Historia Verdadera del México Profundo/10

​Historia Verdadera del México Profundo​ de Guillermo Marín Ruiz
La Educación

10. LA EDUCACIÓN.

La educación representó uno de los pilares más sólidos e importantes de la civilización del Anáhuac. El trabajo milenario civilizatorio que desarrollaron de generación en generación, no habría sido posible sin un excelente sistema educativo que, no sólo mantuviera las bases rectoras del proyecto original, sino que inculcara en los hijos de sus hijos, los conocimientos, principios, valores y el objetivo abstracto de su civilización de manera constante a lo largo de varios miles de años. La educación en el México antiguo fue obligatoria y gratuita.

“Ninguna cosa más me ha admirado, más digna de alabanza, que el cuidado y orden que en criar a sus hijos tenían los mexicanos. Porque entendiendo bien que en la crianza e institución de la niñez y juventud consiste toda la buena esperanza de la república, dieron en aportar a sus hijos de regalo y libertad que son dos partes de aquella edad y en ocuparlos en ejercicios provechosos y honestos.” (Joseph Acosta. 1962)[1]

La educación en el México antiguo fue uno de los pilares de la civilización del Anáhuac y la familia su génesis. En efecto, la educación que se daba en el núcleo familiar fue el profundo cimiento de estos pilares. Los niños y los jóvenes estaban expuestos a bases morales y éticas a través de milenarios principios y valores que buscaban formarlos en las actitudes y valores ante la vida, el mundo, la familia, el trabajo, la sociedad, lo divino y lo sagrado.

El padre y la madre, los abuelos, los tíos y la familia en general, nutrían amorosamente a los niños en el círculo extenso de la familia. Es por ello que los términos “cencalli y cenyeliztli” expresan cabalmente la importancia de la familia y la educación. Literalmente cencalli significa en lengua náhuatl: “la casa entera o el conjunto de los que en ella viven”. Existe una dualidad indivisible en la cultura de ayer y de hoy de los mexicanos entre familia y educación. Cenyeliztli significa: “estado o naturaleza de los que viven entera y conjuntamente en una casa”. Las Instituciones.

Existían tres instituciones básicas; el Telpochcalli[2] o “Casa de los jóvenes”, para la instrucción básica de los niños y jóvenes; el Cuicacalli[3] o la “Casa del canto”, donde aprendían con “Flor y canto” (entendida como sabiduría y belleza[4]) a expresar su inconmensurable fuerza espiritual a través del arte. Finalmente el Calmécac o “La Casa de la medida”, centro de altos estudios, en donde se formaban a los sacerdotes, los administradores y los dirigentes.

La educación se iniciaba en casa y el niño era el centro de atención y afecto de toda la familia. Se le proporcionaba todos aquellos cuidados llenos de ternura que la familia podía darle, pero cumpliendo siete años se le enviaba al Telpochcalli y entraba a un sistema de férrea disciplina, estricto orden y escrupulosa jerarquía. A las niñas y a los niños se les trataba por igual en cuanto a la disciplina. El sistema educativo era del tipo “espartano” y se les preparaba para “la guerra interior” (Período Clásico).

A los niños y jóvenes de ambos sexos, se les enseñaba no sólo las ciencias, como las matemáticas, astronomía, biología o las artes como el canto, la música y la danza; además de aprender a hablar correctamente; “leer” y pintar sus códices, los maestros les enseñaban a unos a sembrar y cosechar la tierra, a edificar, tallar, tejer y moldear. A las otras, a sembrar, cocinar, curar, criar, cultivar plantas, tejer y bordar. El espíritu de la educación en el México antiguo era, “Formar un rostro propio y un corazón verdadero” en los niños y jóvenes.

El Calmécac[5] era una institución a la que podían asistir sólo los más destacados. Los jóvenes que iniciaban su preparación en los antiguos y secretos conocimientos de los Viejos Abuelos, les llamaban “Guerreros”. Así se les llamaba porque tenían que emprender la lucha más difícil que un ser humano puede enfrentar. La lucha consigo mismo; la batalla para derrotar “al enemigo interior”. Esta guerra se hacía a base de “Flor y canto”, que representa la sabiduría, la filosofía y el arte. El guerrero tenía como objetivo “Florecer su corazón” y darse como alimento a sus seres queridos. Bella metáfora, donde la “Guerra” es usada de manera simbólica, biófila[6] y espiritual. Los guerreros se preparaban para la muerte simbólica al mundo material y con ello lograr llegar a la vida eterna del Espíritu. Este concepto era tolteca del período clásico. Los mexicas, como veremos posteriormente transgredieron estos principios como base de su expansión imperialista (Periodo Postclásico).

Estos “Guerreros de la libertad total” eran llevados a los centros de conocimiento. Por ello se entiende que las llamadas zonas arqueológicas del período clásico; no eran ciudades, ni centros ceremoniales, ni fortalezas, ni palacios o panteones. Seguramente eran en cambio, centros de conocimiento de una sabiduría, que hoy en día, nos resulta muy difícil comprender, pero que le podríamos llamar “ingeniería-energética”, pues se investigaba la vida y el mundo a través de campos de energía. Estos centros de investigación y conocimiento, estaban alejados de la vida cotidiana de las comunidades. Sin embargo, los venerables maestros enseñaban la religión y la sabiduría, tanto a los sacerdotes y administradores de los pueblos; como a los jóvenes más destacados que salían del Calmécac y que eran enviados a estos lugares antiquísimos y misteriosos a convertirse en “frutos florecidos” de su civilización.

