Discurso sobre el origen y los fundamentos/Notas

Discurso sobre el origen y los fundamentos (1820) de Jean-Jacques Rousseau
Notas
Portada


NOTAS.


(a). Prefacio, página I.

Desde mi primer paso, me apoyo con confianza sobre una de aquellas autoridades respectables para los filósofos, en atencion á que emanan de una razon sólida y sublime que ellos solos saben hallar y conocer.

Sea cual sea el interes que tengamos en
conocernos nosotros mismos, no sé si no
conocemos mucho mejor todo lo que no es
nosotros. Provistos por la naturaleza de
órganos destinados unicamente á nuetra con-
servaciou, no los empleamos sino en percibir
a impresiones estraugeras; no buscamos otra
a cosa que esparcirnos lejos de este objeto,
y existir fuera de nosotros; demasiado ocu-
pados en multiplicar las funciones de hues-
tros sentidos, y en aumentar la estension
esterior de nuestro ser, rara vez hacemos
uso de esta sensacion interior que nos reduce
á nuestras verdaderas dimensiones, y que
separa todo cuanto no se halla en nosotros.
Este no obstante es el sentido del que debe-
mos servírnos, si queremos conocernos, es
este el solo por el cual podriamos juzgarnos;
¿mas como se dará a este sentido su actividad
y toda su estension? ¿de que modo
podrá librarse ó desprenderse nuestra alma,
en la cual él reside, de todas las ilusione:
de nuestro espíritu? Nosotros hemos perdido
la costumbre de emplearla; ella ha perma-
necido sin ejercicio en medio del tumulto
de nuestras sensaciones corporales, y se ha
secado por el fuego de nuestras pasiones:
el corazon, el espiritu, el sentido, todo ha
conspirado contra ella Historia natural,
to. 4, página 151, De la naturaleza del hombre.


(b). Discurso, página 1


Las variaciones y cambios que el largo uso de andar en dos pies ha podido producir en la conformacion el hombre; las relaciones que se observan aun entre sus brazos y las piernas anteriores de los cuadrúpedos, y la induccion sacada de su modo de marchar, han podido hacer nacer las dudas sobre cual debia sernos mas natural. Todos los niños principian por marchar en cuatro pies, y tienen necesidad de nuestro ejemplo y de nuestras lecciones para aprender á tenerse derechos. Hay tambien algunas naciones salvages, tales como los Hotentotes, que, no haciendo caso de los niños ó no cuidándose de ellos, los dejan andar con las manos tanto tiempo, que tienen despues mucho trabajo para poderlos hacer tener derechos; lo mismo sucede con los hijos de los Caribes de las Antillas. Hay varios ejemplos de hombres cuadrúpedos, podria citar entre otros el del muchacho que se halló en 1344, cerca de Hesse, el cual habia sido criado por los lobos, y que decia despues en la corte del príncipe Enrique, que si hubiera estado en su mano, habría preferido el volver á vivir con ellos, mas bien que entre loshombres. Se habia de tal suerte habituado á andar como aquellos animales, que fue indispensable atarle unas piezas de madera que le obligasen á tenerse derecho y en equilibrio sobre sus dos pies. Lo mismo sucedió con el muchacho que hallaron en 1694, en los bosques de la Lituania, y que vivia entre los osos. No daba, dice el señor Condillac, ninguna señal de razon, andaba en cuatro pies, no hablaba ní conocia ninguna lengua, y formaba unos sonidos que no se parecian en nada á los de los hombres. El salvage de Hanover, que condujeron hace algunos años a la corte de Inglaterra, sufría muchísimo para sugetarse á andar en dos pies, y se encontraron en 1719, otros dos salvages en los Pirineos, que corrían por las montañas de la misma manera que los cuadrúpedos. En cuanto a lo que podrán objetar que eso es privarse del uso de las manos, del cual sacamos tantas ventajas, ademas de que el ejemplo de las monas manifiesta que la mano puede muy bien emplearse de dos maneras, esto probará solamente que el hombre puede dar á sus miembros una aplicacion mas cómoda que la de la naturaleza; pero no, que la naturaleza ha destinado al hombre para que marche de otro modo que como ella le ha enseñado.

Mas hay, segun me parece, razones mucho mas sólidas ue dar para sostener que el hombre es un bípede. Primeramente, cuando se hiciese ver que ha podido no obstante haber sido conformado de otra suerte que del modo que le vemos, y sin embargo llegar á ser al fin lo que es, esto no seria suficiente para fallar que haya sucedido así, porque, despues de haber demostrado la posibilidad de estas mutaciones, sería necesario aun antes de admitirlas, el manifestar á lo menos la verisimilitud. Ademas, si los brazos del hombre pareciesen haber podido servirle de piernas en la urgencia, esta sería la aula observacion favorable de este sistema, sobre un gran número de ellas ue le son contrarias. Las principales son, que del modo como la cabeza del hombre se halla unida a su cuerpo, en lugar de dirigir su vista horizontalmente, como la tienen todos los otros animales, y como la tiene él mismo marchando en dos pies, la hubiera tenido marchando en cuatro, fijada directameote hacia la tierra, situacion poco favorable para la consecucion del individuo; que la cola que le falta, y de la que nada tiene quehacer andando en dos pies, es útil á los cuadrupedos, y que ninguno de ellos se halla privado de este miembro; que el pecho de la muger, perfectamente situa o en un bípede que lleva su hijo en sus brazos, se hallaria muy mal en un cuadrúpedo, que ninguno ha conducido sus hijos asi; que la parte posterior siendo de una altura escesiva en proporcion de las piernas delanteras, hace que cuando marchamos en cuatro pies nos arrastramos sobre las rodillas, que todo esto hubiera hecho un animal mal proporcionando y andando con suma incomodidad; que si hubiera puesto el pie de plano, así como la mano, hubiera tenido en la pierna posterior una articulacion de menos que los otros animales; a saber aquella que une la cartilla con el tibia; y que no aplicando sino la punta del pie: como se hubiera visto obligado a hace, el tanto, sin hablar de los muchos huesos que le componen, parece demasiado grueso para poder servir de canilla, y sus articulaciones con el metatarso y el tibia muy inmediatas para dar á la pierna humana, en esta situacion, la misma flexibilidad que tienen las de los cuadrúpedos. El ejemplo de los niños siendo tomado en una edad en la qie las fuerzas naturales no se encuentran todavía desplegadas, ni los miembros afirmados, no resuelve nada absolutamente, y yo creeria decir tanto ó mas que esto, si digese que los perros no se hallan destinados para andar, puesto que no hacen mas que arrastrarse durante algunas semanas despues de su nacimiento. Los hechos particulares no tienen nun bastante fuerza contra la práctica universal de todos los hombres, ni aun con la de las naciones que no teniendo ninguna comunicacion con las otras, no habian podido imitarles en nada. Un niño abandonado en un bosque antes que supiese andar, criado por alguna bestia, habrá seguido el ejemplo de su nodriza ejerciéndose á marchar como ella; el hábito podrá haberle dado facilidades que no tenía de modo alguno de la naturaleza; y así como los mancos llegan á hacer, á fuerza de ejercicio, con los pies todo cuanto nosotros hacemos con las manos, este conseguirá enfin el emplear sus manos en los mismos usos que si fueran pies.

(c) Página 10. Si se hallase entre mis lectores algun mal físico, el cual tratase de poner dificultades sobre la suposicion de esta fertílidad natural de la tierra, voy á responderle por el pasage siguiente.

Como los vegetales reciben para su ali-
mento mucha mas sustancia del aire y del
agua que de la tierra, sucede que pudriéndose
dan a la tierra mucho mas de lo que tomaron
de ella; ademas de eso una selva determina ó
rseuelve las aguas de la lluvia conteniendo los
vapores. Así pues, en un bosque que se con-
serve mucho tiempo sin tocarle, la cama de
tierra que sirve para la vegetacíon aumentaría
considerablemente; mas los animales devuel-
ven á la tierra mucho menos de lo que sacan
de ella, y los hombres haciendo consumaciones
enormes de leña y de plantas por medio del
fuego y por los demas usos, se sigue que
la cama vegetal de un pais habitado debe
siempre disminuir, y venir á ser enfin como
el terreno de la Arabia petrea, y como el de
tantas otras provincias del oriente, que es en
efecto el clima mas antigüamente habitado,
en donde no se halla otra cosa que sal y
arenas; porque la sal fija de las plantas y de
los animales permanece, mientras que todas
las otras partes se volatizau. M. de Buffon,
Hist. nat.

Se puede añadirá esto la prueba de hecho por la cantidad de árboles y de plantas de toda especie de que se hallaban llenas casi todas las islas desiertas que han sido descubiertas en estos últimos siglos, y por todo cuanto la historia nos: dice acerca de los inmensos bosques que ha sido necesario destruir en toda la tierra, al pasa que ella se ha ido poblando ó civilizando; sobre lo cual haréaun las tres observaciones siguientes. La una es, que si hay alguna clase de vegetales que puedan compensar la diminucion de la materia vegetal que se hace por los animales, segun el modo de pensar de M. de Buffon, estos son sobre todo los arboles, cuyas cimas y hojas reunen y se apropian mas aguas y vapores que las otras plantas. La segunda, que la destruccion del terreno, es ecir, la pérdída de la sustancia propia á la vegetacion, debe acelerarse á proporcion que la tierra es mas cultivada, y que los habitantes mas industriosos consumen con mayor abundancia sus producciones de toda especie. Mi tercera observacion y la mas importante es que los frutos de los árboles dan al animal un alimento mas abundante que el que pueden dar los otros vegetales; esperiencia que he hecho yo mismo, comparando los productos de dos terrenos iguales en estension y en calidad, el uno lleno de castaños y el otro sembrado de trigo.

