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(Traducción de Longfellow)


¡Oh! pequeñuelos pies que en giro errante
iréis por largos años
al través de esperanzas y temores;
que a padecer iréis, al abrumante
peso de vuestra carga, mil dolores;
yo que me acerco a la postrer posada
donde tiene la paz su dulce asiento,
pienso en vuestra jomada,
y fatigado el corazón me siento!


¡Oh! pequeñuelas manos, que el destino,
    ya débiles, ya fuertes,
para el mando os reserva o la obediencia!
Yo que postrado al fin de mi camino
trabajé tanto tiempo en mi existencia
con mis libros y pluma — y generoso
al hombre consagré mi pensamiento,—
pienso en vuestra faena pesaroso,
y fatigado el corazón me siento!


¡ Oh tiernos corazones, que agitados
en febril impaciencia,
palpitáis presurosos sin que nada
sus deseos limite inmoderados!
Mi corazón, que en la vital jornada
por tanto tiempo ha ardido
su fuego oculta, ya bajo pasiones
que en cenizas la edad ha convertido!


¡Oh pequeñuelas almas! blancas, puras,
    límpidas cual los rayos
que caen del cielo, su divina fuente, —
ya próximo a romper las ligaduras
del mundo halagador — mi sol poniente
cuan rojo me parece cada día,
ya envuelto entre la niebla de los años,
y cuán triste mi alma y cuan sombría!