“Testimonio de profunda reflexión son éstos, herencia la más antigua que, en materia de educación, proviene del México indígena. En el hogar y en las escuelas se escucha la antigua palabra. Era ella la lección atesorada de quienes ejercían el magisterio en los Telpochcalli, “casa de jóvenes”, y en los Calmécac, “hilera de casas” para la educación superior....En varios de los códices o antiguos libros de pinturas y caracteres jeroglíficos del México antiguo aparece la figura del temachtiani, el maestro, cuyos atributos coinciden en muchos aspectos con los de otro personaje cuya figura se idealiza y exalta en varios textos en náhuatl de la antigua tradición nativa. Este personaje es el tlamatini, el sabio. El significado etimológico de tlamatini guarda también relación con el que tiene la palabra temachtiani. Tlamatini es “el que sabe algo, el que conoce las cosas”. A su vez temachtiani es “el que hace que los otros sepan algo, conozcan lo que está sobre la tierra” y, en fin, aquello que puede llegar a vislumbrar el hombre.

Los que ejercían la profesión de tlamatini, “sabio”, eran precisamente quienes tenían a su cargo la preservación y transmisión de los testimonios de la antigua palabra.” (Miguel León Portillla. 1991)

Las normas sociales tuvieron que ser muy sólidas, para estructurar y mantener un proyecto socio-espiritual por miles de años y que ha sabido sobrevivir, en lo más esencial hasta nuestros días. En efecto, si tomamos como ejemplo Monte Albán en la cultura zapoteca de Oaxaca.

Se supone que la construcción se inició en el año 500 a.C. y fue abandonada aproximadamente en el año 850 d. C., lo que implica tres cosas: un trabajo permanente y descomunal en la construcción (la materia), con un proyecto arquitectónico que no cambió en lo fundamental (siempre se usó para lo que se diseñó).

En segundo lugar, que se mantuvo una misma línea de pensamiento filosófico y religioso a lo largo de 1350 años aproximadamente.

Y en tercer lugar, que contó con un sistema alimentario, social y educativo que permitió éste prodigio. Esto resulta verdaderamente sorprendente, pues solo una sociedad con sólidos principios éticos, morales y religiosos, pudo mantener y realizar un proyecto social tan grandioso a un alto costo de la energía social y con un gran esfuerzo, mantenido por muchas generaciones al parecer de manera inalterable. Monte Albán no fue un hecho aislado en el Anáhuac, cientos de las llamadas ahora “zonas arqueológicas” proliferan en el territorio nacional. Los valores creados por la sociedad del México antiguo, son los cimientos en que descansa “El México profundo”[7] del que nos habla Guillermo Bonfil.

“Es admirable que en esa época y en ese continente, un pueblo indígena de América haya practicado la educación obligatoria para todos y que no hubiera un solo niño mexicano del siglo XVI, cualquiera que fuese su origen social, que estuviera privado de escuela.” (Jacques Soustelle. 1955)[8]

El lector encontrará en este párrafo del investigador francés, en principio admiración, pero inmediatamente una actitud colonizadora y de supuesta superioridad, pues dice que es admirable que en América (y no en Europa) y sobre todo “un pueblo indígena” (y no el pueblo francés), tuvieran en el Siglo XVI (cuando muy probablemente el sistema educativo nació con los olmecas, antes de la era cristiana) este tipo de educación (obligatoria, gratuita y extensiva a toda la población), que en Europa solo se logró hasta el Siglo XX.

La primera escuela pública nació en Italia en 1596. La educación popular en el Anáhuac seguramente tiene sus orígenes en el advenimiento de la cultura olmeca, tres mil años antes que los europeos. La confianza en la educación es una de los legados más importantes de los Viejos Abuelos que conforman el México contemporáneo.

“Para poder penetrar siquiera un poco en los ideales de la educación entre los nahuas, es necesario partir de otra concepción suya fundamental. Nos referimos al modo como llegaron a considerar los sabios nahuas lo que llamamos “persona humana”... “vuestro rostro, vuestro corazón. Obviamente se designa con estas palabras a la persona del interlocutor. Hallamos esto no en casos aislados, sino con gran frecuencia, es decir en la casi totalidad de los discursos pronunciados de acuerdo con las reglas del que llamaban los nahuas tecpilatolli, o sea, -lenguaje noble o cultivado-.
In ixtli, in yóllotl, -la cara el corazón-, simboliza siempre lo que hoy llamaríamos fisonomía moral y principio dinámico de un ser humano. Y resulta interesante notar, aunque sea de paso, el paralelismo que existe en este punto entre la cultura náhuatl y la griega.” (Miguel León Portilla. 1980)

En la rica literatura que conserva fragmentos luminosos del pensamiento antiguo, podemos encontrar luces que nos pueden orientar en cuanto a este vasto acervo de herencia educativa que conforma la esencia del “Ser mexicano”. En el Códice Matritense[9] de la real Academia, se puede leer:


“El hombre maduro:
corazón firme como la piedra,


corazón resistente como el tronco de un árbol;
rostro sabio,
dueño de un rostro y un corazón,
hábil y comprensivo”.