(d) - Página 10 Entre los cuadrúpedos, las dos distinciones las mas universales de las especies voraces se toman la una de la configuracion de los dientes, y la otra de la conformacion de los intestinos. Los animales que no viven sino de vegetales tienen todos los dientes planos como el caballo, el buey, el carnero, la liebre; mas los voraces los tienen puntiagudos, como el gato, el perro, el lobo, y el raposo; por lo que hace á los intestinos los frugívoros tienen algunos, tales como el colon, que no se halla en los animales voraces. Parece pues que el hombre, teniendo los dientes y los intestinos como los tienen las animales frugívoros, deberia naturalmente ser colocado en esta clase; y no solamente las observaciones anatómicas confirman esta opinion, sino que los monumentos de la antígüedad le son aun muy favorables. Dicearco, dice S. Gerónimo, cuenta en sus libros de las antigüedades griegas, que bajo el reinado de
Saturno, en el cual la tierra era aun fértil
por ella misma, ningun hombre comia carne,
pues todos vivian de los frutos y legumbres
que crecian naturalmente (Liv. a. adv. Jovínian.) Esta opinion se puede aun apoyar por medio de las relaciones de algunos viageros modernos: Francisco Correal asegura entre otros que la mayor parte de los habitantes de las Lucavas que los Españoles transportaron á las islas de Cuba, de Santo Domingo y otras y murieron por haber comido carne. Por aquí se verá que no hago caso de las ventajas que sobre este asumo Podria sacar; porque siendo la presa casi el único motivo del combate entre los animales carnívoros, y los frugívoros viviendo entre sí en una paz continua, si la especie humana fuera de esta última clase, es evidente que le hubiera sido mucho mas fácil el susistir en el estado natural, y hubiera tenido mucha menos necesidad y ocasiones de salir de él.

(e) - Página 12. Todos los conocimientos que piden reflexion, todos los que no se adquieren sino por el encadenamiento de las ideas, y no se perfeccionan sino sucesivamente, parecen estar del todo fuera del alcance del hombre salvage, por falta de comunicacion con sus semejantes, es decir, por falta del instrumento que sirve a esta comunicacion y de las necesidades que le hacen indispensables. Su saber y su industria se reducen a saltar, correr, reñir, tirar una piedra, y subir a un árbol. Pero si no hace mas que estas cosas, en recompensa las hace mucho mejor que nosotros que no tenemos de ellas la misma necesidad que él; y como dependen unicamente del ejercicio del cuerpo, y no son susceptibles de ningun progreso de individuo a individuo, el primer hombre ha podido ser tan habil sobre esta materia como sus últimos descendientes.

Las relaciones de los viageros se hallan llenas de ejemplos, de la fuerza y del vigor de los hombres entre las naciones bárbaras y salvages; estas no alaban menos su destreza y su ligereza; y como no hay necesidad sino de tener ojos para observar estas cosas, nada se oponga que no se deba dar fe a cuanto certifican sobre ello los testigos oculares; acerca de lo cual saco algunos ejemplos, sin buscarlos espresamente, de los primeros libros que me han venido a las manos.

Los Hotentotes, dice Kolben, saben y conocen mejor el arte de pescar que los Europeos del Cabo. Su habilidad es igual, ya sea con la red, ya con el anzuelo y con el dardo, tanto en las ensenadas como en los rios, ellos cogen con igual destreza el pescado con la mano, y tienen una agilidad incomparable para nadar. Su modo de nadar tiene una cosa admirable, y que les es totalmente propia; ellos nadan con el cuerpo derecho y las manos estendidas fuera del agua, de manera que parece que andan sobre la tierra. En las mayores agítaciones del mar, y cuando las olas orman tantas como montañas, entonces bailan en algun modo sobre la superficie de las olas, subiendo y bajando como un pedazo de corcho.

Los Hotentotes, dice aun el mismo autor, son de una rara destreza para la caza, y la a ligereza de su carrera sobrepuja á la imaginacion. Se maravilla que no hagan con mas frecuencia mal uso de su agilidad, lo que les sucede algunas veces, como se puede juzgar, por el ejemplo que se da sobre ello. Un marinero Holandes al saltar en tierra en el cabo tomó un Hotentote para que le llevase un rollo de tabaco de veinte libras, y le condujese á la ciudad. Luego que se hallaron los dos á una distancia regular de la tropa, el Hotentote preguntó al marinero si sabia correr. Correr! respondió el Holandes, sí, perfectamente. Veámoslo, replicó el Africano, y huyendo con el tabaco, desapareció, casi al momento. El marinero confundido de tan maravillosa velocidad, no pensó en perseguirle, y no volvió á ver jamas su tabaco, ni su conductor.

Ellos tienen la vista tan rápida y perspicaz, y la mano tan certera, que los europeos no pueden comparárseles de modo alguno. A cien pasos tiraran una pedrada á un blanco del tamaño de una peseta; y lo que hay mas raro es, que en lugar de fijar los ojos sobre el punto, hacen movimientos y contorsiones continuamente. Parece que la piedra se halla dirigida por una mano invisible.

El P. Du Tertre dice casi lo mismo acerca de los salvages de las Antillas, que lo que acaba de leerse de los Hotentotes del Cabo de BuenaEsperanza. Alaba sobre todo su puntería con las flechas, como que matan los pájaros al vuelo y los pescados nadando, los cuales cogen en seguida, zambullíéndose en el agua. Los salvages de la América septentrional no son menos célebres por sus fuerzas y por su agilidad; y ve aquí un ejemplo por el cual podrá juzgarse de las de los Indios de la América meridional.

En el año de 1746, un Indio de Buenos Aires habiendo sido condenado á galeras en Cadiz, propuso al gobierno comprar su libertad esponiendo su vida en una fiesta pública. Prometió que atacaria solo, sin otra arma en la mano que una cuerda, a toro mas furioso que hubiese; que le derribaria y aterraria, que le cogeria con su cuerda por el sitio que le indicasen, que le ensillaría, le embridaria, le montaria y combatiria, sobre él, otros dos toros cualesquiera, y los mas terribles que se hallasen en el toril: que en seguida los mataria uno á uno, al instante que se lo ordenasen y sin el auxilio de nadie; cuya gracia le fue concedida. El Indio cumplió su palabra, y se salió con todo cuanto habia prometido: sobre el modo como él lo hizo y sobre todo el por menor del combate, pueden consultar el primer toma en 12, de las Observaciones sobre la historia natural de M. Gautier, de donde este hecho ha sido sacado, página 262.

(f). - Página 16. La duracion de la vida de los caballos, dice M. de Buffon, es pro porcionada, como en todas las demas especies de animales, al tiempo que echan en crecer y formarse. El hombre que permanece catorce años creciendo, puede vivir seis ó siete veces tanto, es decir, noventa ó cien años; el caballo, cuya formacion se hace en cuatro años, puede vivir seis ó siete veces tanto, es decir, veinte y cinco ó treinta años. Los ejemplos que pudieran ser contrarios, á esta regla son tan raros, que no deben ni siquiera mirarse como una escepcion de la cual puedan deducirse consecuencias; y como los caballos bastos crecen en menos tiempo que los caballos finos, viven por esta a razon menos tiempo y son viejos a la edad de quince años.

( g). Página 16. - Yo creo observar entre los animales carnívoros y los frugívoros aun otra diferencia mas general que la que he manifestado en la nota (e), respecto á que esta se estiende hasta las aves. Esta diferencia consiste en el número de los pulluelos y cachorrillos, que pasa jamas de dos en cada camada, de las especies que no viven sino de vegetales, y que pasa ordinariamente de este número en las de los animales voraces. Es muy fácil el conocer sobre este objeto, la disposicion de la naturaleza por el número de tetas, que no es sino de dos en cada hembra de la primera especie, como son la yegua, la baca, la cabra, la oveja, la cierva, etc, y que son siempre en número de seis ó de ocho en las otras hembras, tales como la perra, la gata, la loba, la tigra, etc. La gallina, la ansa, la ánade, que son todas aves voraces, asi como el águila, el gavilan, la lechuza, aovan y empollan un gran número de huevos, lo que no sucede nunca á la paloma, á la tórtola, ni á las aves que no comen absolutamente sino granos, las cuales no aovan ni empollan mas de dos huevos a la vez. La razon que pueden dar de esta diferencia, es que los animales que no viven sino de yerbas y de plantas, permaneciendo casi todo el dia en los pastos, y estando obligados á emplear mucho tiempo en su nutricion no podrian ser á propósito, para criar muchos cachorrillos, en lugar que los voraces no empleando sino un instante en su manutencion, pueden con mas facilidad y con mas frecuencia ir a cuidar de sus hijuelos, volver á la caza, y reparar la disipacion de una tan grande cantidad de leche. Habría no ostante muchas reflexiones y observaciones particulares que hacer acerca de todo esto; pero no es aquí el lugar conveniente, y así me, es bastante el haber manifestado en esta parte el sistema mas general de la naturaleza, sistema que da y presenta una nueva razon para sacar a hombre de la clase de los animales carnivoros, y colocarle entre las especies frugivoras, (h). Página 27. - Un autor célebre calculando los bienes y los males de la vida humana, y comparando las dos sumas, ha hallado que la última es muy superior a la primera, y que considerándolo todo, la vida era para el hombre un presente bastante fatal. Yo no me he admirado de su conclusion; pues que ha sacado todos sus razonamientos de la constitucion del hombre civil: si hubiese subido hasta el hombre natural, se puede juzgar que hubiera encontrado resultados muy diferentes, que hubiera reconocido que el hombre no tiene casi otros males que los que él se ha creado, y que entonces la naturaleza hubiera sido justificada completamente. No sin muchos afanes hemos conseguido el llegar á ser tan desgraciados. Cuando de una parte se consideran los inmensos trabajos de los hombres, tantas ciencias profundízadas, tantas artes inventadas, tantas fuerzas empleadas, abismos cegados, montañas arrasadas, rocas desmenuzadas y destrozadas, rios que se han hecho navegables, tierras desmontadas, lagos cavados y construidos pantanos desaguados y secos, edificio enormes levantados sobre la tierra y el mar cubierto de barcos y de marineros; y de la otra se buscan, con una poca de meditacion, las verdaderas ventajas que han resultado de todo esto para el bien de la especie humana, no se puede menos de quedar aturdido de la terrible desproporcion que reina entre estas cosas, y deplorar la ceguedad del hombre , que, por alimentar su loco orgullo y no se que vana admiracion de sí mísmo, le hace correr con ardor en pos de todas las miseria: de que es susceptible, y que la benéfica naturaleza habia tenido el cuidado de separar de el.

