repostería real, dividida en dos secciones: una, a cargo del gran panatero, encargada de preparar el cubierto del rey, el pan, las frutas; otra, a cargo del copero mayor, para preparar el vino, el agua y la servilleta del rey;

2.º La cocina, compuesta de pasteleros, guarda-vajilla, pinches, cocineros, «encargados de los asados, de la sopa, todos dedicados a la cocina del rey;

3.º La panatería común;

4.º La bodega común;

5.º La cocina común para los convidados del rey;

6.º La frutería;

7.º La leñera, encargada de proporcionar el combustible.

El gran chambelán dirigía el personal de la cámara, los cuatro gentileshombres de cámara, los 24 pajes de cámara, los ujieres de antecámara, los lacayos de cámara, los porta-mantos, encargados de recoger el sombrero y los guantes de Su Majestad, los barberos, que peinaban y afeitaban al rey y le enjugaban el sudor cuando había jugado a la pelota, un cirujano-dentista, ocho tapiceros, tres relojeros, seis mozos de cámara, ocho portadores de lechos.

El gran maestre del guardarropa dirigía a los lacayos y mozos del mismo, a los sastres, a los intendentes de la platería.

Había también un personal dedicado especialmente al gabinete del rey, —otro para la música de cámara, —otro de médicos, —otro de montería y de halconería para la caza, —sin contar el cuarto militar formado por varias compañías de jinetes.

Luis XIV no tenía afición a París. Vivió en un principio en los castillos de los alrededores, en Saint-Germain, en Fontainebleau, luego se mandó construir el palacio de Versalles, y en él se estableció y trasladó su gobierno en 1682.

Luis XIV quería tener a su alrededor gran muchedumbre de gentes. La Corte, formada por señores de visita cerca del rey, llegó a ser más numerosa. Luis XIV conocía a todos los señores de su reino, y todos los días miraba cuidadosamente quiénes estaban presentes. No concedía jamás puestos ni favores sino a los que veía con frecuencia, y se negaba a dar nada a los que no aparecían en la Corte. Cuando para ellos se le pedía una plaza, respondía: «No le conozco» o «Es persona a la que no veo nunca». Así obligó a todos los señores de Francia a ir a vivir a Versalles para hacer la corte al rey.

El único medio que un noble tenía de hacer fortuna era estar bien en la Corte. No se iba solamente a ella para pedir al rey dinero o puestos, era honra muy ambicionada ser admitido en la Corte, porque se necesitaba ser noble, no se admitía a los del estado llano. Cuando el rey quería castigar a un cortesano, le ordenaba volver a sus tierras y le prohibía figurar en la Corte.

Luis XIV, en tanto fué joven, gustó mucho de los placeres. Dió grandes fiestas, carruseles, fuegos artificiales. Le agradaba el teatro. Se divirtió justando en los carruseles y danzando él mismo en los bailes. Pero, al tener más edad, adoptó un género de vida más solemne. Como amaba el orden, arregló su vida día por día. Cada uno de los actos del rey, el de levantarse, las comidas, el acostar se, fué una ceremonia a la que toda la Corte asistía como a un espectáculo. En el reglamento que escribió en 1681, cuando se estableció en Versalles, el momento de levantarse, de las comidas, de acostarse el rey, se describen con todo pormenor.

He aquí, por ejemplo, cómo se reglamenta el acto de levantarse. —Cuando el rey se despierta, el primer ayuda de cámara abre la puerta y da entrada a los íntimos del rey, a sus hijos, a su médico, a su cirujano, es lo que se llama la entrada familiar.— Luego el rey dice al ayuda de cámara que llame a la gran entrada, y entonces se abre la puerta a los grandes dignatarios, a los chambelanes, a los primeros gentilhombres de la cámara, la gran maestre del guardarropa, al boticario mayor, a los barberos. El rey está todavía en el lecho. El ayuda de cámara coge un frasco de espíritu de vino y lo vierte en las manos del rey (era entonces la manera de lavarse). Se le ofrece una pila de agua bendita, el rey moja una mano en ella y recita una oración.

En este momento el rey salta del lecho y se calza las zapatillas. El gran chambelán le pone el traje de cámara, y el rey se sienta en un sillón. Entonces se llama a la primera entrada, de que gozan los grandes señores, a quienes el rey ha dado licencia de entrada, favor que es muy buscado. Los lacayos del guardarropa se acercan para vestir al rey.

Un ujier se llega a decir al oído del primer gentilhombre de cámara los nombres de los grandes personajes —embajadores, obispos, duques, gobernadores— que esperan para ser recibidos. Se repiten sus nombres al rey, y el rey ordena que entren. Es lo que se llama las entradas de cámara.

Se empieza a vestir al rey. Un criado lleva la camisa caliente, y la entrega al primer gentilhombre de cámara, que la presenta a un gran personaje, por lo común un pariente del rey, el cual la entrega a éste. En tanto el rey se la pone, dos ayudas de cámara tienen extendida la bata para taparle. Un maestre del guardarropa le quita la camisa de dormir, un criado le presenta la manga derecha de la de vestir, otro la izquierda. Luego el rey se levanta del sillón, el maestre del guardarropa le ayuda a levantarse las calzas, los lacayos le llevan la espada, la chupa y el cordón azul. Luego un lacayo trae la casaca, y el gran maestre ayuda al rey a ponérsela. Traen corbatas en un cesto, el rey elige una y el maestre del guardarropa se la pone. Otro criado trae tres pañuelos en un platillo, y el rey coge uno. El maestre del guardarropa lo ofrece el sombrero, los guantes y el bastón. Cuando el rey está vestido, va a arrodillarse delante de su lecho reza una oración y dice a qué hora oirá misa.

Lo mismo está reglamentado el acto de acostarse el rey. Designa cada día a un gran personaje, príncipe o señor principal, a quien quiere hacer el honor de tener la palmatoria. Un gran señor también, presenta al rey la camisa de dormir.

En Versalles, el rey recibe a los cortesanos en las grandes salas, una fila de piezas enormes, la mayor, la Galería de los espejos, de 72 metros de larga por 10 de ancha y 13 de alta. Las paredes están cubiertas con grandes espejos que adornan trofeos de cobre dorado, los muebles son de plata maciza, cincelada. Por la noche se encienden los candelabros. Toda la Corte se reúne tres veces a la semana, de las siete a las diez. Las damas principales rodean a la reina. Sólo las duquesas tienen el derecho de sentarse en un taburete, el resto permanece de pie.

Luis XIV era aficionado a jugar al billar. Pero se jugaba sobre todo a juegos de azar y se cruzaban grandes cantidades. El hermano del rey perdió un día 100.000 escudos. Luis XIV perdió en seis meses un millón de libras. Le gustaba ver jugar una gruesa suma a una sola carta.

Aquella vida de Corte, reglamentada por un ceremonial riguroso, acabó por hacerse monótona y triste. Los cortesanos, obligados a permanecer de pie horas enteras en la antecámara, tenían aspecto cansado y cohibido.