Pero en la lengua náhuatl, que es un universo milenario se encuentran conceptos muy puntuales sobre la educación, que nos revelan un mundo muy rico en donde nuestros antepasados pusieron mucho énfasis. En efecto, para poder conocer una cultura se requiere percibirla desde la óptica de su cosmovisión y en el caso de la lengua: desde su “cosmoaudición” como afirma Carlos Lenkersdorf.[10] porque los pueblos anahuacas de ayer y de hoy, hablan desde el corazón.

Por ejemplo, la palabra –ixtlamachiliztli- que implica la acción de dar o trasmitir sabiduría a los rostros ajenos nos habla del proceso de enseñanza-aprendizaje o itech netlacaneco que significa “Humanizar el querer de la gente”. Los antiguos mexicanos no sólo tenían instituciones públicas educativas como el telpochcalli, cuicacalli o calmécac, sino que dentro de la civilización del Anáhuac, la educación era en sí misma una institución, columna fundamental en las que se sostenía la sociedad anahuaca. De otra manera no se puede entender mil años de esplendor y siete mil quinientos de continuo desarrollo humano.

El Maestro.

Otro aspecto muy importante de la educación fueron los maestros. El maestro encarna los preceptos mismos del “rostro propio y el corazón verdadero”. El maestro era un guía comunitario, más allá del aula, porque el maestro de todos los tiempos educa con el ejemplo de su propia vida. El maestro –temachtiani- en lengua náhuatl es definido en el Códice Matritense de la manera siguiente:


“Maestro de la verdad,
no deja de amonestar.
Hace sabios los rostros ajenos,


Hace a los otros tomar una cara,
Los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías,
Les da su camino,
De él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros,
Los hace cuerdos y cuidadosos,
Hace que en ellos aparezca una cara...
Gracias a él, la gente humaniza su querer,
Y recibe una estricta enseñanza.
Hace fuertes los corazones,
Conforta a la gente,
Ayuda, remedia, a todos atiende”.

De la capacidad, talento y actitud del maestro dependerá el buen desempeño de las instituciones educativas y de ellas, dependerá el potencial y permanencia de cualquier civilización o cultura. Las bases de una persona, familia o civilización están en la alimentación, la salud, la organización y la educación. No podemos concebir la grandeza del Anáhuac, de sus monumentos, obras de arte o sus extraordinarios conocimientos y sus incontables logros, sin el sistema de educación que por lo menos estuvo operando de manera permanente a lo largo de 30 siglos antes de la invasión y destrucción europea. Y tampoco podemos negar la herencia que sigue viva y latente en el ser de la cultura contemporánea de México. Lo que se requiere es despertarla, activarla para reorientar nuestro camino.

“ - El solo análisis lingüístico de cinco términos nahuas con que se describe en el texto ya citado la figura del maestro o temachtiani, constituirá el más elocuente comentario acerca de su misión dentro del mundo náhuatl.
Es el primero, teixcuitiani: “que-a-los-otros-una-cara-hace-tomar”. Magnífico ejemplo de lo que hemos llamado –ingeniería lingüística náhuatl-. Está compuesto de los siguientes elementos: el prefijo te- (a los otros); el semantema radical de ix- (tli:rostro); y la forma participal cuitiani (“que hace tomar”). Reunidos estos elementos, te-ix-cuitiani significa a la letra (el que) “a-los-otros-un-rostro-hace-tomar”.
El segundo término es te-ix-tlamachtiani: “que-a-los-rostros-de-los-otros—da-sabiduría”. De nuevo indicamos los elementos que lo conforman: te (a los otros)-; ix (tli: rostro o rostros); tlamachtiani (el que hace sabios, o hace saber las cosas). Reunidos los diversos semantemas, te-ix-tlamachtiani vale tanto como “el-que-hace-sabios-los-rostros-de-los-otros”.
Tercer término: tetezcahuiani: “que-a-los-otros-un-espejo-pone-delante”. Compuesto de te (a los otros)-; tézcatl (espejo), palabra de la que se deriva tetezcahuani : “que espejea”, o pone delante un espejo. La finalidad de esta acción claramente se indica al añadir en el texto citado que obra así, para que se vuelvan “cuerdos y cuidadosos”.
Cuarto término: netlacaneco (itech): “gracias a él, se humaniza-el-querer-dela-gente”. Se aplica al maestro, diciendo que itech (gracias a él); ne (la gente); tlacaneco (es querida humanamente). Este último término es a su vez compuesto de neco (forma pasiva de nequi: “querer”) y de Talca (Tl) “hombre”.
Quinto término: tlayolpachivitia: “hace-fuertes-los-corazones”. Compuesto de tla-prefijo de carácter indefinido que connota una relación con “las cosas o las circunstancias más variadas”; yól (otl: corazón); pachivitia (hace fuertes). Reunidos pues los diversos elementos: tla-yol-pachivitia significa precisamente “con relación a las cosas, hace fuertes los corazones”.
Tal es el significado de estos cinco atributos del maestro náhuatl.” (Miguel León Portilla. 1980)

El concepto de la educación.

