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Historia I:Trasformación de la sociedad



La sociedad francesa venía estando dividida en un corto número de clases bien distintas, señores, caballeros, aldeanos. En el siglo XVI estas clases se subdividieron.

Los nobles eran legalmente todos iguales, y se llamaban todos gentiles-hombres, "hombres de alcurnia". El mismo Francisco I juraba: "¡a fe de gentilhombre!". Pero se habían establecido entre ellos diferencias que se marcaban por los títulos.

Los antiguos duques y condes, soberanos en una provincia, habían desaparecido, y ya no quedaban pares. Los señores que hasta entonces se llamaban solamente barón o sire, desearon un título superior. El rey empezó a conferirles los títulos de duque, marqués, conde y aun par, haciendo a sus tierras ducados, marquesado, condado. El título se trasmitía al hijo mayor.

Los señores que no recibieron estos títulos nuevos siguieron llamándose barones. Por bajo de ellos venían los caballeros. Legalmente, no habrían debido llamarse caballeros sino después de haber sido armados como tales. Un proverbio decía: "Ni siquiera los hijos del rey nacen caballeros". Pero la costumbre de armarse caballero se perdió en el siglo XVI, y el nombre vino a ser título que ostentaban los nobles de familias suficientemente ricas para considerarse superiores a los demás.

La mayoría de los gentiles-hombres tomaban el título de escudero, que usaban en otro tiempo los criados de los caballeros, haciéndolo así para distinguirse de los burgueses.

Los nobles llevaban, por lo común, el nombre del dominio primitivo de su familia, un nombre de terreno precedido de la preposición de. Se decía, por ejemplo: "Anne de Montmorency, Gaspar de Coligny". Pero había también familias nobles que se llamaban "Chabot", "Sanglier". Se citaba aún un gentilhombre, Jacobo Tezard, barón de Tournebut, que se ofendió porque se añadiese "de" a su nombre. Es, por tanto, un error considerar como signo de nobleza el "de" (que se llama impropiamente "la partícula"). Un noble podía no usar el "de", y muchas gentes tenían "de" sin ser nobles.

La mayor parte de los nobles vivían en el campo, de las rentas de sus tierras y de los censos que pagaban sus campesinos. Pero los que querían hacer fortuna iban a ponerse al servicio del rey o ingresaban en el ejército. Algunos, el duque de Epernon, el de Joyeuse, fueron favoritos del rey y llegaron a ser grandes señores. Desde mediados del siglo XVI, París estuvo lleno de hidalgos venidos del Mediodía, donde la nobleza era muy numerosa y tenía pocos medios de vida. Fueron llamados "los cadetes (segundones) de Gascuña".

La nobleza se trasmitía por el nacimiento y aumentaba por la antigüedad. Un hidalgo pobre, cuya familia era noble desde la época de las Cruzadas, se reputaba más noble que un señor rico descendiente de ennoblecidos.

Para seguir siendo hidalgo, era preciso vivir noblemente, es decir, sin trabajar. Si un noble ejercía un oficio, si era comerciante, procurador o notario, dejaba de ser noble, decíase que se degradaba. No se reconocía al noble el derecho de ganar dinero. El año 1525, el tribunal de Lisieux consideró degradado al padre de un almirante, porque había cebado bueyes en una de sus tierras para venderlos.

Por bajo de los nobles venían las gentes de las ciudades, los llamados burgueses. Este nombre, aplicado en otro tiempo a los habitantes de una ciudad cerrada no se aplicó en Francia, en el siglo XVI, más que a las personas bastantes ricas para no tener que dedicarse a trabajos manuales.

Los más ricos -que habían hecho fortuna en el comercio o logrado un cargo del rey- no se contentaron ya con llamarse burgueses. Se hicieron llamar nobles hombres, lo cual no quería decir que fuesen nobles.

Muchos compraron las tierras de nobles y tomaron el nombre de ellas, haciéndose llamar "Fulano, señor de tal lugar" (por ejemplo, Eyquem, señor de Montaigne). Sus descendientes acababan por confundirse con los gentiles-hombres. Los que se acercaban al rey, se hacían dar ejecutorias de nobleza y venían a ser ennoblecidos.

Los antiguos nobles no consideraban a estos últimos como sus iguales, los llamaban golillas (gentes de toga). Pero los ennoblecidos, para confundirse con los gentiles-hombres, se hacían llamar escuderos.

Creóse así, entre la nobleza y la burguesía, una clase intermedia. Hízose mucho más numerosa por la venalidad de los cargos, que dio origen a gran cantidad de oficiales de Hacienda y de Justicia. Eran burgueses que tenían dinero y que compraban las tierras de los nobles.

La burguesía inferior se dividió a su vez en grados. Los más considerados eran los financieros, encargados de percibir las rentas del rey o de prestarle dinero, y los propietarios de tierras y de casas que vivían del arriendo de sus bienes. En estas familias de propietarios se escogían los alcaldes y síndicos que administraban las ciudades. A la misma clase pertenecían también los armadores, propietarios de barcos, y los banqueros en las ciudades donde había comercio.

Estaba prohibido el préstamo con interés, pero, cuando el rey hubo creado rentas, los burgueses las compraron; algunos vivieron del interés de este dinero, y se les llamó rentistas.

Por bajo de los ricos burgueses venían los que habían hecho estudios, los abogados graduados en Derecho, los médicos, los profesores y los doctores de las Universidades, -los leguleyos, notarios, procuradores, abogados, escribanos, llamados "gentes de toga"-. Se consideraba también como burgueses a los mercaderes, sobre todo a los pañeros, los boticarios, merceros y especieros, porque eran más ricos y trabajaban menos que los artesanos. Se calificaban ellos "de hombre honrado" o burgués.

Todos los colocados en situación inferior, ya no eran considerados como burgueses. Venían primero los empleados inferiores de los tribunales, porteros de estrados, alguaciles, tasadores, pregoneros, luego los artesanos, es decir, los dedicados a trabajos manuales.

Los artesanos empezaban también a dividirse en dos grupos: los maestros (patronos) y los compañeros (obreros).

Se consideraba como los últimos de todos los braceros a los que se ganaban la vida con su trabajo sin ser miembros de un oficio, los cargadores, carreteros y jornaleros.

En el siglo XVI, la sociedad francesa estaba ya dividida en un número de grados mayor que ninguna otra sociedad. Francia era ya el país donde la burguesía tenía más poder y donde había mayor número de funcionarios.