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Estancias II
de Medardo Ángel Silva

Nota: Poema número II de El árbol del bien y del mal


Se han unido la hora, el piano y tu cuerpo para hacerme morir de nostalgias fragantes.
JUAN RAMON JIMENEZ

    ¡Qué rosas de armonía deshojas a la tarde,
cuando sobre las teclas -lirios blancos y negros-
insinúan tus manos, en un lírico alarde,
las finas carcajadas de los locos allegros!

    La agonía del sol pone de oro la estancia...
los verdinegros árboles son vagamente rojos...
y, desde el corazón -búcaro de fragancia-
¡sube un dulzor de lágrimas que hace nublar los ojos!


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