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Acto únicoEditar

CUADRO PRIMEROEditar

Una habitación de pobrísimo aspecto con una cama grande de hierro, una cómoda desvencijada, dos sillas, braseros y ollas en un rincón. Debajo de la cama un baúl. Hacia el centro una máquina de coser y cerca de ella un catrecito donde yace ARTURO, el niño enfermo.


ARTURO y CLAUDIA

CLAUDIA. -(Sentada, cosiendo en la máquina.) Ahora no más viene Canillita... ¡Sí, hijo!... ¡Es un pícaro, un bandido! ¡Miren que no venir pronto a jugar con su hermanito! ¡Cuando vuelva le voy a sacudir unos coscorrones! ¡Pero estése quieto, no se destape que eso le hace nana!... ¡Qué de montres de criatura! (Se levanta y va hacia la cama arreglando cuidadosamente las cobijas) Así, así... ¡Ajá!... ¡Bien tapadito el nene!... Si se está quietito, sudará bien y mañana podrá salir al patio a jugar con los muchachos... Sí; muchos juguetes le voy a comprar. ¡Y un trompo también!... Pero no se mueva, ¿eh?... ¿Un beso? ¡Veinte hijito!... Bueno; ¿me promete que va a ser buenito? ¿Que se va a estar quietito? (Lo besa y vuelve a coser afanosamente. Oyese la voz de Canillita que se acerca cantando un aire criollo conocido.) ¡Ahí está ese pícaro!...


Dichos y CANILLITA

CANILLITA. -Buenos días.

Música
Soy Canillita, 
gran personaje,
con poca guita
y muy mal traje;
sigo travieso,
desfachatado,
chusco y travieso,
gran descarado;
soy embustero,
soy vivaracho,
y aunque cuentero
no mal muchacho.
Son mis amigos
Pulga y Gorrita,
Panchito Pugos,
Chumbo y Bolita
y con ellos y otros varios
mañana y tarde
pregonando los diarios
cruzo la calle
y en cafés y bares
le encajo a los marchantes
diarios a mares.
Me tienen gran estrilo
los naranjeros
pues en cuanto los filo
los caloteo;
y a los botones
les doy yo más trabajo
que los ladrones.
A mí no hay quien me corra
yo le garanto.
Deshago una camorra
con tres sopapos
y al más manate
le dejo las narices
como un tomate.
Muy mal considerado
por mucha gente
soy bueno, soy honrado
no soy pillete
y para un diario
soy un elemento
muy necesario.


CANILLITA. -Pero, ¡la pucha que hace frío!... ¡Brr!... ¡Brr!... ¡Zás! ¡Arturito! ¿Todavía estás enfermo!... ¿Que sos pavo!... ¡Te hubieras ganado cincuenta centavos hoy!... ¡Se vendían como agua los diarios!... (Va hacía la cómoda y revuelve afanosamente.) Y... ¿no hay nada hoy?...

CLAUDIA. -¿Qué buscas?

CANILLITA. -¿Que no hay nada pa bullonear?...

CLAUDIA. -¡Sí, cómo no! ¡Por bien que te has portado! ¡Hemos de estar a las órdenes del señorito!... ¡No faltaba más!... ¿Por qué no viniste anoche? ¿Qué has andado haciendo?

CANILLITA. -¡Zamba!... ¡Menos mal! (Se vuelve mordiendo un trozo de pan.) ¿Qué decía, doña?

CLAUDIA. -¿Dónde has pasado la noche?

