AMOR...

I

Porque tenías el cabello blanco,
El rostro enjuto, la cansada frente
Llena de heridas hondas que me hablaban
De los estragos que produce el tiempo;
Porque tenías manos de trabajo,
Callosas y deformes, manos trémulas,
Como estremecimiento de algún ave
Bajo el frío mortal de la agonía;
Porque aquellas tus manos temblorosas
Me parecieron de esas que el arado
Hunden en las entrañas de la tierra
Para abrir paso a la simiente sana;
Porque acaso tus hijos se murieron
Y te dejaron sólo, sin cariño,
Con un grave pesar en tu alma buena
Que de rebelde nunca supo nada;

Porque acaso te ganas el sustento
Hoy, que tienes muy corvas las espaldas,
Las manos temblorosas, la cabeza
Llena de canas que te trajo el tiempo,
Mi hombro sostuvo la cabeza tuya
Doblada por el sueño con cansancio,
Y te dejé dormir plácidamente
Como un niño arrullado por la madre!...

II

Tenía el alma triste esa mañana;
Aleteaban en ella suavemente
Mariposas de luz, que Primavera
Trajo a libar en los jardines míos.
Era así como el soplo de la vida
Derramándose entero en mis entrañas,
Y a la vez como el triunfo de la muerte
Burlando el canto loco de la vida...
Como deseos de tenderme libre
Sobre la mar inmensa, tan inquieta
Como esa sed de amor que se diluye
En las cosas sensibles de mi alma!

Como ansias de abrazar el cielo rojo
Por el sol moribundo, y de sus luces
Hacer una flor rara, con fragancia
De tierra humedecida por la lluvia.
Como deseos de envolver mi alma
En la belleza cósmica y hacerme
Ella, pero consciente de la vida
Para gozar entera la Belleza!
Y junto a Flora desatelas todas
Mis mariposas tenues... ya rosadas
Azules, negras o bordadas de oro
Sobre el fondo sutil de roja seda.
¡Qué hermosa la mañana! Era acaso
Un canto de la luz, y por sus rayos
Que me trajeron la caricia suave,
Yo sentía que el sol se tamizaba
En el florecimiento de mi vida
.....Y corrieron las horas...! Tiempo móvil
Que arrastras con las cosas más amadas,
Que nos haces filósofos, mendigos
De la felicidad;
Le quitaste conciencia de tu vida
A esta mi fantasía, y era tarde
Cuando entré nuevamente en el bullicio
Del Buenos Aires ávido de oro;

Y entonces fué que la cabeza blanca
Del pobre viejo se apoyó en mi hombro
Y lo dejé dormir plácidamente
Como un niño arrullado por la madre...

III

Bien recuerdo la escena... en el tranvía
Los dos sentados en un mismo banco;
El junto a la ventana, yo muy quieta
Mirándole dormir. Cuanto más hondo
Sentí el dolor! Tan triste era el aspecto
De ese cansado viejo que dormía
Quizá soñando en la casita pobre
Donde hizo nido con la compañera
Que en la jornada lo dejó, sin ánimo
Para seguir sus pasos, entre zarzas
Y piedras arrojadas a la ruta
Por su sino de bestias de trabajo!...
Así pensaba cuando la cabeza
Cayo pesadamente hacia el costado
Y su sién se apoyó sobre mi hombro...

¡Ah! si poder me fuera conferido.
Cesado habrían los rumores miles
Que el tráfico alimenta, y en sus veces
Los rumores dulcísimos del arpa
Como llanto de lirios, esparcieran
Sus notas cabe al pobre adormecido
En quien hablaban tantas cosas idas!
Y en ese anhelo le dejé durmiera,
Despreciando la burla que enredaba
Sus ramas tan volubles
En la figura tosca del anciano.
¡Qué pueden entender de caridades
Sutiles, infinitas, los que arrojan
El mendrugo de pan como un desprecio,
Los que dinero alcanzan,
Los que al amor no lo sintieron nunca
Como la vida misma, derramado
En el sol que da luz, en la armonía
De las cosas eternas... en el hombre
Que pasa velozmente
Como una sombra loca proyectada
Sobre un jardín de zarzas y de rosas!...