Los hombres son perversos; una triste y continua esperiencia dispensa el probarlo, no ostante el hombre es naturalmente bueno, creo haberlo demostrado; ¿que es, pues, lo que puede haberle depravado hasta este punto, sino es las mutaciones sobrevenidas en su constitucion, los progresos que ha hecho, y los conocimientos que ha adquirido? Que admiren tanto cuanto quieran la sociedad humana, no será por esto menos cierto, que ella conduce necesariamente a los hombres a aborrecerse los unos á los otros, a proporcion que sus intereses se cruzan y multiplican, si hacerse mutuamente servicios en apariencia, y en realidad todos los males imaginables. ¿Que es lo que puede pensarse de un comercio en el cual la razon de cada particular le dicta máximas directamente contrarias á aquellas que la razon pública dicta al cuerpo social, en donde cada uno halla su beneficio en la desgracia agena? No hay puede ser un hombre rico, á quien herederos codiciosos, y muchas veces sus propios hijos no le deseen la muerte en secreto; no hay un barco en el mar, cuyo naufragio no fuese una buena noticia, para algun negociante; no hay casa a la que un deudor de mala fe, no quiera ver arder con todos los papeles que contiene; no hay un pueblo que no se regocije de los desastres de sus vecinos. Es así el modo como hallamos nuestro beneficio en el perjuicio de nuestros semejantes, y como la pérdida del uno hace casi siempre la prosperidad del otro: pero lo que hay mas horroroso aun, es que las calamidades públicas forman el anhelo y la esperanza de una multitud de particulares. Los unos desean las enfermedades, los otros la mortandad, los otros la guerra, y los otros el hambre; he visto hombres tan perversos que llorában de dolor al aspecto de un año fertil, y el grande y funesto incendio de Londres, que contó la vi a y los bienes á tantos des raciados, hizo, puede ser, la fortuna á mas ü diez mi] personas. Yo sé que Montaine vitupera al ateniense Démades por haber hecho castigar á un obrero que ganaba mucho, vendiendo muy caros los feretros, con la muerte de los ciudadanos; mas la razon que alega Montaigne, siendo que en tal caso seria necesario castigar á todo el mundo, es evidente que ella confirma las mias. Que penetren desde luego, por en medio de nuestras frivolas demostraciones de benevolencia, lo que pasa en el fondo de los corazones, y que se reflexione acerca de lo que debe ser un estado de cosas, en dondo todos los hombres están obligados á acariciarse y á destruirse mutuamente, y en el cual nacen enemigos por deber, y falaces por interes; si se me responde que la sociedad se halla constituida de tal manera que cada hombre gana sirviendo á los otros, replicaré que esto seria muy bueno sino anase mas aun en hacerles daño. No hay utilidad por legítima que sea que no se halle sobrepujada por la que se puede hacer ilegítimamente, y el mal hecho al próximo es en todos tiempos mas lucrativo que los servicios. No se trata, ni es cuestion de otra cosa mas sino de hallar los medios de asegurarse la impunidad, y es á lo cual los poderosos emplean todas sus fuerzas, y los débiles todas sus astucias.

El hombre salvage, luego que ha comido, está en paz con toda la naturaleza, y es el amigo de todos sus semejantes. Si le es forzoso alguna vez disputar su comida, no viene jamas á las manos sin haber antes comparado la dificultad de vencer con la de encontrar en otra parte su susistencia, y como el orgullo no se introduce en el combate, este se termina por algunas puñadas; el vencedor come, el vencido va á buscar fortuna, y todo queda pacificado. Mas con el hombre en sociedad estos son asuntos de otra clase; se trata primeramente de proveer á lo necesario, y despues á lo supérflo; en seguida llegan las delicias, despues las inmensas riquezas, luego los vasallos, y en el momento los esclavos, no tiene un instante de reposo; lo que hay mas singular, es que mientras menos naturales y urgentes son las necesidades, tanto mas se aumentan las pasiones, y lo que es aun peor, el poder satisfacerlas; de suerte que despues de largas prosperidades, despues de haber consumido infinitos tesoros y desolado muchos hombres, mi héroe acabará con destruir y aniquilarlo todo, hasta tanto que llegue á ser el unico dueño del universo. Tal es en compendio el cuadro moral, sino de la vida humana, á lo menos de las pretensiones secretas del corazon de todo hombre civilizado.

Comparad sin preocupaciones el estado del hombre civil, con el del hombre salvage, y buscad si podeis, cuantas nuevas puertas, ademas de su maldad, de sus necesidades, y de sus miserias, ha sido el primero á abrir al dolor y á la muerte. Si considerais las penas, del ánimo que nos consumen, las pasiones violentas que nos aniquilan y desolan, los, trabajos escesívos de que los pobres se hallan sobrecargados, la molicie aun mas perjudicial á la cual los ricos se abandonan, y que hacen morirá los unos de sus necesidades, y á los otros de sus escasos; si considerais las monstruosas mezclas de los alimentos, sus pernicinsos condimentos, los géneros corrompidos, las drogas falsíficadas, las picardías de aquellos que las venden, los errores de aquellos que las emplean, y el veneno de las vasijas en las que se preparan; si haceis atencion á las enfermedades epidémicas eugendradas por el mal aire que se respira entre las multitudes de hombres reunidos, á las que ocasionan la delicadeza de nuestro método de vida, los tránsitos alternativos de lo interior de nuestras casas al aire libre, el uso de los vestidos puestos ó quitados con poca precaucion, y todos los cuidados que nuestra escesiva sensualidad ha convertido en hábitos necesarios, y cuya negligencia ó privacion nos cuesta en seguida la vida ó la salud; si añadieseis á todo esto y hicieseis cuenta de los terremotos y de los incendios que hacen perecer, consumiendo o echando por tierra ciudades enteras, millares. de habitantes; en una palabra, si reunís los peligros que todas estas causas congregan continuamente sobre nuestras cabezas, conocerán 1o caro que la naturaleza nos hace pagar el desprecio que hemos hecho de sus lecciones.

No repetirá aquí lo que dicho en otra parte respecto á la guerra; mas querria que personas instruidas quisiesen ó intentasen dar una vez al público, el por menor de los horrores que se cometen en los ejércitos por los asentistas de los víveres y de los hospitales, se veria que sus maniobras, no muy secretas, por las cuales los ejércitos los mas brillantes se reducen á menos que nada, hacen perecer muchos mas soldados e los que destruye la cuchilla enemiga. Es aun un calculo no menos asombroso el de los hombres que el mar sumerge todos los años, ya sea por el hambre, ya por el escorbuto, ya por los piratas, ya por el fuego, ya por los naufragios. Es evidente que es indispensable el atribuir á la propiedad establecida, y por consecuencia, á la sociedad, los asesinatos, los atosigamientos, los robos en los caminos, y los castigos mismos de estos delitos, castigos necesarios para prevenir mayores males, pero que, por el asesinato de un hombre, costando la vida á dos ó á mas, no dejan de doblar realmente la pérdida de la especie humana. ¡Cuantos medios vergonzosos para impedir el nacimiento de los hombres, y para engañar la naturaleza ya sea por esos gustos brutales y depravados que insultan a su mas bella obra, gustos que los salvages ni los animales no conocieron nunca, y que no deben su existencia en los paises civilizados sino á una imaginacion corrompida; ya sea por esos abortos secretos, dignos frutos de la disolucion y del honor vicioso; ya sea por la esposícion ó la muerte de una multitud e niños, víctimas de la miseria de sus padres o del pudor bárbaro de sus madres; y ya sea enfin por la mutilacion de esos desgraciados, de los cuales una parte de la existencia, y toda la posteridad son sacrificadas á vanas canciones, ó, lo que es peor aun, á los brutales zelos de algunos hombres: mutilacion que, en este último caso, ultraja doblemente a la naturaleza, ora porel tratamiento que reciben aquellos que la sufren, ora por el uso al cual son destinados.

¿Pero no se dan mil casos mucho mas frecuentes y mas perjudiciales aun, en los cuales los derechos aternales ofenden abiertamente a la humanidad? ¡Cuantos talentos sepultados y perdidos, y cuantas inclinaciones forzadas por la imprudente violencia de los padres ¡Cuantos hombres se hubieran distinguido en un estado conveniente, que mueren desdíchados y deshonrados en otro estado por el cual no tenian ningun gusto! ¡Cuantos matrimonios felices aunque desiguales han sido rotos ó perturbados, y cuantas esposas castas deshonradas por este órden de condiciones siempre en contradiccion con el de la naturaleza! ¡Cuantas otras uniones estraordinarias, ridículas caprichosas, formadas por el interes, y desaprobadas por el amor y por la razon! ¡Cuantos esposos honrados y virtuosos se construyen mutuamente su suplicio, por no haber examinado antes los caracteres! ¡Cuantas jóvenes y desgraciadas víctimas de la avaricia de los padres, se sumergen en el vicio, ó pasan sus tristes dias inundadas en llanto, y gimiendo en unos lazos indisolubles que el corazon rechaza y mira con honor, y que el oro solo ha formado! ¡Felices algunas veces aquellas a quienes su valor y virtnd misma quitan la vida, antes que una violencia bárbara les obligue á pasarla en el delito ó en la desesperacion! ¡Perdonad estas justas reflexiones, padre y madre para siempre deplorable; yo acibaro á mi pesar vuestros dolores; mas ojala sirvan de ejemplo eterno y terrible á cualquiera que osa, en el nombre mismo de la naturaleza, violar el mas sagrado de sus derechos!

Si no he hablado mas que de aquellos nudos mal formados, que son obra de nuestra civilizacion, ¿piensan por eso que aquellos á que el amor y la simpatía han presidido, estén ellos mismos exentos de inconvenientes? ¿Que seria pues si emprendiese el presentar la especie humana acometida en el origen mismo, y hasta en el mas santo de todos los vínculos, en el cual no osan escuchar el grito de la naturaleza, sino despues de haber consultado el interes, y en donde el desórden civil confundiendo las virtudes y los vicios, la continencia viene á ser una precaucion criminal, y el negarse á dar la vida á su semejante un acto de humanidad? Mas sin rasgar el velo que cubre tantos horrores, contentémnnos con indicar el mal al cual otros deben aplicar el remedio.

Que se agregue a todo esto esa cantidad de oficios mal sanos que abrevían los dias ó destruyen el temperamento, cuales son los trabajos de las minas, las diversas preparaciones de los metales, de los minerales, sobre todo del plomo, del cobre, del mercurio, del cobolt, del arsénico, y del rejalgar: esos otros oficios peligrosos que cuestan todos los dias la vida á muchos obreros, los unos trastejadores, los otros carpinteros, los otros albañiles, y los otros canteras; que se reunan, digo, todos estos objetos, y podrán ver en el establecimiento y perfeccion de las sociedades las causas de la diminucion de la especie observada por mas de un filósofo.

El lujo, imposible de precaver ni de evitar entre los hombres avaros de sus propias comodidades, y de la consideracion de los otros, completa muy pronto el mal que las sociedades han principiado, y so color de hacer vivir á los pobres, que no hubiera sido necesario hacer, empobrece á todo el resto, y despuebla el estado, tarde ó temprano.

