Canciones Surianas/El alma de las flautas

Canciones Surianas
de Juan Bautista Delgado
El alma de las flautas
EL ALMA DE LAS FLAUTAS.


A José Juan Tablada.


Tityre tu patulae recubans sub tegmine fagi,
Sylvestrem tenui musam meditarís avena.

Eglog. I. Virgilli.


Y los indios les inspiran á las flautas
Sus bucólicas triunfales y sus himnos!

Mientras triscan en el prado las ovejas
y retozan en las peñas los cabritos,
se congregan los pastores, bajo el toldo
que abre un misericordioso tamarindo.
Son los ángeles-custodios del rebaño;
los que acechan á los lobos carniceros
rondadores del aprisco;
son los buenos habitantes de la sierra,
son los indios!

Y á la sombra del gran árbol opulento,
árbol-rey, árbol profícuo,
verde lira de los vientos surïanos,
camarín de los zenzontles y los mirlos,
los pastores tocan aires de la costa
en sus flautas de carrizo!

Una dulce ola de música se eleva
desgranando su cristal en gorgoritos:
es un chorro de silvestres armonías
que se quiebra en el azur del cielo limpio
es el alma de las cañas que se queja
impulsada por el soplo de los indios....
es el alma de las cañas que solloza
por los huertos odorantes á tomillo;
por las eras donde crujen las espigas,
—oros pálidos y vivos—
por las yuntas que laboran en los campos
mansamente, con su grave porte olímpico;
por la púbera pastora Galatea
muy más blanca que el vellón del corderillo.

Y los indios les inspiran á las flautas
sus bucólicas triunfales y sus himnos!

Unas lloran con dolor de chirimía,
otras plañen como triste caramillo,
otras tienen la ternura de la avena
y otras el marcial allegro de los pífanos.
Y esa música salvaje, tan sentida,
que se escapa de las flautas de carrizo,
tiene un mágico poder: en su ala de oro
nos remonta al infinito.

Hasta el ave se avergüenza al escucharla
y en el buche esconde trémolos y trinos....
hasta sienten los jaguares al oírla
misteriosos calosfríos,
y las víboras se arrastran hacia ella
por la influencia de su hechizo.
¡Oh buen Pan, guarda tu rústica siringa
que más dulces son las flautas de los indios!

Asombrados los zagales, bajo el toldo
que abre el misericordioso tamarindo,
mientras pacen las ovejas en el prado
y entrechocan sus pitones los cabritos,
se entretienen jubilosos é inocentes
con sus flautas de carrizo;
y en alegre ruedo todos congfregados
son un grupo melancólico de Títiros.

Lenta lenta, triste triste, suave suave,
vuela el alma de las flautas de los indios;
la melena de las frondas se estremece,
se abre un surco luminoso en lo infinito,
sopla tibia y leve ráfaga de viento,
se columpia el gigantesco tamarindo;
y, de pronto, diademada de laureles,
con su túnica de armiño,

con la Lira de las Eglogas al hombro,
proyectando su gran sombra sobre el río,
dulce y tierna y melancólica y sagrada
atraviesa la figura de Virgilio....

Y los indios les inspiran á las flautas
sus bucólicas triunfales y sus himnos!