CANILLITA. -¿Que dónde estuve anoche?... ¡Farreando! ¡Fío!... ¡Qué farra!... ¡Corno era domingo y no había diario, nos juntamos con Chumbo, el Pulga, la Pelada, Gorrita y una punta más!... Güeno, ahí nos juntamos con otra patota y agarramos pa los diques que se iba un vapor pa Uropa... ¡Qué lindo ché!... El tanaje así amontonao, mujeres, pebetes, gringos, viejos... ingleses, baúles, loros... ¡ qué sé yo! ¡Vieras qué risa!... El Poroto que es un desalmao, empezó a titear a un tano viejo que se llevaba como veinte cotorras pa la familia en una jaula y el gringo a estrilar!... ¡Un derrepente el vapor toca pito y los emigrantes se atropellan por los tablones tirando los baúles, colchones, sillas de paja... «No se apuren no se apuren»!... gritaban los empleados. ¡Y los gringos nada!... Como locos ganaban el vapor... ¡Y quién te dice que al viejo se le quedan las cotorras olvidadas!... Y no se animaba a bajar del buque. «Si me da un cinco se la alcanzó», le gritó el Poroto... El viejo le tiró el níquel, y cuando le iba a alcanzar la jaula, un loro le clava el pico en un dedo; Poroto da un grito y... ¡zás!... la jaula al agua con todas las cotorritas... ¡Qué cosa! Güeno, dispués nos juntamos con Martillo, Gorrita y nos fuimos a dormir a la fonda.

CLAUDIA. -¡A la fonda!...

CANILLITA. -Sí, a la fonda de los muchachos allí en una obra de la calle Cangallo... con camas de piedras...

CLAUDIA. -Donde van a jugarse la plata, ¿no?... ¿A que no traés ni medio?

CANILLITA. -¡Ni medio!... ¿Y a mí qué?... Pa eso lo gano y es mía, bien mía, ¿sabe?... Si he de estar trabajando como un burro pa pagarle las copas a ese... atorrante, vale más que me lo juegue... Lo mismo me han de maltratar trayendo que no trayendo un centavo a casa.

CLAUDIA. -¡Estás muy gallito!... ¡Me parece que te anda queriendo el cuerpo!...

CANILLITA. -¡Ja, ja, ja!... ¡No crea, rubio! ¡Macana que le han contao!

CLAUDIA. -¡Muchacho!

CANILLITA. -¡Yo he dicho que a mí no me van a poner más la mano encima!... ¡Ni usted ni el tipo ése!...

CLAUDIA. -(Irritada.) ¿Que no? ¡Vas a ver!... (Se levanta y va hacia Canillita, que huye alrededor de los muebles golpeándose la boca y haciéndole burla. Lo alcanza y empieza a golpearlo.) ¡Tomá! ¡Sinvergüenza!... ¡Perdido!...

ARTURO. -(Incorporándose suplicante.) ¡No!... ¡No!... ¡Mamá!... ¡No le pegue a Canillita!...

CLAUDIA. -(Estrujándole con violencia.) ¡Bandido!... ¡Trompeta!... i Yo te voy a enseñar!...


Dichos y Don BRAULIO

D. BRAULIO. -(Separándolos.) ¡Señora, por Dios!... ¿Por qué le pega a esa pobre criatura?...

CLAUDIA. -¡Es muy sinvergüenza!...

CANILLITA. -(Llorisqueando.) ¡Sí!... ¡sinvergüenza!... ¡De vicio no más me pega! ¡Yo no le he hecho nada, don Braulio, por ésta!... Es que me tiene estrilo por culpa de ese compadrón que vive con ella.

CLAUDIA. -¡Tu padre!

CANILLITA. -¿Mi padre?... ¡Si se afeita!... ¡Mi padre, un atorrante que vive de la ufa!... ¡Mi padre un sinvergüenza que se hace mantener por mí y por ella y hasta por esa criatura que apenas camina. (Ve a Arturito que continúa de pie sobre la cama y va hacia él.) ¡Ese no es mi padre, no puede ser padre de nadie!... Ese... ¡es un canalla!... (Se enjuga las lágrimas.) ¡Sí, señor don Braulio! ¡Yo no me he quejado nunca: pero en esta casa por culpa de ese sarnoso, me tienen como pan que no se vende. ¡Canillita, refilá el vento!... ¡Canillita, vos me estás robando! ¡Canillita que te jugás la plata! ¡Canillita, sos un bandido!... ¡Y pim, pam, pum!... ¡trompadas! ¡patadas! y ¡pellizcones!... (Con rabia.) ¡Gran perra! ¡Con eso me pagan, con pedazos de pan duro y con sopapos: que me reviente de trabajar por traerles todos los días peso y medio de ganancia!... (Llora.)

