Nota: Se respeta la ortografía original de la época


PRÓLOGO.


lgunos años hace que deseaba publicar en obsequio de mi país una memoria, en la cual se viera claramente la falta de armonía que reina entre los estudios hechos en aquella isla y los de la Península, para evitar á los padres de familia y á la juventud estudiosa tropiezos y sinsabores que una triste esperiencia me habia hecho conocer; mas el temor de una crítica severa ahogó los sentimientos de mi corazon, y un silencio estéril, y acaso reprensible, encubrió verdades, dolorosas sí, pero que siento haber callado tanto tiempo.

Cada Puerto-riqueño que venia á seguir una carrera literaria, se encontraba aterrado por obstáculos imprevistos y muchas veces insuperables: apareció la reforma del Plan de estudios, y con ésta crecieron aquellos hasta tal punto, que creí un deber lo que antes era un deseo. Resuelto ya, era preciso elegir formas que diesen un esterior no muy desagradable al desengaño; y entonces me ocurrió la idea de escribir una coleccion de artículos de costumbres, entre los cuales pudiera figurar uno relativo á la enseñanza. He aquí la historia del GIBARO.

Conforme á lo dicho en el prospecto, he reunido aquellas escenas que juzgo mas á propósito para dar una idea de las costumbres de nuestra Antilla, procurando ser exacto como narrador, indulgente ó severo segun las circunstancias, y teniendo siempre la mira de corregir las costumbres deleitando. ¿Habré logrado mi propósito?

Aparte de las grandes dificultades del estilo medio, que me ha sido forzoso adoptar, y, mas que todo, aparte del ingenio que estoy muy lejos de reconocer en mí, se oponen al logro de mis deseos dos barreras formidables: el tiempo y la distancia. Hace cerca de siete años que media el Océano entre mi patria y el lugar en que describo sus costumbres: asi es que mi libro no lleva la pretension de una obra acabada, pero sí la de ser el intérprete fiel de mis sentimientos; quizá será un estímulo para los escritores de Puerto-rico y un aviso saludable á las personas influyentes en la Isla. Recíbanlo mis paisanos como el fruto de muchas horas robadas al sueño y al descanso de los estudios de mi profesion, y no podrán menos que juzgarlo con benevolencia.