El lujo es un remedio mucho peor que el mal que pretende curar; ó mas bien es él mismo el peor de todos los males, en cualquier estado sea grande ó pequeño donde se halle, pues que para mantener una multitnd de criados y de miserables que él ha hecho, abruma y arruina al labrador y al ciudadano: semejante á esos Vientos abrasadores del medio dia, que cubriendo la yerba la verdura de insectos devoradores, quitan la susistencia á los animales útiles, y levan el hambre y la muerteá todos los parages en donde se hacen sentir.

De la sociedad y del lujo que ella engendra nacen las artes liberales y mecánicas, el comercio, las letras, y todas esas inutilidade que hacen florecer la industria, enriquecen y pierden los estados. La razon de esta ruina es muy sencilla. Es muy fácil el conocer que la agricultura por su naturaleza debe ser la menos lucrativa de todas las artes, porque su producto sirviendo al uso el mas indispensable para todos los hombres, el precio debe ser proporcionado á las facultades de los mas pobres. De este mismo principio se puede deducir sacar esta regla, que en general las artes son crativas en razon inversa de su utilidad, y que las mas necesarias deben enfin venir á ser las menos cultivadas; por donde se ve lo que se debe pensar de las verdaderas ventajas de la industria y del efecto real que resulta de sus progresos.

Tales son las causas sensibles de todas las miserias en donde la opulencia precipita enfin á las naciones las mas fastuosas. A proporcion que la industria y las artes se propagan flflrecen, el cultivador despreciado, carga o de impuestos necesarios al mantenimiento del lujo, y condenado á pasar su vida entre el trabajo y el hambre, abandona sus campiñas para ir á buscar en las ciudades el pan qne debia traer á ellas. Mientras mas las capitales sorprenden y causan admiracion á los ojos estúpidos del pueblo, tanto mas seria forzoso el gemir de ver los campos abandonados, las tierras en erial, y los caminos reales innndados de desgraciados ciudadanos convertidos en mendigos ó en ladrones, y destinados a acabar su miseria sobre el cadalso ó en un muladar. Es de este modo como el estado enriquecíéndose de un lado se debilita y se despuebla del otro, y es así como las mas poderosas monarquías, deapues de infinitos trabajos para hacerse opulentas desiertas, acaban por venir á ser la presa de las naciones pobres que sucumben á la funegta tentacion de invadirlas, y que se enriquecen y debilitan a su turno, hasta tanto que ellas mismas vienen a ser tambien invadidas y destruidas por otras.

Que se dignen esplicarnos una vez que es lo que pudo producir esas nubes de bárbaros que han inundado, durante tantos siglos, la Europa, el Asia y el Afr1ca. ¿Era pues a la industria de sus artes, á la sabiduría de sus leyes, á la escelencia de su civilisacion, á quienes ellos debian tan prodigiosa poblacion? Que nuestros sabios tengan la bondad de decirnos ¿por que razon, lejos de multiplicarse hasta tal grado, esos hombres feroces y brutales, sin luces, sin freno, y sin educacion, no se degollaban á cada instante todos entre sí, para disputarse su alimento o su caza? ¿Que nos espliquen de que modo esos miserables han tenido la osadía de mirar cara á cara, y acometer a gentes tan hábiles como éramos nosotros, con una tan bella disciplina militar como teníamos, tan bellos códigos, y con tan sabias leyes? ¿Enfin porque despues que la sociedad se ha perfeccionado en los paises del norte, y que se han tomado tanto trabajo para enseñar á los hombres sus deberes mutuales, el arte de vivir agradable y tranquilamente juntos, no se ve salir de allí ninguna cosa parecida á aquellas irrupciones y multitudes de hombres que producían otras veces? Yo sospecho que alguno se atreva al fin á responderme diciendo, que todas esas grandes cosas, á saber las artes, las ciencias y las leyes, han sido sabiamente inventadas por los hombres, como una este saludable para impedir la escesiva multiplicacion de la especie, de miedo que este mundo, que nos está destinado, no venga á ser al cabo demasiado pequeño para sus habitantes.

Pues que! ¿será necesario destruir las sociedades, anular, y concluir con lo tuyo y lo mio, y volver á vivir en las selvas con los osos? consecuencia igual á las tine deducen mis adversarios, y que me complazco tanto en prevenir como en dejarles la vergüenza de sacarla. ¡O vosotros, á quienes la voz celestial no se ha, hecho oir, y que no reconoceis para vuestra especie otro destino que el de acabar en paz esta corta vida, vosotros que podeis dejar abandonar en medio de los pueblos vuestras funestas adquisiciones, vuestros espiritus turbulentoa é inquietos, vuestros corazones corrompidos y vuestros deseos desenfrenados, volved á tomar, pues que depende de vosotros, vuestra antigua primera inocencia; id á los bosques á perder de vista y de memoria los delitos de vuestros contemporáneos, y no temed de modo alguno el envilecer vuestra especie, renunciando á sus luces afin de renunciar á sus vicios! En cuanto á los hombres parecidos á mí, y en quienes las pasiones han destruido para siempre original simplicidad, que no pueden ya sustentarse de yerbas y de bellotas, ni dispensarse de leyes y de gefes; aquellos pues que fueron honrados y favorecidos en sus primeros padres, con lecciones sobrenaturales; aquellos que verán, en la intencion de dar, sin duda, á las acciones humanas una moralidad que no hubieran adquirido por sí en mucho tiempo, la razon de un precepto indiferente por sí mismo é inesplicable en cualquier otro sistema, aquellos en una palabra, ne están convencidos que la voz divina llama todo el género humano á la participacion de las luces y á la felicidad de las celestes inteligencias todos procurarán por el ejercicio de las virtudes que se obligan á practicar aprendiendo a conocerlas, el merecer el premio eterno que deben esperar por ello uespetarán los sagrados vínculos de la sociedad de la cual son miembros; amarán a sus semejantes y les servirán con todas sus fuerzas; obedecerán escrúpulosamente á las leyes y á los hombres que son los autores y los ministros de ellas; honraran sobre todo á los buenos y sabios príncipes que sabrán prevenir, curar ó paliar esta multitud de abusos y de males siempre dispuestos á abrumarnos; animarán el celo de sus dignos gefes, manifestandoles sin temor y sin lisonja la dignidad y grandeza de sus funciones y el rigor y rectitud de sus deberes: mas ellos no dejarán de vituperar y despreciar una constitucion que no puede mantenerse sino con el auxilio de tantas gentes respetables que se desean con mas frecuencia que se obtienen, y de la cual, á pesar de todos los cuidados, nacen siempre mas calamidades efectivas que ventajas aparentes.

Página 27. (i) - Entre los hombres que conocemos, ó por nosotros mismos, ó por lol historiadores, ó por los viageros, los unos son negros, los otros blancos, los otros rojos; los unos tienen los cabellos muy largos, los otros no tienen sino una especie e lana ensortijada; los unos son casi todos velludos, los otros nó tienen ni aun barbas: ha habido y hay puede ser aun naciones donde los hombres son de una estatura gigantesca; y dejando á parte la fábula de los pigmeos, que puede muy bien no ser otra cosa sino una exageracion, se sabe que los Lapones, sobre todo los Groenlandeses, son mucho mas pequeños que la estatura mediana del hombre; hay quien pretende tambien que hay pueblos enteros que tienen colas como los cuadrúpedos, y sin dar una creencia ciega á las relaciones de Herodoto y de Ctesias, se puede cuando menos deducir esta opinion muy verosímil, que si se hubieran podido hacer observaciones exactas en los tiempos antiguos, en los cuales los diversos pueblos seguían unos métodos de vivir mucho mas diferentes entre sí, que los que tienen hoy dia, se hubieran igualmente observado, en la figura, y en la conformacion y hábito de los cuerpos, variaciones aun mas estrañas. Todos estos hechos, de los cuales es bien fácil dar pruebas irrefragables, no pueden maravillar sino á aquellos que están acostumbrados á no mirar sino los objetos que los rodean, y que ignoran los poderosos efectos de la divergencia de climas, del aire, de los alimentos, el modo de vivir, de los hábitos en general, y sobre todo de la fuerza prodigiosa de estas mismas causas, cuando ella obra continuannente sobre una larga serie de generaciones. Hoy que el comercio, los viages y conquistas reunen mucho mas a los diversos pueblos, que sus modos de vivir se van aproximando identificando sin cesar por medio de la frecuente comunicacion, se repara que ciertas diferencias nacionales han disminuido; y por ejemplo, cada uno puede notar que los franceses de hoy dia no tienen ya aquellos grandes cuerpos blancos y rubios descritos por los historiadores latinos, aunque el tiempo, unido á la mezcla de los francos y de los normandos, blancos y rubios ellos en si mismos, hubiese debido restablecer aquello que por la frecuentacion de los romanos pudo perderse de la influencia del clima, sobre la constitucion natural y el color de los habitantes. Todas estas observaciones sobre las variedades que mil causas pueden producir y han producido en efecto en la especie humana, me hacen dudar si diversos animales parecidos á los hombres, tomados por los viageros ó considerados como bestias, sin gran exámen, ó en razon de algunas diferencias que hallaron en la conformacion esterior, ó solamente porque estos animales no hablaban, no serian en efecto verdaderos hombres salvages, cuya raza dispersada antiguamente en las selvas no habia tenido ocasion de desenvolver ninguna de sus facultades virtuales, no habia adquirido ningun grado de perfeccion, y por consecuencia se encontraba todavía en el estado primitivo de la naturaleza. Demos un ejemplo de lo que quiero decir.

Se halla, dice el traductor de la historia de los viages, en el reino de Congo, una gran cantidad de esos grandes animales que llaman Orangutanes, en las indias orientales, y que guardan un cierto medio entre la especie humana y los Babuinos. Baztel cuenta que en los bosques de Mayomba, en el reíno de Loango, se ven dos clases de monstruos de los cuales, los mayores se llaman Pongo y los otros Enjocos. Los primeros tienen una semejanza exacta con los hombres; pero son mucho mas gruesos y de una estatura mayor. Tienen una figura humana, pero los ojos muy hundidos: sus manos, sus mejillas y sus orejas no tienen pelo alguno, mas los de sus cejas son muy largos. Aun cuando tienen el resto del cuerpo bastante velludo, el pelo no es muy espeso y su color es moreno. Enfin la sola cosa que los distingue de los hombres es la pierna, en la cual no tienen pantorrilla. Andan derechos, agarrandose con la mano los pelos del cuello; su acogida es en los bosques, duermen sobre los árboles, y se construyen en ellos una especie de tejado que los pone á cubierto de la lluvia. Sus alimentos son frutas ó nueces silvestres; jamas comen carne. La costumbre que tienen los negros que atraviesan los bosques, es de encender fuego durante la noche, y observan que por la mañana, luego que parten, los Pongos se ponen alrededor del fuego, y no se retiran hasta tanto que se apaga del todo; porque á pesar de su grande destreza, no tienen bastante conocmiento para conservarle echandole leña

Van muchas veces en bandas, y matan á los negros que atraviesan las señas. Se arrojan tambien sobre los elefantes que vienen á pacer en los sitios que ellos habitan, y los incomodan tan fuertemente con puñadas, ó á palos, que les obligan á huir dando bramidos. No se coge nunca ningun Pongo vivo, á causa de que son tan robustos que diez hombres apenas podrian sugetarle; mas los negros cogen muchos pequeños despues de haber matado a la madre, al cuerpo de la cual el hijuelo se agarra fuertemente. Cuando alguno de estos animales muere, los otros cubren su cuerpo de un monton de ramas y de hojas. Purchas añade que, en las conversaciones que tuvo con Battel, supo de él mismo que un Pongo le quitó un negrillo, el cual pasó un mes entero en la sociedad de estos animales; pues que no hacen ningun mal á los hombres que sorprenden, á lo menos cuando estos no los miran, como habia observado el negríllo. Battel no ha descrito la segunda especie de monstruo.