D. BRAULIO. -(Muy conmovido, acariciándolo.) ¡Vamos, muchacho!. ¡Pobrecito!... ¡No llorés, que no es para tanto!...

CANILLITA. -(Secándose las lágrimas con la punta del saco.) ¡No, don Braulio; si yo no lloro!... ¡Es que me da un estrilo!... ¡Cualquier día me mando mudar y no me ven más la cara!... ¡Gran perra!...

D. BRAULIO. -¡Vamos, vamos, botarate! ¡Dejate de macanas! Andá y dale un beso a tu madre que no tiene la culpa.(Canillita abraza a Claudia que lo estrecha sollozante.)

CLAUDIA. -¡Pobre, pobre hijito mío!...

CANILLITA. -(Deshaciéndose, conmovido.) ¡Ya lo sé que no tiene la culpa! Antes no era así, no me pegaba ni nada. ¡Pero desde que vive con el tipo ese!... (Mordiéndose con rabia los puños.) ¡Una gran perra!... ¡Cualquier día le encajo la navaja en la barriga!...

ARTURO. -¡Canillita! ¡Vení!... ¡Mirá! (Canillita se le acerca y conversan en voz baja.)

D. BRAULIO. -¿Ha visto, doña Claudia?... ¡Lo que yo le decía! ¿Qué empeño tiene usted en seguir viviendo con ese hombre?... Cualquier día va a suceder una desgracia, porque ese muchacho está hecho un hombrecito y anda alzao... ¡Sepárese de una vez de Pichín!...

CLAUDIA. -Tiene razón. Hoy, después que lo he conocido a fondo, más bien que quererlo, le tengo odio... ¡Pero es capaz de hacerme cualquier cosa, hasta de matarme!...

D. BRAULIO. -¡Qué ha de matar ese sotreta!...

CANILLITA. -(A Arturo.) ¡No; no te lo doy ni te lo muestro porque te has estado destapando!...

ARTURO. -¡Sí!... ¡Dámelo!... ¡A ver!... ¡No seas malo!... ¡Traé!...

CANILLITA. -Bueno; si adivinás lo que es, te lo doy... empieza con t...

ARTURO. -¡Bah!... Ya sé... ¡Un trompo!...

CANILLITA. -(Sacando un trompo del bolsillo.) ¡Y fíjate qué punta!...

D. BRAULIO. -¡Parece mentira, doña!... No sé cómo hay gente en el mundo que se resignen a vivir una vida tan arrastrada... ¡Largue de una vez a ese individuo!... (Indeciso.) Después de todo... no le faltaría el apoyo de un hombre honrao... ¡qué diablos!... ¡Es lo que le conviene!... ¡Un buen padre para esas pobres criaturas!... Yo... Yo... por ejemplo.

CLAUDIA. -Es que...

D. BRAULIO. -¿Entuavía le tiene cariño?...

CLAUDIA. - ¡Cariño no!... pero...

D. BRAULIO. -¡Bah!... ¡Bah!... ¡Lárguelo por un cañuto!...

ARTURO. -¿Y el gigante qué le hizo?...

CANILLITA. -Como estaba muy flaco lo empezó a engordar en una jaula y todos los días lo iba a ver... Cuando lo tuvo bien gordito, convidó a todos los otros gigantes a un banquete y...

D. BRAULIO. -Sí, señora; aquí están los remedios. De esta botella le da una cucharada cada dos horas y de las obleas, una cada tres horas... Dice el doctor que hay que alimentarlo bien porque está muy débil.

CLAUDIA. -¿Cuánto le dieron por el prendedor?...

D. BRAULIO. -¡Treinta no más!... Descontado cuatro de los remedios, le quedan veintiséis. ¡Aquí tiene la papeleta!...

CLAUDIA. -¡Oh, gracias!... ¡Me ha hecho usted un gran servicio!...

D. BRAULIO. -No crea que me ha costado poco. Con la cuestión del robo de la joyería, no ha dejado de causarme desconfianza el tal prendedorcito!... ¡Pero lo que es a mí!... Hice poner la papeleta a nombre de Pichín.

CLAUDIA. -Muy bien; gracias. Y diga, ¿lo ha visto a ese?...

