Abrir menú principal

Compendio de Literatura Argentina: 04

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CAPÍTULO II

PRIMERAS TENTATIVAS LITERARIAS




 La literatura empezó en estas regiones, como en otras partes de América, por crónicas y relaciones del descubrimiento y de la conquista; entre estas se encuentran las de Ulrico Schmidel, que tomó parte en 1534 en la expedición de don Pedro de Mendoza, y los Comentarios del adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que se imprimieron en 1555.

 Las anteriores fueron escritas en prosa, pero también hubieron crónicas en verso, de alguna importancia, aunque nunca comparables con los grandiosos poemas de Ercilla ó de Castellanos ni de otros cantores, que en las diversas regiones del nuevo continente, templaron sus liras en el rugido de sus pamperos y en el arrullo de sus frondosas selvas, ó combinaron con lo sublime de la abstracción poética, los fieros arranques exhalados por el valiente salvaje en medio de las cruentas luchas de la conquista americana.

 La primera obra de esta naturaleza, escrita en estas regiones, fué La Argentina, poema histórico del que fué autor el extremeño don Martín del Barco de Centenera. (1572).

 Su mérito como poema es escaso, pues además de ser muy deficiente la inspiración y estar lleno de incidentes que entorpecen la narración, su estilo es muy pobre y descuidado.

 Su importancia está concentrada en la parte histórica, ya como cronista del adelantado Ortíz de Zárate, ya como biógrafo del fundador de Buenos Aires, don Juan de Garay.

 Apesar de sus deficiencias, es la obra más interesante que se conoce de la literatura colonial en los siglos XVI y XVII.

A Bernardo de la Vega, madrileño, residente en el reino de Tucumán, se le debe una novela titulada El Pastor de Iberia, que vio la luz en 1591.

Es citado entre los literatos de esta época, Luis Pardo, poeta andaluz, aunque no nos ha llegado ninguna de sus obras.

Pero, es después de la fundación de la universidad de Córdoba en 1622 por Fray Fernando de Trejo y Sanabria, que recién toma un poco de incremento la literatura en el virreynato del Plata, aunque dado el carácter de los estudios de aquella época, todas sus obras son más de controversia religiosa que de literatura, propiamente dicho.

Esto tiene fácil explicación, si nos fijamos que eran todos religiosos los que escribían, contando solamente la Compañía de Jesús con más de doscientos nombres entre profesores, predicadores, filósofos é historiadores.

Entre estos trabajos se encuentran algunos importantes, como los que sobre la historia civil y religiosa de este país, escribieron los jesuítas Techo, Xarque, Lozano y Guevara.

También se cita, de este tiempo, el poema La religión en el nuevo mundo, del P. Peramás, así como unas Crónicas del jesuíta Gervasoni y una obra en dos tomos debida á Jorge y Antonio Ulloa, que se titulaba Noticias secretas.

Pero la importancia que iba tomando Buenos Aires, como capital del virreynato, empezó á atraer elementos de progreso, de que había carecido.

Durante el gobierno del virrey Vertiz, se inauguró el primer teatro ó Casa pública de comediass, como se llamaba en aquel tiempo y que tuvo mucho éxito.

Bajo el mismo gobierno, y muy poco después que el teatro, se inauguró la primera imprenta.

Esto dió algún movimiento á la literatura, y aunque al principio solo sirvió para publicar bandos, edictos ó pastorales, no tardó en ser empleada para trabajos de más trascendencia, como fué la edición que, en 1796, se hizo de los Principios de la ciencia económico-política, que tradujo del francés el más tarde famoso general Manuel Belgrano.

A ella también se debe la publicación de las Poesías fúnebres á la memoria del virrey Melo, cuyo autor fué el presbítero D. Manuel Fernández de Agüero, que escribió después Poesías místicas y también una composición en décimas titulada Miserere.

Una vez que hubo imprenta, poco tardó en aparecer el periodismo, el que nació en 1801 con El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico, é Historiógrafo del Río de la Plata, fundado bajo los auspicios del virrey Marqués de Avilés y del Real Consulado, y dirigido por don Francisco Antonio Cabello.

Ya fuera como colaboradores, ya con composiciones sobre temas diversos, vemos figurar en sus columnas los nombres de Labardén, Azcuénaga, Casa Mayor, Eugenio del Portillo, Manuel Medrano, Prego de Oliver y otros.

Del último de los citados son una oda, de elegante estilo, A España en su decadencia, y algunos versos eróticos; pero lo que le dio más nombradía fueron sus Cantos á las acciones de guerra con los ingleses, en las provincias del Río de la Plata, en los años 1806 y 1807. La última obra que se conoce de él es una sátira, Himeneo, publicada en 1810.

Aunque los Cantos de Prego de Oliver llamaron grandemente la atención, fué más celebrado y ha conservado más reputación tradicional El triunfo argentino, de D. Vicente López, debido sin duda á que, aún cuando está consagrado todavía á la gloría de las armas españolas y fundido en el respeto á la Metrópoli, puede considerarse como el primer destello de la poesía patriótica argentina, puesto que, lo que principalmente exalta es el heroísmo del pueblo de Buenos Aires.

La Reconquista fué tema fecundo, que á más de las ya citadas composiciones inspiró un Romance histórico y un himno A la gloriosa defensa de Buenos Aires, obras del presbítero don Pantaleón Rivarola. También se cita un Poema, sobre el mismo asunto, escrito por Gabriel Ocampo.