El concepto de la educación del Anáhuac consistía en “Formar rostros propios y corazones verdaderos” en los estudiantes, por lo cual no se limita al aspecto académico solamente. Iba mucho más allá, a lo profundo de los sentimientos y de la psique personal y colectiva. El aspecto moral y ético de la educación es el que hace “Florecer el corazón”. El concepto de “Humanizar el querer” implica educar los sentimientos y las actitudes de los estudiantes. Esto se corresponde con uno de los principios más elevados de la civilización anahuaca, que es la de compartir la responsabilidad con la divinidad en cuanto a “Mantener y humanizar al mundo”.

La educación que recibían los antiguos mexicanos, desde la casa, el calpulli, el templo y la escuela estaba sustentada en sólidos principios éticos y morales, pero fundamentalmente se les educaba para servir a la comunidad.[11] En efecto, el servicio a la comunidad como la acción de mayor reconocimiento social, explica en gran parte la continuidad de las culturas y la dimensión monumental de sus obras. Es muy importante apuntar este valioso hecho que sigue vivo, como una herencia cultural, en las comunidades indígenas y campesinas del México contemporáneo. Educarse para servir y mandar obedeciendo legados irrefutables de nuestra milenaria herencia cultural indígena.

“Existían en México muchos calmécac, cada uno de ellos anexo a un templo determinado. Su administración y la educación de los jóvenes o de las doncellas dependía del Mexicatl Teohuatzin, -vicario general- de la iglesia mexicana. Por el contrario, cada barrio tenía muchos telpochcalli, cuya administración corría a cargo de los telpochtlatoque, -maestros de los mancebos-, o si se trataba de mujeres, de las ichpochtlatoque, -maestras de las doncellas-, que son funcionarios laicos y no religiosos.” (Jacques Soustelle. 1955)

En la actualidad, es muy común que se confunda la educación con la instrucción. La educación es un proceso que se inicia con el nacimiento y termina con la muerte. La educación comprende la trasmisión de valores, principios, sentimientos, actitudes, que les permiten a las personas orientar su vida de manera integral a través del “equilibrio”. La instrucción o educación académica en cambio se desarrolla en un periodo determinado de vida y consiste en la trasmisión de una serie de conocimientos que le permiten al estudiante insertarse en la vida productiva de la sociedad y lograr la autosuficiencia.

Muchos de los herederos de la cultura de los Viejos Abuelos no han podido ir a las escuelas a “instruirse” y otros no saben leer ni escribir, pero la mayoría tienen una elevada educación, en la que los valores éticos y morales les permiten acceder a una elevada calidad de vida. Ángel María Garibay traduce del náhuatl un hueheutlatolli en donde se explica la tarea del maestro y nos permite vislumbrar el valor moral de la educación.

“Comenzando a enseñarles:
cómo han de vivir,
cómo han de obedecer a las personas,
cómo han de respetarlas,
cómo deben entregarse a lo conveniente, lo recto,
y cómo han de evitar lo no-conveniente, lo no recto,
huyendo con fuerza de la perversión y la avidez.
Todos allí recibían con insistencia:
La prudencia y la cordura”.

Como hemos dicho ya, la educación no se circunscribía únicamente a la escuela. La casa, el calpulli, la familia era tal vez el centro e inicio del sistema educativo de los antiguos mexicanos. A los niños desde recién nacidos hasta los siete años se les trataba con mucha ternura en casa. Pero cuando asistían al Telpochcalli su educación se volvía muy estricta y disciplinada. El concepto de las instituciones educativas es que debían ser autosuficientes. Motivo por lo cual se les asignaba tierras de cultivo del calpulli,[12] para que los propios alumnos y maestros prepararan la tierra, sembraban y cosechaban. Hacían producir los huertos, explotaban racionalmente los recursos naturales, pescaban, cazaban y recolectaban. Pero también construían y les daban mantenimiento a sus edificios y jardines. Producían sus enseres, herramientas, telas y vestido, según la región y los recursos. El concepto es que al hacer autosuficiente a las escuelas, los alumnos aprendían a hacerse autosuficientes para llevar un hogar. La enseñanza era de mayores a menores y muy disciplinada.

“Se les enseñaba cuidadosamente
los cantares,


los que llamaban cantos divinos;
se valían para esto de las pinturas de los códices.
Les enseñaban también la cuenta de los días,
El libro de los sueños
Y el libro de los años”.
(Códice Florentino)

Como se sabe, todas las actividades de los Viejos Abuelos estaban íntimamente relacionadas con los aspectos religiosos de su cultura. La educación no era la excepción. Los estudiantes combinaban el estudio académico, con la productividad, la religión, el deporte y el arte. Pero fundamentalmente lo que se trataba de exaltar y fortalecer eran sus valores morales y éticos. Los principios de servicio a la comunidad, mantenimiento de sus prácticas religiosas, tradiciones y costumbres, obediencia a los padres, maestros y autoridades. La templanza de carácter, el dominio de sí mismos, la fortaleza de su cuerpo y la convicción en sus ideales que aprendían los jóvenes en el sistema educativo, fue proporcional y un reflejo de las grandes proezas culturales que realizó la civilización del Anáhuac a través de sus diversas culturas en tiempo y espacio.

La antigua palabra.