Dapper confirma que el reino de Congo está lleno de aquellos animales que llaman en las Indias Orangutanes, es decir, habitantes de los bosques, y que los Africanos llaman Cuajas-Moros. Esta bestia, dice, es tan parecida al hombre, que á algunos viageros les ha venido á la idea, que podia haberse producido de una muger y de un mono: quimera que aun los mismos negros reprneban. Uno de estos animales fue transportado desde Congo á Holanda y presentado al príncipe de Orange, Frederico-Enrique. Era de la altura de un niño de tres años y de una mediana robustez, pero cuadrado y bien proporcionado, muy ágil, y mu vivo, las piernas carnudas y gruesas, toda la delantera del cuerpo desnuda, mas la trasera cubierta de pelos negros. A primera vista, su cara parecia á la del hombre, pero tenia la nariz chata y torcida; sus orejas eran como la de la especie humana; su pecho (porque era una hembra) era grueso, su ombligo hundido, sus espaldas muy bien unidas, sus manos divididas en dedos y proporcionadas, sus pantorrillas, y sus talones gruesos y carnosos. Andaba comunmente derecho so sus piernas, y era capaz de levantar y de llevar fardos bastante pesados. Cuando queria beber tomaba con una mano la tapadera del jarro, y con la otra le tenia por el asiento; y en seguida se limpiaba con bastante gracia los labios. Se acostaba para dormir, la cabeza puesta sobre una almohada, y se cubría con tanta destreza que le hubieran tomado por un hombre en la cama. Los negros cuentan cosas muy raras de este animal ellos aseguran que no solamente fuerzan a las mugeres y á las mozuelas, sino que tambien se atreven á embestir á los hombres armados; en una palabra, hay suficiente apariencia para pensar que este sea el Sátiro de los antiguos. Menolla no habla puede ser sino de estos animales, cuando cuenta que los negros cogen algunas veces en sus caserias hombres y mugeres salvages.

Se habla tambien de esta especie de animales Antropofornes en el tercer tomo de la misma historia de los viages, bajo el nombre de Beggas y de Mandrilles; ero para no apartarnos de las relaciones precedentes, se hallan en la descripcion de estos pretendidos monstruos conformidades tan inmediatas con la especie humana, y diferencias aun menores que las que podrian señalarse de hombre á hombre. No se ve en estos pasages las razones sobre las cuales se fundan los autores para rehusar á los animales en cuestion el nombre de hombres salvages; bien fácil de conjecturar que esto es á causa de su estupidez, é igualmente porque no hablan: razones demasiado débiles para aquellos que saben que, aun cuando el órgano de la palabra sea natural al hombre, la palabra por si misma no le es sin embargo natural, y que conocen hasta que punto su perfectibilidad puede haber elevado a hombre civil sobre su estado original. El corto número de renglones que contienen estas descripciones nos puede hacer juzgar cuan mal observados han sido estos animales, y con que preocupaciones han sido vistos. Por ejemplo, los califican de monstruos, y no estante convienen en que engendran. En un parage Battel dice que los Pongos matan á los negros que atraviesan los bosques; y en otro, Purchas anade que no les hacen ningun mal aun cuando los sorprenden, á lo menos cuando los negros no atienden á mirarlos. Los Pongos se reunen al rededor de los fuegos encendidos por los negros; cuando estos se retiran, y ellos tambien se van a su turno cuando el fuego se apaga; ve aqui el hecho, y ve aquí al presente el comentario del observador: porque con mucha destreza, no tiene bastante sentido para entretenerle trayendo y poniendo leña. Quisiera adivinar como Battel ó Purchas su compilador han podido saber que el parage de la acogida de los Pongos era un efecto de su bestialida mas bien que de su voluntad. En un clima tal que el de Loango, el fuego no es una cosa muy necesaria a los animales, y ni los negros le encienden, es mucho menos á causa del frio que para espantar las bestias feroces; es enfin muy natural que los Pongos despues de haber estado algún tiempo regocijados con la llama, ó habiéndose calentado bien, se causen de permanecer siempre en el mismo sitio, y se vayan á buscar su alimento, que pide mucho mas tiempo que si comiescn carne. Ademas se sabe que la mayor parte de los animales, sin esceptuar de esto al ombre, son naturalmente perezosos, y que no se prestan á ninguna especie de cuidados que no sean de absoluta necesidad. Enfin parece muy estraña que los Pongos de quienes alaban la destreza y la fuerza; los pongos que saben enterrar los muertos y hacer tejados de ramages, no sepan atizar el fuego. Yo me acuerdo haber visto un mono hacer esta misma maniobra que no quieren que los Pongos puedan hacer; es verdad que mis ideas no hallandose por entonces dirigidas hácia tal objeto, cometí yo mismo la falta de que acuso a nuestros viageros, no hice caso ni examiné si la intencion del mono era en efecto de entretener el fuego, ó simplemente, como creo, de imitar la accion del hombre. Sea como sea, esta bien demostrado que el mono no es una variedad del hombre; no solamente porque está privado de la facultad de hablar, sino sobre todo porque su especie no tiene la de perfeccionarse, que es el carácter específico de la especie humana esperiencias que no parecen ha erse hecho con los Pongos y los Orangutanes con bastante cuidado para poder sacar una consecuencia igual a la anterior. Habria no estante un medio por el cual, si el Orangutan ó cualquier otro fuese de la especie humana, los observadores los mas groseras pudiesen asegurarse de ello por medio de una demostracion; pero ademas de que una sola generacion no seria suficiente para esta esperiencia, debe pasar por impraticable, porque seria indispensable que lo que no es otra cosa mas que una suposicion, pudiese ser demostrado como un axioma, antes que la prueba que debiese constatar el hecho pudiese ser emprendida inocentemente.

Los juicios precipítados, y que no son el fruto de una razon ilustrada, son propensos á dar en los escesos. Nuestros viageros sin meditacion ni trabajo hacen bestias bajo el nombre de Pongos, de Mandrilles, y de Orangutanes, de los mismos seres, de los que, bajo el nombre de sátiras, de Faunos, y de Silvanos, los antiguos hacian divinidades. Puede ser que despues de investigaciones exactas hallarán que no son ni bestias, ni dioses, pero sí hombres. Entre tanto, me parece que hay suficiente razon para seguir la opinion, sobre esto, de Merolla, religioso letrado, testi o ocular, y que á pasar de toda su ingenuidad no deja de ser hombre de entendimiento, mas bien que la del mercader Battel, de de Dapper, de Purchas y las de los demas compiladores.

¿Que juicio piensan que hubieran hecho semejantes observadores sobre el niño hallado en 1694, del cual he hablado anteriormente, que no daba ninguna señal de razon, andaba sobre sus manos y sobre sus pies, no tenia ningun lenguage y formaba unos sonidos que no se parecian en nada á los de un hombre? El permaneció mucho tiempo, continua el mismo filósofo que me ha comunicado este hecho, antes de poder preferir algunas palabras, y aun lo hacia de un modo bárbaro. Al momento que estuvo en estado de hablar, le interrogaron sobre su primer estado, pero no se acordaba de tal cosa, así como nosotros no nos acordamos dé todo cuanto nos ha sucedido en la cuna. Si desgraciadamente para él, este niño hubiera caido entre las manos de nuestros viageros, no se puede dudar que despues de haber observado su silencio y su estupidez, no hubiesen tomado el partido de volverle á enviar al bosque, ó de encerrarle en una leonera; despues de lo cual hubieran hablado sabiamente de él, en bellísimas relaciones, como de una bestia muy curiosa que se parecia mucho al hombre.

Despues de trescientos ó cuatrocientos años que los habitantes de la Europa inundan las otras partes del mundo, y publican sin cesar nuevas recopilaciones, estoy persuadido que nosotros no conocemos otros hombres mas que los solos europeos, aun parece segun las preocupaciones ridiculas que no se hallan estinguidas todavía, aun entre las gentes mismas del letras, que cada uno no sabe casi otra cosa, bajo el nombre pomposo de estudio del hombre, que el de los hombres de su pais. Los particulares pueden bien ir y venir; la filosofía parece que no viaja: así pues la de cada pueblo es por si mismo poco á propósito para cualquier otro. La causa de esto es bien clara, á lo menos por lo que respecta á las regiones lejanas; no hay mas que cuatro clases de hombres que hagan viages dilatados, los marineros, los mercaderes, los soldados y los misioneros; luego no se debe casi esperar que las tres primeras clases produzcan buenos observadores, y en cuanto á los de la cuarta, ocupados de la vocacion sublime que los reclama, cuando no fuesen propensos á las preocupaciones de estado como todos los demas, se debe creer que no se entregarian voluntariamente á investigaciones que parecen de pura curiosidad, y que los distraerian de los trabajos mucho mas importantes á los cuales se destinan. Ademas, para predicar útilmente el evangelio no es necesario sino fervor y zelo, y Dios de lo demas; mas para estudiar á los hombres, son indispensables talentos que Dios no se obliga á dar á nadie, y que no hacen siempre parte del patrimonio de los santos. No se abre ningun libro de viages en donde no se hallen descripciones de los caracteres y de las costumbres; pero se queda uno maravillado al ver en ellas que estas gentes que han descrito tanto acerca de las cosas, no han dicho mas sino lo que cada uno sabia ya, no han sabido divisar al otro cabo del mundo sino á aquello que no hubiera dependido mas que de ellos el conocer y notar sin salir de su calle, y que aquellas señales verdaderas que distinguen las naciones, y que se manifiestan á los ojos hechos para ver, se han casi siempre ocultado ó escapado a los suyos. De aquí ha provenido ese ello adagio de moral, tan rebatido por la turba filosófica, que los hombres son por todas partes los mismos, y que teniendo igualmente por todas partes las mismas pasiones y los mismos vicios, es bastante inútil el buscar á caracterizar los pueblos diversos; lo cuales casí, tan buen modo de raciocinar como si se digese, que no se sabria ni odria distinguir ni hacer la diferencia de Pasto con Juan, porque tienen los dos una nariz, una boca y dos ojos.