D. BRAULIO. -¿A Pichín?... Cosa mala se encuentra siempre. Lo vi en el almacén de la esquina. Creo que ha estado en la jugada y ha perdido una punta de pesos. Seguro que ahora no más cae por aquí a pedir plata.

CLAUDIA. -¡Es claro!... ¡Ay, Dios mío!... ¡Y se encuentra con Canillita!... Llévelo, don Braulio; por favor.

D. BRAULIO. -¡Cómo no!... ¡Eh, joven !... ¿Nos vamos?...

CANILLITA. -¡Y cómo le va!... Cuando quiera.

D. BRAULIO. -(A Claudia.) Hasta luego, doña...¡Y haga lo que le he dicho!... Adiós, chiquito. Pórtese con juicio... ¿eh?...

CANILLITA. -Prieste un fósforo, don Braulio... y ahora un cigarro pa encenderlo... ¡Zás! ¡Da veinte!... (Enciende un cigarro, arroja una humada y con cómica gravedad da el brazo a D. Braulio y hace mutis.)


CLAUDIA y ARTURO

CLAUDIA. -(Destapando la botella del remedio.) ¡Aquí está el remedio para curar al nene!... (Llena una cucharita y se acerca a la cama.) Vamos a ver, Arturito. ¡Con esto se va a mejorar pronto!...

ARTURO. -No, eso es feo. ¡Yo no quiero!...

CLAUDIA. -¡Qué ha de ser feo!... ¡Es dulce, muy rico!... ¡Vea cómo yo lo tomo!... ¡Vamos, no sea así!... ¡Caramba, con el niño!... Casi lo has volcado... Vea, tapándose las narices... ¡Vaya!... ¡No sea malo!... ¡Que no se diga que tamaño hombre!... ¿A ver?... Así: a la una, a las dos... y a las tres... ¡Ajá!... ¡Y ahora bien tapadito!... (Vuelve a la máquina de coser y se pone a coser.)


Dichos y PICHÍN

PICHÍN. -(Entra sin saludar, arrastra el baúl de debajo la cama y comienza a buscar afanosamente. Claudia le observa inquieta.) ¡Eh!... ¿Quién me ha andado revolviendo el baúl?

CLAUDIA. -(Afligida.) ¡Ay, Dios mío!... Busca el prendedor...

PICHÍN. -¿No responden?... ¿Quién ha andao con mis cosas?...

CLAUDIA. -No sé... ¡Nadie!...

PICHÍN. -(Muy alterado tirando los objetos del baúl.) ¡Cómo que nadie!... ¿Quién me ha abierto el baúl?... he dicho... ¡Cómo!... ¡Qué es esto?. ¿No está?... (Se dirige a Claudia y la toma con violencia por un brazo.) ¿Dónde está el prendedor?... ¿Dónde está el prendedor?... ¡Pronto!...

CLAUDIA. -(Sumisa.) ¡No sé!... ¡Te digo que no sé nada!... ¡Yo no lo he tocado!...

PICHÍN. -¡Hablá de una vez o te la doy!... ¿Qué lo has hecho?... Decí... Decí... Decí, ¡te digo!...

CLAUDIA. -¡Nada!... No me pegués; te juro que...

PICHÍN. -¡Decí la verdad o te reviento!...

ARTURO. -(Incorporándose asustado.) ¡Mamita!... ¡Mamita querida!... ¡No le pegue!... (Claudia llora.)

PICHÍN. -¿Dónde está el prendedor?... ¡Responde!... ¿Te callás?... ¡Ah, ya lo sé!... ¡He visto salir al Canillita!... ¡Seguro que ese bandido me lo ha robado y ustedes quieren ocultarlo!... ¡Ah, pillete!... ¡Le voy a enseñar!... ¡Ya verán!... (Váse.)

CLAUDIA. -(Corriendo detrás.) ¡No!... ¡No!... El no ha sido. ¡Canillita no ha sido!... ¡Pancho! ¡Pancho!... ¡Yo lo saqué, Pancho!...

ARTURO. -¡Mamá!... ¡Mamita!... (Claudia se vuelve a Arturo y se deja caer sobre la cama sollozando convulsivamente.) (Mutación.)