Entre los textos que se han preservado sobre la educación a los hijos tenemos los llamados “Huehuetlatolli” o la palabra antigua, que eran trasmitidos y guardados celosamente de generación en generación. Muchos de estos discursos siguen en el corazón de los pueblos del México indígena y de alguna manera sobreviven en las costumbres y tradiciones de los pueblos mestizos. Leeremos un fragmento del discurso de un padre a su hija:

“Pues ahora, mi niña. Oye bien, mira con calma; aquí está tu madre, tu señora, de cuyo seno y entrañas te despegaste, te desprendiste; como una plantita, como una yerbita te alzaste, echaste hojas, floreciste; como si hubieras estado dormida y despertaras.
Mira, escucha, entiende, así son las cosas en la tierra. Ni vivas de cualquier modo, no vayas por donde sea. ¿Cómo vivirás, por dónde has de ir? Se dice, niña mía, palomita, chiquita, que la tierra es en verdad lugar difícil, espantosamente difícil.
Sábete que vienes, que desciendes, que naciste de gente noble, que eres espina y púa, de nuestros señores, los que nos dejaron, los que ya se fueron a quedar al otro lado, los que habían venido a cuidar la estera y la silla, los que dieron fama y gloria a la nobleza.
Óyeme, que en verdad te digo que eres noble, que veas que eres algo precioso, que aunque seas una muchachita, eres jade y turquesa. Joya fundida y labrada, roja sangre, aguja y púa, pelo y uña, fragmento y astilla de la nobleza. ¿O es que todavía no entiendes lo bastante, que todavía te estás jugando en el suelo con la tierra y tepalcates? Ya entiendes algo las cosas, las observas. No por sólo tu gusto te degrades, no avergüences por nada a nuestros señores, los señores reyes que nos dejaron al irse, no seas macehual, no acabes como macehual.
Vive en paz en la tierra, entre la gente, pues eres una mujercita; he aquí el trabajo que debes hacer: sé devota de noche y de día, suspirando muchas veces por el que es Noche Viento; suplícale mucho, llámalo a voces, abre tus brazos ante él en tu alcoba, al acostarte.
No le tomes sabor al sueño; despierta, incorpórate, levántate de pronto a la media noche, ve postrada sobre los codos y las rodillas, luego párate, haz tu inclinación y reverencia, llama a voces al señor, a nuestro señor, al que es Noche y Viento, pues él gusta de oírte por la noche; entonces tendrá piedad de ti, entonces te dará lo que mereces....”.
“En segundo lugar, he aquí lo que te aconsejo, lo que te suplico, criatura, hija mía, y que ya sabes muy bien: no avergüences a nuestros señores, de quienes desciendes, no eches polvo y basura sobre su tinta roja y negra, no avergüences en nada a la nobleza.
No quieras no más, enseguida, el trato carnal, ni saber las cosas que se dicen sucias, impuras, que aunque en verdad cambies, ¿Te harás por ello una diosa? No te des prisa a echarte a perder. Ve con calma, ve con mucha calma.” (Libro sexto del Códice Florentino)

Para tener una idea completa, ahora nos permitimos transcribir de los Huehuetlahtolli otro discurso. El que le da un padre a su hijo para fortalecer su educación: “Mi collar, mi pluma preciosa; como se forja el metal preciso, como el jade se horada, en la misma forma has sido forjado, has sido horadado. Soy dueño de collares, soy dueño de plumas preciosas, tengo hijos. Te diré unas palabras aquí junto a tu oído quiero atarlas. Quizás..., así quizás..., así no..., tal vez sólo tartamudearé, soy anciano, soy anciana. Sólo así a tu seno, a tu garganta acércalas mis palabras. Tú que eres mi pie, mi mano, el fruto de mis entrañas te afliges; eres collar, eres pluma preciosa, y eres cola, eres ala, eres gente común del pueblo. ¿A dónde viene aún un labio, una boca? ¿serás tú el que reciba el consejo? Haré que tragues, haré que comas jade, inculcaré en ti la palabra buena y sabia, para que no seas un cofre, una petaca, que sólo guarda las cosas. ¿Dónde aún vienen? En tu interior el Señor Nuestro esconderá el jade, la turquesa, lo decoroso, lo bello, lo que se esconde, lo que se guarda.
Y ya te das cuenta, te has corregido, no hagas tú mismo andar de puntillas a la gente. Y se afligen los que te echaron en el mundo, los que en él te dejaron, tus antepasados. ¿Acaso otra vez vendrán a hacerte comer, vendrán a hacerte beber lo dulce, lo sabroso, el rostro de la gente, el corazón de las personas? Y más, di lo que dicen el anciano, la anciana. ¿Por qué no es esto algo? Porque tengo sujetos a los que son sus manos, tus pies, a la gente que te sirve. Quizás así, quizás no así sea yo tu madre, sea yo tu padre, así te aconsejo. ¿Con esto me arrojarás, sólo así me empujarás, a mí que soy tu madre, a mí que soy tu padre?
Tú eres de jade, pluma de quetzal, con calma, con tiento vives gracias al Dueño de la cercanía y de la proximidad, al dador de la vida.
No con torpeza, no con tosquedad pases la vida. Aquí un día, dos días quizás aún te hará permanecer Aquél por quien se vive.
Ya sabes que el venado, cuando lo persigue, va asustado, no sabe que va a caer en la trampa donde morirá. ¿Y tú, acaso eres venado para que no sepas adónde vas? Porque te ha sido mostrado el camino que has de seguir, de tu arbitrio lo habrás consumado si lo pierdes. Como el árbol frutal que ya no reverdece, que ya no da retoños Îsólo da retoños, sólo da renuevos si resiste la helada , entonces del todo se marchita, así se seca. Y tú, si ya no reverdecieras, dieras renuevos cuando haya verdor, cuando haya renuevos, es porque de tu voluntad te has arrojado en la boca de las fieras.
¿Acaso con tranquilidad, acaso con calma se vive en la tierra? Esto es todo lo que así acerco a ti, a tu mano, a tu pie, a tu persona. Que sea así con tu mano, con tu rostro, con tu corazón, con todo tu ser. ¿Acaso una sola vez te haré comer, te haré beber mi baba, la espuma de mi boca? ¿Las palabras que yo te digo? Sólo esto es ya lo que escuchas, hijo mío.” [13] (Huehuehtlahtollo testimonio de la antigua palabra.[14] Miguel León Portilla. 1991)