No se verán renacer jamas aquellos tiempos felices en los que los pueblos no se metían en filosofar, pero en los cuales los Platones, los Tales y los Pitágoras, penetrados de un deseo ardiente de saber, emprendian largos viages con la mira sola de instruirse, é iban lejos de su patria á sacudir el yugo de las preocupaciones nacionales, á aprender á conocer á los hombres por medio de sus conformidades y de sus diferencias, y á adquirir aquellos conocimientos universales que no son de ningun modo los de un siglo, ó de un pais esclusivamente, sino que siendo de todos tiempos y de todos los lugares, son, por decirlo así, la ciencia comun de los sabios?

Se admira la magnificencia de algunos curiosos que hacen ó han hecho hacer con grandes gastos viages en el oriente, acompañados de sabios y de Hintores, afin de dibujar alli algunas ruinas, y decifrar ó copiar algunas inscripciones; pero no puedo comprender por que razon en un siglo en el cual todo el mundo se jacta de bellos conocimientos, no se hallan dos hombres bien unidos, y ricos, el uno en dinero, y el otro en ingenio, amando ambos la gloria, y aspirando á la inmortalidad, el uno sacrificando veinte mil escudos de su bolsillo, y el otro diez años de su vida para un viage célebre en el que diesen la vuelta al mundo, á efecto de estudiar por esta via, no las piedras y las plantas como regularmente se ha hecho, sino á los hombres y á las costumbres, y que despues de tantos siglos empleados á medir y considerar la habitacion, les venga á la idea enfin el querer conocer á sus habitantes.

Los académicos que han recorrido las partes septentrionales de la Europa y las meridionales de la América, tenian mas bien por objeto el de visitarlas como geómetras que como filósofos. No ostante como eran lo uno y lo otro á la vez, no se deben mirar como totalmente desconocidas aquellas regiones que han sido vistas y descritas por los la Condamine, los Maupertuis. El joyero Chardon que ha viajado como Platon, no ha omitido nada acerca de la Persia; la China parece que ha sido bien observada por los Jesuitas. Kempfer da una idea bastante regular de lo poco que vió en el Japon. Reducidos á estas relaciones, nosotros no conacemos los pueblos de las Indias orientales, frecuentadas únicamente por los europeos mucho mas curiosos de llenar sus bolsillos que sus cabezas. El Africa entera y sus numerosos habitantes, tan singulares por su caracter como por su color, eslánaun por conocer y examinar; toda la tierra está cubierta de naciones de las que no conocemos mas que los nombres; ¡y nos atrevemos sin ambargo á juzgar el género humano! Supongamos un Montesquieu, un Buffon, un Diderot, un Duelos, un D’Alembert, un Condillac, ú otros hombres de igual naturaleza, viajando ara instruir á sus compatriotas, observando y describiendo, como lo saben hacer, la Turquía, el Egipto, la Berbería, el Imperio de Marruecos, la Guinea, los paises de los Cafres, lo interior del Africa, y sus costas orientales, los Malabares, el Mogol, las orillas del Ganges, los reinos de Siam, de Pegu, y de Ava, la China, la Tartaria sobre todo el Japon: en seguida en el otro hemisferio el imperio de Méjico, el Perú, Chile, las tierras Magallanicas, sin olvidar los Patagones, verdaderos ó fabulosos, el Tucuman y el Paraguay, si era posible tambíen, el Brasil, y enfin los Caribes, la Florida y todas las regiones salvages, viage pues el mas importante de todos, y el que era necesario hacer con el mayor celo y cuidado: supongamos luego que estos nuevos Hércules, de vuelta ya de sus memorables marchas, escribiesen en seguida muy despacio la historia natural, moral y política de lo que hubiesen visto, y veríamos nosotros mismos entonces salir un mundo nuevo de sus plumas, y sabríamos y aprenderíamos por este modo á conocer el nuestro: digo enfin que cuando semejantes observadores afirmarán que un tal es un hombre, y que tal otro es una bestia, será forzoso creerles; pero me parece una gran simpleza el fiarse sobre esto de unos viageros groseras acerca de los cuales se veria uno tentado algunas veces de hacer la misma cuestion que ellos se atreven á resolver sobre los otros animales.

(K) Página 28 - Esto me parece de una evidencia palpable, y no puedo concebir de donde nuestros filósofos pueden hacer provenir todas las pasiones que suponen y dan al hombre natural. Esceptuando la sola necesidad fisica, que la misma naturaleza pide, todas las otras no son tales sino por el hábito, antes del cual no eran de ninguna manera necesidades, ó por nuestros deseos, y jamas se desea ni puede desearse aquello que no se conoce ó que no se esta en estado de conocer. De adonde se sigue que el hombre salvage no deseando sino aquellas cuya posesion está en su poder, ó que le es fácil de adquirir, nada puede haber que se halle en tanta tranquilidad como su alma, y nada mas limitado que su entendimiento.

(L) Página 36 - Yo encuentro en el gobierno civil de Locke una objeccïon que me parece demasiado especiosa para poder disimularla.

El objeto de la sociedad entre el varon y la hembra, dice este filósofo no siendo simplemente el de procrear, sino el de perpetuar a la especie, esta sociedad debe durar aun despues de la procreacion, á lo menos tanto a tiempo cuanto es indispensable para la nutrición y la conservacion de los procreados; es decir, hasta tanto que ellos sean capaces por sí solos de proveer á sus necesidades. Esta regla, que la sabiduría infinita del Criador ha establecido en todas las obras de sus manos, la vemos observada constantemente y con exactitud por todas las criaturas inferiores al hombre. Entre los animales que viven de yerba la sociedad del macho y la hembra no dura mas tiempo que el de cada acto de copulacion, porque siendo suficientes las tetas de la madre para criar á los hijuelos hasta que se hallan capaces de comer yerba, el macho se conte con engendrar y no interviene despues de esto en nada ni con la hembra ni con los híjuelos, á la susistencia de los cuales no puede contribuir de ninguna manera. Mas por lo que hace á las bestias carnívoras, la sociedad dura mas tiempo, á causa de que la madre no siéndole posible el proveer bien a su susistencia propia, y criar á la vez sus hijuelos, por la sola presa que ella hiciese, cuya vida nutritiva es mas laboriosa que la de alimentarse de yerba, la asistencia del macho es de toda necesidad para el mantenimiento de la familia comun, si se puede emplear este término; la cual hasta tanto que pueda ir á buscar alguna presa, no podria susistir sin la asistencia de macho y de la hembra. Se observa lo mismo con respecto á todas las aves, de las cuales escetuauso algunas aves domésticas que se hallan en parages en los que la continua abundancia de alimentos dispensa al macho del cuidado de alimentar los polluelos; se observa que mientras que los hijúelos en sus nidos tienen necesidad de nutrimento, el macho y la hembra selo traen, hasta tanto que ellos pueden volar y proveer á su susistencia.

Y es en esto, segun mi dictámen, en lo que consiste la principal, si no es la sola razon porque el varon y la hembra en el género humano se ven obligados á una sociedad mas larga que la que entretienen las otras criaturas. Esta razon es que la muger es capaz de concebir, y es ordinariamente de nuevo en cinta y da á luz un nuevo hijo, mucho tiempo antes que el anterior se halla en estado de poder pasar sin el auxilio de sus padres, y por si mismo proveer á sus necesidades. Así pues, un padre estando obligado de cuidar de aquellos que ha engendrado, y de continuar este cuidado durante mucho tiempo, se halla tambien en la obligacion de continuar viviendo en la sociedad conyugal con la misma muger de quien los ha tenido, y de permanecer en esta sociedad mucho mas tiempo que las otras criaturas, de las cuales los híjuelos pueden susistir por ellos mismos, antes que llegue el tiempo de una nueva procreacion, el vínculo que une al macho y la hembra se rompe en este caso por sí mismo, y el uno y el otro se encuentran en una plena libertad, hasta tanto que la estacion que acostumbra á estimular los animales á unirse, los obliga á escogerse nuevas campañas. Y en esto no se sabrá admirar bastante la sabiduría del Criador, que habiendo dado al hombre las cualidades propias para precaver lo futuro del mismo modo que no presente, ha querido y ha hecho de manera que la sociedad del hombre durase mucho mas tiempo que la del macho y la hembra entre las demas criaturas, afin de que la industria del hombre y de la muger fuese mas escitada, y que sus intereses mas bien unidos, con la mira de hacer provisiones para los hijos y dejarles bienes, no pudiendo ser nada tan perjudicial á los hijos como una conjuncion incierta y vaga, ó una disolucion fácil y frecuente de la sociedad conyugal.

El mismo amor de la verdad que me ha hecho esponer sinceramente esta objeccion, me impele á acompañarla de al unas observaciones, sino para poder resolverla, á lo menos para aclararla.

Yo observará por consecuencia que las pruebas morales no tienen una gran fuerza en materia de física, y que sirven mas bien a dar razon de los hechos existentes que á constatar la existencia real de estos mismos hechos. Luego, tal es el género de prueba que Locke emplea en el pasage que acabo de manifestar; porque aunque pueda ser ventajoso á la especie humana que la union del hombre y de la muger sea permanente, de aquí no se sigue ni puede seguirse que hay: sido así establecido por la naturaleza; de otra suerte seria forzoso decir que ella ha instituido igualmente en la sociedad civil, las artes, el comercio todo cuanto pretenden que es útil a los hombres.

