Composición (Leída por los actores)

Composición[1]
Leída por los actores en el teatro del Príncipe en los días 6 de Septiembre y 11 de Octubre de 1839
 de José Zorrilla
del tomo octavo de las Poesías.


Hermanos como españolesEditar

Hartas ¡oh patria! lágrimas corrieron,
De sangre fraternal hartos arroyos,
De hartos valientes el sepulcro fueron
Charcas extensas y profundos hoyos.

Hoy, que calmada la sangrienta lucha
Tremolan a la par ambas banderas,
Blando, suspiro en derredor se escucha,
Corren de paz las lágrimas primeras.

Con ellas, sí, los párpados preñados,
Ha largo tiempo reventar querían,
Mas en la lid los ojos ocupados,
A vista de la sangre no podían.

Himnos de triunfo y de placer alcemos,
Y ya amigos y libres ciudadanos,
La sangre de esas lizas olvidemos
Que quema el corazón, mancha las manos.

Libres como españolesEditar

Libres también como nosotros eran;
No más su mengua tolerar pudieron,
Y helos aquí que con orgullo esperan
Bajo la enseña a que contrarios fueron.

Tended los brazos, de matar dolidos,
Libres tended las callecidas manos,
Que no hallaréis traidores escondidos
Tras el disfraz de libres y de hermanos.

Aquí está el trono que amparar debemos,
Aquí la Patria y Religión y Leyes;
Que aquí igualmente repartir sabemos
Libertad a los pueblos y a los reyes.

Generosos como españolesEditar

No hay más que un pabellón y una bandera;
Un sol alumbra, un ídolo se adora;
La frente ante él humillan altanera
Ambas huestes, vencida y vencedora.

De ambas la sangre en la montaña humea,
Tumba a entrambas común dio la montaña,
De ambas la sangre con honor se orea,
Que a ambas dio sangre la orgullosa España.

Ambas al fin de libertad reciben
Sin mengua ni mancilla el blando yugo,
Ambas con leyes fraternales viven,
Y donde no hay traición sobra el verdugo.

Venid, hermanos; a la par nacimos,
Al par dejamos la contienda fiera:
¿Queréis más? Olvidamos que vencimos;
No hay más que un pabellón y una bandera.




Aquella antigua raza de valientes
Cuyo brío español sembró el espanto
Por medio de las huestes insolentes
Que atropelló en Clavijo y en Lepanto;

Los que a Roma absoluta dieron leyes,
Los que sus velas por la mar tendieron
Dando a otro mundo religión y reyes
Hijos de España y nuestros padres fueron.

Si sujetos a error, como nacidos,
En contienda civil se desgarraron,
Ellos solos en bandos divididos,
Después que se batieron, se abrazaron.

Hijos de España y con valor nacimos;
Por arreglar nuestras contiendas fieras,
Harto como valientes combatimos;
Pleguemos de una vez nuestras banderas.

A ello nos brindan con tranquila sombra
De nuestras flores las silvestres calles,
De nuestras mieses la pajiza alfombra,
Y el verde pabellón de nuestros valles.

Que vale más gozar en la pobreza
Paz que a fuerza de sangre nos compremos,
Que a otro pedir con criminal pereza
La libertad que conquistar podemos.

¡Si, ciudadanos, raza de valientes
Cuyo brío español sembró el espanto
Por medio de las huestes insolentes
Que huyeron en Clavijo y en Lepanto,

No olvidéis que por premio merecido
Esos extraños, de la paz carcoma,
Querrán lo que salvar hemos podido
De las garras hipócritas de Roma!




No más de sangre bajarán teñidas
Los manantiales que la cumbre brota,
A contar a los pueblos afligidos
En cada infausto triunfo una derrota.

No más luchando con el rudo viento,
De cuervos roncos agorero bando,
Vendrá a mecerse donde el son violento
Del cóncavo cañón le esté llamando

No más al rayo de amarilla luna
Vagarán por la noche en la montaña
Las sombras de los héroes sin fortuna
Que gloria piden y sepulcro a España.

La gloria y el sepulcro que no hallaron
Cuando la vida por su patria dieron;
La gloria y el sepulcro que compraron
Cuando a los pies de su pendón cayeron.

¡Víctimas santas! ¡Sombras doloridas
Que insepultas dormís en la llanura,
Ya a través dejan ver vuestras heridas
Un sol de libertad y de ventura!

Ya podéis sin temor a la vergüenza
Alzar los ojos del sangriento caos;
No queda ya quien huya ni quien venza;
¡Fantasmas de los héroes, levantaos!

No receléis que al levantar la frente,
Tras rota peña o desplomado muro
Quede algún campesino irreverente
Que os aseste traidor plomo seguro.

Alzaos, sí; la paz de que gozamos,
Nosotros solamente nos la dimos,
No de extranjera grey la mendigamos,
Que a nadie juez de nuestra gloria hicimos.

Nuestra es la sangre que en la lid se orea,
Nuestra es la santa ley que obedecemos;
Grande o mezquina nuestra gloria sea,
Obra fue nuestra, y nuestra la queremos.

¡Atrás las lises de la intrusa Francia!
¡Atrás los mercaderes de Inglaterra!
Mientras valor nos quede y arrogancia,
No ha de faltarnos libertad ni tierra.


  1. Nota: Esta última composición fué prohibida por el Ayuntamiento antes de ser leída. ¡Es que somos hoy muy españoles y muy atrevidos!