La educación es una de las estructuras más importantes de toda cultura. En la educación se trasmiten los valores, principios, actitudes, gustos, sentimientos que le dan una “personalidad” a cada pueblo. Tal vez uno de los valores más importantes de la civilización del Anáhuac fue la importancia que le dieron nuestros Viejos Abuelos a la educación. La herencia educativa que tenemos los mexicanos se manifiesta en las relaciones familiares y comunitarias. El elevado respeto a los padres, el cariño a los abuelos, el mayorazgo, el compadrazgo. El volumen de la voz, las formas de cortesía verbal, los protocolos familiares, amistosos y sociales. La cortesía urbana, el respeto a la autoridad, el respeto a las tradiciones, fiestas, usos y costumbres. La relación mística y respetuosa con la naturaleza, el respeto a las formas religiosas. Muchos pequeños grandes detalles de nuestra milenaria forma de ser, tienen sus ancestrales orígenes en los procesos educativos que se fueron gestando, sistematizando y trasmitiendo a través de muchas generaciones, no sólo en los centros educativos, sino fundamentalmente en la vida diaria de la familia y la sociedad. Este legado no ha muerto ni está desaparecido, sólo es ignorado y en estado latente en los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos.

“Personalmente, tengo la grabación de un huehuehtlahtolli, cuyo contenido son recomendaciones de una madre a su hija, en todo semejantes a las que se expresan en textos transcritos en el siglo dieciséis. Me refiero a un huehuehtlahtolli que pronunció en 1969 una mujer originaria de la comunidad náhuatl de Santa Ana Tlacotenco (Milpa Alta,[15] México, D. F.)... Resulta digno de atención, por no decir asombroso, descubrir que hay narraciones contemporáneas en varias lenguas mesoamericanas que siguen de cerca temas de la “antigua palabra” y que a veces parecen “lecturas”, hechas casi quinientos años más tarde, de una página de un códice prehispánico.” (Miguel León Portilla. 1996)

La educación como una herencia.

Es cierto que la educación que hemos heredado los mexicanos de los Viejos Abuelos en las últimas décadas del siglo XX se ha ido perdiendo en la sociedad mexicana, sin embargo, todavía podemos encontrarlos en las comunidades indígenas y campesinas. Los cimientos y la raíz están sólidos y se encuentra vivos. Quinientos años de desvalorar nuestra educación ha dado sus frutos coloniales indudablemente. Pero no hemos perdido como pueblo y como civilización esta valiosa herencia cultural. Afirmamos que existe en todos los pueblos antiguos del mundo, un “Banco genético de información cultural”, que es trasmitido de generación en generación y viaja a través del tiempo en el inconsciente colectivo. Que está “ahí”, y que cuando se requiere, especialmente en momentos de contingencia, surge mágicamente de profundo, de manera contundente y de manera sólida. Aparentemente sin explicación alguna. Como la organización “espontánea” e inmediata en los sismos de 1985 en la ciudad de México.

Los mexicanos más pobres. Los que por generaciones no han podido estudiar, son los que más creen y respetan a la educación. Se quedan sin comer porque sus hijos vayan a la escuela. ¿Quién les enseñó esto? ¿Cómo saben que la educación es un proceso de mediano plazo y que garantiza la elevación de la calidad y el nivel de vida de las personas? Cómo lo saben, quién les enseñó que la educación es la única forma verdadera para superar sus deficiencias y limitaciones. Esta certeza profunda, este “conocimiento silencioso” guardado en la “memoria genética” es el resultado de 30 siglos de que nuestros antepasados vivieron en una sociedad escolarizada.

Transcribimos partes de una entrevista reveladora que le hace un periodista a un tlamatinime y que apreció en el periódico “Uno más Uno”, los días 19 y 20 de marzo de 1979. Sorprende encontrar en las respuestas del entrevistado, la permanencia de los conceptos filosóficos de la educación del México antiguo a finales del siglo XX.