1° Yo ignoro en donde, Locke, ha hallado que entre los animales carnívoros la sociedad el macho v de la hembra dura mas tiempo que entre aquellos que viven de yerbas, y que el uno ayuda al otro á alimentar los hijuelos; pues que todos ven que el perro, el gato, el oso, y el lobo no reconocen sus hembras de un modo mejor ni mas demostrativo que el caballo, el Carnero, el loro, el ciervo, y todos los demas animales cuadrúpedos Al contrario parece que si los auxilios del macho fueran necesarios á la hembra para conservar sus hijuelos, esto seria sobre todo entre las especies que no viven sino de yerbas, puesto que le es indispensable á la madre muchísimo tiempo para pacer, que durante este intervalo se ve obligada á descuidar su camada, en lugar que la presa de una osa o de una loba es devorada en un instante, y ella tiene, sin sufrir el hambre, mucho mas tiempo para dar de mamar á sus cachorrillos. Este razonamiento está confirmado por una observacion sobre el número relativo de tetas y de hijuelos que distingue las especies Carnívoras de las fragivoras, y de lo que he hablado en la nota (g). Si esta observacion es justa y general, la muger no teniendo mas que dos pechos, y no dando á luz casi mas que un niño á la vez, va aquí otra razon poderosa, para dudar que la especie humana sea naturalmente carnívora, de manera que parece que, para sacar la conclusion de Locke, seria necesario volver enteramente al reves todo su raciocinio. No le halla mayor solidez en la misma especia de distincion aplicada á las aves. Porque ¡quien podrá persnadirse ue la union del macho y de la hembra es mas durable entre los buytres y los cuervos que entre las tórtolaa? Tenemos dos clases de aves domésticas; la ánade y el palomo, las que nos dan ejemplos directamente contrarios al sistema de este autor. El paloma que no vive sino de grano, permanece unido á su hembra, y alimentan sus pichonzuelos entre los dos. El ánade, cuya voracidad es conocida, no reconoce ni á su hembra, ni á sus polluelos, y no ayuda en nada a su susistencia; y entre las gallinas, especie que no es mucho menos Carnívora, no se ve que el gallo se tome ningun trabajo por la nidada. Que si en las otras especies el macho parte con la hembra el cuidado de alimentar los hijuelos, es con motivo de que las aves que no vuelan al instante, y á quienes la madre no puede dar de mamar, se encuentran mucho menos en estado de rivarse de la asistencia del padre que los cuadrúpedos, para los cuales es suficiente la teta de la madre á lo menos durante algun tiempo.

3° Hay bastante incertidumbre sobre el hecho principal que sirve de basa á todo el razonamiento de Locke; porque para saber si, como él pretende, en el puro estado natural, la muger es de ordinario en cinta de nuevo y da á luz otro hijo, mucho tiempo antes que e] anteríor pueda por sí mismo proveer á sus necesidades, serian indispensables unas esperiencias que seguramente Locke no habia hecho, y que nadie se halla al alcance de hacer. La cohabitacion continua del marido y de la muger es una ocasion muy próxima de esponerse á un nuevo preñado; siendo bien difícil de creer que el encuentro fortuito, ó la sola impulsion del temperamento produzcan efectos tan frecuentes en el puro estado natural como en el de la sociedad conyugal; lentitud que contribuiria puede ser á que los niños fuesen mas robustos, y que ademas podria ser compensada por la facultad de concebir, prolongada en aquelllas mugeres que hubiesen abusado menos de ella en su juventud, hasta una edad mucho mas avanzada. Con respecto á los niños, hay bastantes razones para creer que sus fuerzas y sus órganos se desenvuelven mas tarde entre nosotros que no se hacia en el estado primitivo de que hablo. La debilidad original que sacan de la constitucion de los padres, los cuidados que que se toman de cubrirles y oprimirles todos sus miembros; la molicie en la cual son criados, tal vez el uso de otra leche que la de la madre: todo contribuye y retarda en ellos los primeros progresos de la naturaleza. La aplicacion que les obligan á tener acerca de mil cosas sobre las cuales fijan continuamente su atencion, mientras que no dan ningun ejercicio á sus fuerzas corporales, todo esto puede dar una diversion considerable á su acrecentamiento; de suerte que si, en lugar de sobrecargar y fatigar con esto los espíritus de mil maneras, dejasen ejercer sus cuerpos en los movimientos continuos que la naturaleza parece pedirles, es de creer que ellos se hallarian mucho mas pronto en estado de andar, de obrar y de proveer ellos mismos á sus necesidades.

4º Enfin Locke prueba todo lo mas que podrá muy bien haber en el hombre un motivo para permanecer unido á la muger: luego que ella tiene un hijo; mas no prueba de ningun modo que ha debido adherirse á ella antes del parto y durante los nueve meses del preñado. Si tal muger es indiferente al hombre durante estos nueve meses; si aun le viene á ser desconocida, ¿por que razon la socorrera ó auxiliará despues del parto? ¿Porque le ayudará á criar un niño que ignora hasta si le pertenece, y del cual no ha resuelto ni previsto el nacimiento? Locke supone como evidente lo que está en cuestion; pues que no se trata de saber por que causa el hombre permanecerá junto á la muger despues del parto, sino porque se adherirá á ella despues de la concepcion. Satisfecho el apetito el hombre no tiene ya mas necesidad de la tal muger, ni de la muger de tal hombre: el no tiene el menor recelo, ni puede ser la menor idea de las consecuencias de su accion: el uno se va por un lado, el otro por otro, y no hay apariencia que al cabo de nueve meses tengan ni aun la memoria de haberse conocido; porque esta especie de memoria por la cual un individuo da la preferencia á un individuo para el acto de la generacion, exige, como lo pruebo en el testo, mas progresos ó corrupcion en el entendimiento humano, que el que puede suponérsele en el estado de anímalídad, del cual se trata aquí. Otra muger puede sin contradiccion contentar los nuevos deseos del hombre con tanta comodidad como aquella que ha conocido ya, y otro hombre contentar de la misma manera á la muger, bajo la suposicion que ella se halle estimulada y acometida del mismo apetito durante el puñado, de lo que se puede razonablemente dudar. Mas si en el estado natural la muger no vuelve á sentir mas la pasion del amor despues de la concepcion del feto, el ostáculo á su sociedad con el hombre viene por esto á ser mucho mayor, pues que en tal caso no tiene necesidad ni del hombre que la ha fecundado, ni de ningun otro. No hay pues en el hombre ninguna razon para buscar de nuevo ó solicitar la misma muger, ni en la muger ningun motivo tampoco para pretender al mismo hombre. El razonamiento de Locke se cae pues, desbaratado, y toda la dialéctica de este filósofo no le ha libertado y puesto á cubierto de los yerros en que Hobbes y otros han incurrido. Ellos tenian que esplicar un hecho del estado natural, es decir, de un estado en el cual los hombres vivian aislados, y en donde tal hombre no tenia ningun motivo para permanecer al lado de tal hombre, ni puede ser los hombres de morar al lado los unos de los otros, lo que es aun peor; y asi no han pensado en transferirse mas allá de los siglos de sociedad, es decir, de esos tiempos en que los hombres tienen siempre una razon para vivir cerca los unos de los otros, y en el que tal hombre tiene muchas veces un motivo para vivir al lado de tal hombre ó de tal muger.

(m) Página 37. Yo me guardará bien de engolfarme en las reflexiones filosóficas que habria que hacer sobre las ventajas y los inconvenientes de esta institucion de las lenguas; no es á mí á quien está permitido el atacar los errores vulgares, y el pueblo letrado respeta demasiado sus preocupaciones para sufrir y soportar con paciencia mis pretendidas paradojas. Dejemos pues de hablar á las gentes á quienes no se les ha hecho ningun car o por haber osado tomar algunas veces el parti o de la razon contra la opinion y dictámen de la multitud. Nec quidquam felicitatí humani generis decederet, si, pulsá tot linguarum peste et confusione, unan artem callerent mortales, es signís, motibus, gestibusque licitum font quidvis explicara. Nunc weno ita comparatum est, ut animalium que vulgó bruta creduntur, melior longé quám nostra hác in parte vuídeamr conditio, ut paté que promptias et forsan felicíús, sensus et cogitatíones mas síne interprete significent, quám ulli queant mortales, presertím si peregrino utantur sermone. Is. Vossins de poemat. cant. et viribus rythmi, pág. 66.

(n) Página 46. Platon manifestan o cuan necesarias son las ideas de la cantidad discreta y de sus relaciones para la menor de las artes, se burla con razon de los autores de su tiempo, que pretendían que Palamedes habia inventado los números en el sitio de Troya; como si Agamemnon, dice este filósofo, hubiese podido ignorar hasta entonces cuantas piernas tenia. En efecto, se conoce a primera vista la imposibilidad de que la sociedad y las artes hubiesen llegado al grado en que se hallaban en el tiempo de Troya, sin que los hombres conociesen y omplessen los números y el cálculo: pero la necesidad de conocer los números antes de adquirir otros conocimientos, no hace por eso la invencion mas fácil de imaginar; los nombres de los numeros una vez conocidos, no es difícil el esplicar el sentido, y el crear y escitar las ideas que estos números representan; mas para inventarios fue forzoso, antes de poder concebir estas mismas ideas, haberse, por decirlo así, familiarizado con las meditaciones filosóficas, haberse ejercitado en considerar a los seres por su sola esencia; y independiente de toda otra percepcion; abstraccion penosísima, muy metafísica, muy poco natural, y sin la cual no ostante estas ideas no hubieran jamas podido transmitirse de una especie ó de un género á otro, ni los números venir á ser universales. Un salvage podrá muy bien considerar separadamente su pierna derecha y su pierna izquierda, ó mirarlas juntas bajo la idea indivisible de un par, sin pensar nunca que tenia dos piernas, porque una cosa es la idea representativa que nos pinta un objeto, y otra cosa es la idea numérica que la determina. Menos aun podria calcular hasta cinco; y aun cuando poniendo sus manos la una sobre la otra, pudiese advertir que los dedos se correspondian exactamente estaba muy lejos de pensar en su igualdad numérica; él no sabia mejor la cuenta de sus dedos que la de sus cabellos; y si despues de haberle hecho conocer y comprender que cosa era número, alguno se hubïese dicho que tenia tantos dedos en los pies como en las manos, se hubiera puede ser sorprendido estraordinariamente contándolos al hallar que era verdad. (o) Página 52. No es necesario confundir el amor propio y el amor de sí mismo, dos pasiones muïdiferentes por su naturaleza y por sus efectos. El amor de sí mismo es un sentimiento natural que conduce á todo animal á velar sobre su propia conservacion, y que produce, dirigido en el hombre por la razon y modificado por la piedad, la humanidad y la virtud.

El amor propio no es sino un sentimiento relativo, ficticio y nacido en la sociedad, que conduce á cada individuo á hacer mucho mas caso de sí que de cualquier otro, que inspira á los hombres todos los males que se hacen mutuamente, y que es el verdadero manantial del honor.

