Heráldica, Parte II

El Museo universal (1858)
Heráldica, Parte II.
de J. R. D.

Nota: se han modernizado los acentos.

Cascos y coronas heráldicas

HERÁLDICA [1].


II.

DE LOS CASCOS, YELMOS O CELADAS.

Según prometimos en nuestro artículo anterior, vamos a tratar de ilar a conocer las principales reglas para la inteligencia de esta parte esencial de los escudos, y tanto, que basta ver en ellos su simple colocación, para conocer desde luego la nobleza o bastardía de quien los lleva.

El uso de colocar las armas en las antiguas panoplias, el escudo en el centro y el casco encima, así como el de llevar distintivos sobre el mismo casco, en la guerra y en los torneos, debió dar sin duda origen a que en las armas o blasón de nobleza, se colocase en la parte superior el yelmo o celada.

No vamos a ocuparnos aquí de las diferentes clases de celadas y yelmos que han venido usándose según su objeto y la distinta época en que se llevaron: no estamos ocupándonos de la historia del arte, sino de dar a conocer el significado de esta parte esencial de las antiguas armaduras colocada sobre el escudo, que encierra en su misterioso lenguaje, la gloriosa historia de los que lo ganaron.

Al ocuparnos de los yelmos, celadas o cascos, debemos para proceder con más claridad tratar de las diferenles partes del casco mismo, puesto que cada una tiene su significado propio.—Asi examinaremos

1.° Todo lo que se refiere a la materia del casco y a su forma.

2.° La parte superior del mismo o cimera.

3.° Del modo con que deben ser colocados sobre los escudos.

Y procedemos con tal método, por más que se nos lache de didácticos, porque es el único modo de exponer con claridad las reglas deducidas de la práctica en el conocimiento de la heráldica, sobre uno de sus puntos más importantes y en que más discordes andan los inteligentes.

1.° La materia de que eran batidos los cascos o celadas, variaba según la clase de persona que había de llevarlo sobre sus armas: así es, que se emplea el oro, la plata y el acero bruñido, con arreglo a la calidad de los nobles. La celada de oro era solo distintivo propio de reyes y príncipes soberanos, y así es que en el escudo de las de España, el casco es de oro, grabado y forrado interiormente de terciopelo carmesí.—Los príncipes y duques no soberanos, los condestables, los almirantes, los generales de ejército, gobernadores de provincia, chancilleres y otros grandes señores que tienen cargos elevados, la llevan de plata con la visera, la delantera y la bordura clavadas de oro. Igualmente pueden llevar celada o casco de plata sobre sus armas, con los referidos adornos de oro, los marqueses, condes, vizcondes, barones y nobles, que han ejercido empleos militares de importancia o desempeñado mando y jurisdicción; pero las de estos y las de los barones son de plata bruñida y no mate.

En cuanto al uso de las celadas de acero, es propio de todas las demás clases de hidalgos y nobles que tienen uso de armas.

La forma de estos yelmos o celadas, generalmente es la de un casco con celada de encaje; pero varía en alguna de las partes según las clase a que corresponde la persona que le lleva en sus armas. Así el número de narras que forma la rejilla de sus celadas cuando se trata de cascos de reyes, que por lo general van completamente abiertos, es el de once, número a que no puede llegar ningún otro noble. Los príncipes y duques no soberanos, los condestables, almirantes, generales de ejército, gobernadores de provincia, cancilleres y demás que ejercen cargos de tal importancia, nueve. Los marqueses, condes, primeros presidentes y vizcondes, siete. Los barones y nobles encargados de cargos militares, de mando o jurisdicción, cinco. Y los antiguos hidalgos y nobles de tres lineas paternas y maternas, tres. Los escuderos y nobles recientemente declarados como tales, no deben usar ninguna.

La más o menos abertura de la celada, por hallarse más o menos calada la visera, se halla también sujeta a precisas reglas que vamos a exponer.

Los emperadores y reyes llevan la visera enteramente levantada, en señal de que su vista superior no encuentra embarazo para dilatarse y penetrarlo todo. Los príncipes y duques soberanos algo caída, pero muy poco, y las demás clases a que nos referimos arriba, rorradas con barretas o grilletas en la forma indicada.— Los escuderos y nuevos nobles, así como los bastardos que no pueden llevar barretas, usan la visera entreabierta, mostrando en estos según los heraldos, que no pudiendo todavía ostentarse por sus hechos, nada tienen que ver con las acciones de otro, sino obedecer y callar.

2.° La cimera, es una pieza de heráldica colocada encima del yelmo, a la cual algunos llaman quimera por haberse usado en esta pieza del yelmo, animales extraños y fabulosos.