“A unos cuantos kilómetros de Tollantazingo, rebautizada por los españoles como Tulancingo, y traducida del náhuatl como la pequeña Tula, en honor a la gran Tula de los toltecas, el tlamatinime (sabio) Ángel Xochimapictli Texcocano, descendiente directo de la rama femenina de Nezahualpilli, hijo de Nezahualcóyotl, manifestó que los movimientos telúricos que ponen en zozobra a los habitantes de esta parte del planeta, se debe a que "la tierra es un ser completamente vivo y mueve su corazón"... “En un despoblado que, salvo la presencia del sabio, no guarda nada de la antigua grandeza de la cultura indígena que floreció junto con los Atalantes de Tula, el tlamatinime comentó que el sabio y el brujo indígenas son los encargados de mantener viva "la visión del mundo de nuestros antepasados", diferenciando ambas actividades con éstas palabras: "El Teixtlamachtiani" –quién hace a los otros tomar una cara, una personalidad-, tiene la misión de acumular, conservar, transmitir el antiguo conocimiento de nuestros padres para nuestros hijos, mientras el tetezcauiani el brujo, quien pone un espejo delante de los otros, tiene el deber de conservar el secreto eterno de la vida"... “El sabio texcocano lee perfectamente el español, pero prefiere que se lo lean "para conocer la naturaleza de las palabras", y no escribe sus enseñanzas porque "ya un día los que vinieron quemaron nuestros códices, y desde entonces nuestros libros están escritos en la lengua y guardados en la memoria, para que sólo acabando a todos los hombres antiguos se pueda terminar con sus creencias"... “Van quinientos años tratando de destruir los cimientos del pensamiento antiguo. Han quitado piedra sobre piedra, nos han despojado de todas nuestras pertenencias, nos han destruido los templos, la tierra, la condición de hombres. Nos han vuelto reservados", dijo el viejo, dándole una entonación especial a la última palabra"... "Ser indio – expresó el sabio en otra parte de su charla-, en la tierra de nuestros padres es vivir desheredado. Ya nada nos pertenece y, sin embargo, todavía conservamos todo lo que era nuestro"... "¿Quiere usted decir que vivir en el interior del mundo es conservar los ritos, las costumbres, las tradiciones de sus antepasados? "No sólo eso – sentenció el anciano-, volviendo a tomar su asiento y su jícara de pulque. Hay muchos indios que son fieles a las tradiciones y ya están más muertos que vivos". ¿Entonces? Los niños y los adultos que hacían un círculo en torno al sabio, parecían tan expectantes como el reportero por conocer la respuesta. -lo importante es que el rito esté vivo en el corazón del indio. Aunque sus altares hayan sido destruidos, sus sacerdotes quemados, sus costumbres cubiertas con las cenizas de sus muertos, la Tierra existe y está abierta para quién es capaz de encontrar la rendija, el sendero de su corazón-." (Fernando de Ita. 1985)[16]

Los colonizadores para tratar de destruir la civilización del Anáhuac y mantener a sus hijos en un perenne estado de explotación, han tratado durante estos cinco siglos de desmantelar, prohibir y desvalorar las estructuras e instituciones de educación de los pueblos invadidos. No sólo las instituciones públicas, las cuales al momento de la conquista fueron uno de los primeros blancos de la barbarie, así como la persecución de sus maestros, sino a las instituciones no formales que se encuentran sosteniendo los espacios familiares, de trabajo y sociales. El colonizador sabe que en la medida de que el colonizado pierda los espacios públicos y privados de su educación, quedará indefenso y vulnerable. La ignorancia es la madre de todas las injusticias y la base fundamental de la colonización.

Deseamos terminar este capítulo, con un fragmento de un texto titulado “Una declaración de Independencia” con motivo del Cinco Centenario escrito por el Dr. Bonifaz Nuño, uno de los intelectuales más sólidos y uno de los grandes poetas de México, que contiene la aspiración de aquellos mexicanos que deseamos acabar con la colonización cultural y mental que sufre el pueblo de México:

“La raíz de los actuales mexicanos, insisto, es única. Lo confirma el color de la piel de la mayor muchedumbre de nosotros. Y ese color parece acompañarse de continuo con el peso de la ignorancia y, resultado inmediato de ésta, la miseria.
Ese nuevo llamamiento a la independencia habría de ser, en primer término, un llamado a la educación. A un modelo de educación en que se trate de suprimir todo género de admisión de la inferioridad que, a partir de la invasión de la irrupción europea, se nos ha querido achacar.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)