Todo esto bien entendido, digo que en nuestro estado primitivo, en el verdadero estado natural, el amor propio no existe; porque cada hombre en particular se mira él mismo como el solo espectador que le observa, como el único ser en el universo que toma interes por él, y como el solo juez de su propio mérito, y así no es posible que un sentimiento que tiene su orígen en la comparacion que no se halla en estado ni al alcance de hacer, pueda brotar ni hechar raices en su alma: por la misma razon este hombre no podiá tener ni odio ni deseo de venganza, pasiones que no pueden nacer sino de la opinion de alguna ofensa recíbida; y como es el desprecio ó la intencion de hacer daño, y no el mal quien constituye la ofensa, los hombres que no saben ni apreciarse ni compararse, pueden hacerse muchas violencia: naturales, cuando ellas les producen algunas ventajas, sin ofenderse nunca reciprocamente. En una palabra, cada hombre no viendo casi de otra suerte á sus semejantes que como veria á los animales de otra especie, puede quitarle la presa al mas débil ó ceder la suya al mas fuerte, sin considerar estas rapiñas sino como acaecimientos naturales, sin el menor movimiento de insolencia ó de ira, y sin otra asion mas que el dolor ú el gozo de un buen ó mal suceso.

(p) Página 89. Es una cosa estremamente rara, que depues de tantos años que los europeos se atormentan para obligar á los salvagea de diversas regiones del mundo ávivir como ellos, no hayan podido aun atraer á uno solo, ni aun siquiera con el auxilio del cristianismo, pues que nuestros misioneros lucen de ellos algunas veces cristianos, pero jamas hombres civilizados. Nada puede hacerles sobrepujar la invencible repugnancia que tienen para adoptar nuestras costumbres y vivir á nuestro modo. Si estos pobres salvages son tan desgraciados como pretenden ¿porque inconcebible depravacion de juicio rehusan constantemente el civilizarse á nuestra imitacion, ó el aprender á vivir felices entre nosotros; mientras que se lee en mil partes que muchos franceses y otros europeos se han refugiado voluntariamente entre estas naciones, y han pasado allí su vida, sin poder despues dejar una manera de vivir tan estraña, y que se ven aun muchos misioneros sensatos llorar de sentimiento al recordarlos dias tranquilos é inocentes que habian pasado entre esos pueblos tan despreciados? Si responden que ellos no tienen bastantes luces para juzgar sanamente de su estado y del nuestro, yo replicaré que la estimacion de la felicidad en mucho menos un asunto de la razon que del sentimiento. Ademas, esta respuesta puede redargüirse contra nosotros con mucha mas fuerza aun; porque hay mucha mas distancia de nuestras ideas á la disposicion de espíritu en la cual debería estarse para poder concebir el gusto que hallan los salvages en un modo de vivir, que de las ideas de los salvages á aquellas que pueden hacerles concebir el nuestro. En efecto, despues de algunas observaciones, les es muy fácil el conocer que todos nuestros trabajos se dirigen sobre dos objetos solos; a saber: para sí las comodidades de la vida, y la consideracion entre los otros. Mas cual será ei medio por donde nosotros podamos imaginar la especie de placer que es esperimenta un salvage pasando su vida solo en medio de los bosques, ó en la pesca, y en soplar en una mala flauta, sin poder nunca sacar un solo tono, y sin cuidarse ni dársele nada de no aprenderlo.

Han traido muchas veces salvages á Paris, á Londres, y á otras ciudades; se han apresurado en hacerles ver ostentosamente nuestro lujo, nuestras riquezas y todas nuestras artes las mas útiles y las mas curiosas; todo esto no ha escitado jamas en ellos sino una admiracion estúpida, sin el menor movimiento de deseo ó codicia. Me acuerdo entre otras de la historia de un gefe de algunos Americanos septentrionalea que trajeron á la Corte de Inglaterra, hace unos treinta años. Le hicieron ver mil cosas afin de poder hacerle un regalo que lo agradase, sin que encontrasen nada de que pareciese tener e menor deseo. Nuestras armas le parecian pesadas é incómodas, nuestros zapatos le herian los pies, nuestros vestidos le quitaban la libertad, y así todo lo despreciaba; al fin repararon que habiendo tomado una colcha de lana, parecia tener placer en cubrir con ella sus espaldas; no negaréis, a lo menos, le digeron al punto, la utilidad de ese mueble. Sí, respondió el, esto me parece casi tan bueno como la piel de una bestia. Aun ni eso hubiera dicho, si hubiese llevado lo uno y lo otro en tiempo de lluvia.

Puede ser me dirán que es este hábito el que, aficionando á cada uno á su modo de vivir, impide á los salvages el conocer lo que hag de bueno en el nuestro: y bajo este concepto debe parecer á lo menos muy estraordinario que el hábito tenga mas vigor para hacer permanecer á los salvages en el gusto de su miseria, que á los europeos en el goce de su felicidad. Mas para dar á esta última objeccion una respuesta á la cual no haya ni una sola palabra que replicar, sin alegar todos los jóvenes salvages que se han esforzado en vano de civilizar; sin hablar de los Groenlandeses y de los habitantes de la Islandia, que han intentado educar y alimentar en Dinamarca, y que la tristeza y la desesperacion han hecho perecer á todos, ya sea de tedio y ya en el mar adonde habian tentado á nado poder escaparse y llegar á su pais, yo me comentaré con citar un solo ejemplo bien constatado, y que doy para que le examinen los admiradores de la civilizacion europea.

Todos los esfuerzos de los misioneros holandeses del Cabo de Buena-Esperanza no han sido jamas suficientes para convertir á un solo Hotentote. Vander - Stel, gobernador del Cabo, habiendo tomado uno en la infancia, le hizo educar en los principios de la religion cristiana, y en la práctica de los usos de la Europa. Le vistieron rícamente; le enseñaron muchas lenguas, y sus progresos correspondieron completamente con los cuidados que tomaron en su educacion. El gobernador, esperando mucho del entendimiendo del jóven hotentote, le envió á las Indias con un Comisario general, quien le empleó útilmente en los negocios de la compañía. Despues de la muerte del Comisario volvió al Cabo. Pocos dias despues de su vuelta, en una visita que hizo á alguuos Hotentotes de sus parientes, tomó el partido de despojarse de sus galas europeas para revestirse de una piel de oveja. Volvió al fuerte, con este nuevo trago, cargado de un paquete que que contenia sus antiguos vestidos, y presentándoselos al Gobernador, le dijo estas palabras: Tenga la bondad, señor, de hacer atencion á que renuncio para siempre á estos atavíos. Que renuncio igualmente, para toda mi vida á la religion cristiana; mi resolucion es de vivir y morir en la religion, en las costumbres y en los usos de mis antepasados. La única gracia que le pido es de dejarme el collar y el alfange que llevo; yo lo conservaré por su amor. Al momento, sin esperar la respuesta de Vander-Stel, se desapareció huyendo, y nunca mas le volvieron á ver en el Cabo. Hist. de los viages tomo 5 . página 175.

(q) Página 101 Podrán objectarme que los hombres, en semejante desórden, en lugar de degollarse entre ellos ostinadamente, se habrian dispersado, si no hubiese tenido limites su dispersion. Mas primeramente aun cuando estos límites hubieran sido á lo menos los del mundo; si se piensa á la escesiva poblacion que resulta del estado natural, se juzgará que la tierra en este estado no hubiera tardado en verse cubierta de hombres, obligados por esta causa á permanecer reunidos. Ademas ellos se hubieran dispersado si el mal hubiera sido rápido, y que hubiese sido una mudanza hecha de un dia para otro; mas como nacian bajo el yugo, tenian la costumbre de soportarle aunque sintiesen bien el peso, v se comentaban con esperar la ocasion de sacudirle. Enfin, habituados ya á mil comodidades que les formaban a vivir unidos, la dispersion no era ya tan fácil como en los primeros tiempos en los cuales no teniendo ninguno necesidad sino de si mismo, cada cual tomaba su determinacion sin esperar el consentimiento de otro.

(r) Página 105. El Mariscal de V*** contaba que, en una de sus campañas, las escesivas picardias de un proveedor de víveres habiendo hecho sufrir y murmurar al ejercito, le reprendió agriamente y le amenazó de que le haria ahorcar. Esa amenaza no tiene conexion conmigo, le respondió osadamente el bribon, y tengo mucho gusto en poder decirle que no se abarca nunca á un hombre que dispone de sesenta mil duros. No sé como se hize la cosa, añadía con sencillez y gracia el Mariscal, pero en efecto el no fue ahorcado, a pesar de que mereció el serlo mas de cien veces.

(s) Página 129 La justicia distributiva se opondria ella misma a esta igualdad rigurosa del estado natural, aun cuando pudiese ser practicable en la sociedad civil, y como que todos los miembros del estado le deben servicios proporcionados á sus talentos y á sus talentos y á sus fuerzas, los ciudadanos á su turno deben ser distinguidos y favorecidos a proporcion de sus servicios. Es en este sentido como es necesario entender un pasage de Isocrates, en el cual ensalza á los primeros Atenienses por haber sabido distinguir perfectamente cual de las dos clases de igualdades era la mas ventajosa, de las que la una consiste en hacer participes de las mismas ventajas á todos los ciudadanos indiferentemente, y la otra en distribirlas segun el mérito de cada uno. Aquellos habiles políticos, añade el orador, desterrando esta injusta igualdad que no hace; ninguna diferencia entre los malvados y las gentes de bien, se adhirieron inviolablemente a aquella que recompensa y castiga a cada uno segun su mérito. Pero primeramente no han existido nunca una sociedad á cualquier grado de corrupcion que haya podido llegar, en la que no se hiciese ninguna diferencia de los perversos y de las gentes honradas; y en materia de costumbre, en donde la ley no puede fijar una medida bastante exacta para que pueda servir de regla al magistrado, ha sido sabiamente el que, para no dejar la suerte ó la clase de los ciudadanos a su discrecion, ella le prohibiese el derecho de juzgar las persons, para no dejarle sino el de juzgar las acciones. No hay sino las costumbres tan puras como eran las de los antiguos Romanos que pueden soportar las censuras y tales tribunales los hubieranmuy pronto trastornado y echado todo por tierra entre nosotros: solo a la estimacion pública pertenece el hacer la diferencia de los malvados y de la gente de bien; el magistrado no es juez sino de derecho riguroso, pero el pueblo es el verdadero juez de las costumbres; juez íntegro y aun tambien muy ilustrado sobre este punto, a quien engañan alguna vez, pero que no corrompen nunca. Las clases de los ciudadanos deben pues estar arregladas, no sobre el mérito personal, lo que seria dejar al magistrado el medio de hacer una aplicacion casi arbitraria de la ley, sino sobre los servicios reales que se hacen al estado, y que son susceptibles de una estimacion mas exacta.

Fin