Este ornamento cuya antigüedad es mucha, pues aun antes de que se forjasen armas de hierro y acero, ya se llevaban en los primitivos cascos de cuero, debió tener por causa, el deseo de darse a conocer los jefes en los combates, a la vez que el dar más engrandecimiento y aire marcial a la figura, que en todos los pueblos se nota ese instinto de adornarse para la guerra, procurando que las representaciones de sus adornos contribuyan a fomentar terror en los enemigos. Usadas en gran variedad en la época clásica de la caballería, han venido a formar una parte integra del blasón, estando sujetas también a determinadas reglas de heráldica.

Los reyes y grandes que tienen uso de corona, generalmente llevaban este ornamento por cimera, sin embargo de que también algunas veces solían llevar cimera y encima de ella la corona. Pero esto solamente acontece, cuando la cimera es de algún animal simbólico, como p. e. en las armas de España, sobre el casco de oro, un León por cimera, y sobre su cabeza la corona real. Y puesto que de las cimeras hablamos, y los que tenían derecho a ella llevaban en su lugar la corona, justo es que demos a conocer siquiera sean ligeramente, los diversos caracteres de sus distintas clases.

La corona de los reyes (y hablamos solo de nuestra patria, pues las de los demás paises varían), está formada de un círculo de oro, enriquecido con piedras preciosas, con ocho florones al modo de las hojas de apio, alternando con una gruesa perla, sobre los cuales se levantan otras tantas diademas cargadas de perlas, que vienen a confluir en un centro, sosteniendo un globo de oro, cruzado de una cruz de lo mismo y rematando en otra pequeña. (1)

El príncipe de Asturias lleva igual corona, a diferencia de que sus diademas son cuatro en lugar de ocho.

La corona de duque y de duque con grandeza, es toda de oro con perlas y pedreria en el aro y con ocho florones al modo de las hojas de apio (2).

La de los duques no grandes, generales de ejército y almirantes, pretenden algunos debe ser lo mismo; pero otros sostienen que aunque de íguales formas, su materia deba ser de plata y los florones más bajos.

La corona de marqués, es de oro con cuatro florones y doce perlas, puestas entre los florones de tres en tres, sobre pequeñas puntas que las levantan del círculo engastado de piedras y de perlas (3).

La corona de conde, es también de oro con círculo de pedreria y encima diez y ocho perlas gruesas (4).

A su vez la de vizconde, solo se compone de un círculo de oro puro o bien con esmaltes y encima cuatro perlas (5).

La de los barones por último, es un solo círculo de oro esmaltado y rodeado en banda de un doble brazalete o filete de perlas comunes (6).

Los que no tienen derecho a llevar coronas, usan solo de la cimera, y estas ordinariamente las sacan de las figuras de las armas principales del escudo.

Los simples escuderos, nobles nuevos u otros que no tienen mando, igualmente que los bastardos, solo pueden llevar una cresta o cordón de acero sobre lo alto de sus cascos en lugar de cimera, de donde salen plumajes o volantes que caen sobre el yelmo o sobre las armas.

3.° La colocación del casco o celada sobre el escudo, tampoco es arbitraria en el arte del blasón. Cada personaje debe llevarla de un modo especial, que nada es arbitrario en este convencional lenguaje de la heráldica.— Así y por punto general diremos, que la situación de la celada sobre el escudo, puede ser de tres maneras diferentes:

1.a De frente.
2.a Terciada.
3.a De perfil.

De frente no tienen derecho a usarla más que los reyes, príncipes y duques así con soberanía como sin ella, los almirantes, generales de ejército, gobernadores de provincia, chancilleres y otros grandes de cargos tan elevados, y los marqueses. (Véanse los números 7, celada de Rey abierta; 8 id. cerrada; 9 de Duque-Almirante, etc.; 10 de Marqués.)

Los condes, vizcondes, barones y nobles que han tenido mando o jurisdicción, pueden usarla terciada. (Véanse los números: 11 de Conde; 12 de Vizconde; 13 de Barón; 14 de Noble que ha ejercido mando o jurisdicción).

Los demás nobles e hidalgos, puesta de perfil, con la diferencia en las barras y visera que ya indicamos en su lugar oportuno. (Véanse los números: 15 casco de Noble particular con nobleza antigua, y 16 casco de Noble nuevo y de Escudero).

Los bastardos la llevan lo mismo que los nobles recientemente declarados y escuderos, pero vuelta del lado contrario (número 17).

Tales son las reglas que deben tenerse presentes para la colocación de los cascos en los escudos; reglas que es necesario no perder de vista para no caer en los errores que con tanta frecuencia cometen los que llevan armas sin conocimiento de su significado, haciendo con frecuencia que representen distintos pensamientos de los que tal vez quisieran apareciesen en sus escudos.

J. R. D.


  1. Vease el número anterior.