  1. Acosta, Joseph. Indias historia natural y moral. FCE. Méx. 1962.
  2. Telpochcalli (en náhuatl ‘casa de los mancebos’), eran centros en los que se educaba a los jóvenes del pueblo, a partir de los 15 años, para servir a su comunidad y para la guerra. A diferencia de los nobles que asistían al calmécac, los vástagos de los plebeyos, conocidos genéricamente como macehualtzin, asistían al telpochcalli. Estas escuelas para jóvenes se encontraban en cada barrio o calpulli.
  3. Danza azteca o actividad dancística de corte prehispánico que se practicó en la otrora ciudad de Mexihco-Tenochtitlan, perteneciente a la cultura Azteca o, más correctamente, Mexihca. Entre otras posibles causas, esta danza toma el nombre de azteca, por ser esta civilización mesoamericana, la última de mayor esplendor y predominio en el momento del contacto con los invasores españoles. Otra posible razón, es que fue la cultura mexihca la que, a través de sus instituciones como el Telpochcalli, el Cuicacalli y el Calmecac, impulsaron y consolidaron este arte dancístico, entre otras artes, en la sociedad de su tiempo.
  4. La flor es la expresión por excelencia de la belleza en todos los pueblos. La belleza viene entonces de la armonía y la armonía de “la medida”. Macuilxóchitl es entonces la perfección armónica de los cuatro rumbos de la existencia y el centro que los unifica y equilibra. En el Anáhuac la sabiduría se trasmitía a través de la poesía. La metáfora era el instrumento para hablar de lo innombrable. De modo que con “canto”, se nombra simbólicamente a lo que occidente conoce como filosofía.
  5. El Calmécac (del náhuatl calli 'casa', mecatl 'morador' y -c 'lugar') era la escuela para los hijos de los nobles aztecas. En esta escuela se les entrenaba para ser sacerdotes, guerreros de la élite, jueces, senadores, maestros o gobernantes, educándolos en historia, astronomía y otras ciencias, la medición del tiempo, música y filosofía, religión, hábitos de limpieza, cuestiones de economía y gobierno, y sobre todo, disciplina y valores morales. Había maestros especiales que les enseñaban la tradición, y leían y aprendían de memoria las historias ilustradas en los códices. La escuela funcionaba como un internado, donde los jóvenes vivían, dormían y comían. Con los aspirantes a sacerdotes su educación se enfocaba en la religión, e incluía rituales, cantos a los dioses e interpretación de los sueños. Los aspirantes a guerreros de la élite o a gobernantes recibían más entrenamiento militar y sobre asuntos de economía y gobierno.
  6. La biofilia es nuestro sentido de conexión con la naturaleza y con otras formas de vida de carácter innato y producto evolutivo de la selección natural que actúa en especies inteligentes cuya supervivencia depende de la conexión estrecha con el ambiente y de a apreciación práctica de las plantas y de los animales.
  7. “México profundo una civilización negada” Guillermo Bonfil Batalla. CIESAS/SEP. 1987
  8. Jacques Soustelle (Montpellier, Francia, 3 de febrero de 1912 - 6 de agosto de 1990) fue un político y etnólogo francés, especialista en las culturas mesoamericanas, llegó a ser director del Musée de l'homme en París en 1938. Antifascista, se alió a la resistencia francesa y al general Charles de Gaulle en Londres. Fue jefe de información y servicios de inteligencia. Fue Ministro de Información y después de las Colonias en 1945. Secretario General del Reagrupamiento del Pueblo Francés (RPF) de 1947 a 1951, llegó a ser Gobernador General de Argelia en 1955-56. Estuvo a favor de la integración de la comunidad musulmana en los entonces departamentos franceses. Soustelle contribuyó al retorno de De Gaulle al poder y fue Ministro de Información en 1958. En 1959, fue nombrado Ministro de Estado a cargo del Exterior.
  9. La versión más antigua del Códice Matritense, corresponde a material compilado en Tlatelolco en náhuatl. Tiene cinco libros e incluye 175 ilustraciones. Otra versión es el Códice de Madrid. Esta es una traducción muy fuertemente censurada por Sahagún del Códice Florentino, hecho para aplacar a las autoridades españolas
  10. “Aprender a Escuchar”. p. 23
  11. Ver: “Pedagogía Tolteca”. Guillermo Marín. www.toltecayotl.org sección libros.
  12. Cal-pulli. Término en lengua náhuatl aumentativo de casa. Etimológicamente significa “gran casa” y, por extensión, barrio o sector en el que viven personas ligadas familiarmente y por un trabajo determinado.
  13. Adaptado por el autor para un entendimiento más sencillo y actual.
  14. Huehuehtlahtolli: Testimonios De La Antigua Palabra. Author: Miguel Leon-portilla, Librado Silva Galeana. ISBN: 968163604X ISBN-13: 9789681636043
  15. Milpa Alta es una de las 16 delegaciones del Distrito Federal de México. Está situada en el centro del país y al sur del Distrito Federal. Limita al norte con las delegaciones Tláhuac y Xochimilco; al oeste, con Tlalpan; al oriente con los municipios mexiquenses de Chalco, Tenango del Aire y Juchitepec; y al sur con Tlalnepantla y Tepoztlán, municipios del estado de Morelos. Es la segunda delegación con mayor superficie en el Distrito Federal. Su cabecera es Villa Milpa Alta, única población urbana de la demarcación. Sus habitantes son llamados milpaltenses o milpanecos, aunque cada vez es más frecuente el uso del gentilicio milpaltense. Se concentran en las laderas del valle de Milpa Alta, una pequeña meseta entre el volcán Teuhtli y la sierra de Ajusco-Chichinauhtzin.
  16. Fernando de Ita (n. Llanos de Apan, Estado de Hidalgo, 1946), crítico de teatro y periodista mexicano. También ha escrito teatro y ha dirigido algunas de sus obras. Sus principales libros son los compendios de entrevistas Telón de fondo y El arte en persona. Ha sido colaborador de los diarios La Jornada (fundador), Uno más Uno, Excélsior y Reforma, además de publicaciones especializadas en las artes escénicas. Crítico, ensayista, investigador y autor.