Ved que congoja la mía...

Ved qué congoja la mía...
de Jorge Manrique







I

           Ved qué congoja la mía,              
        ved qué queja desigual          
        que me aqueja,          
        que me crece cada día           
        un mal teniendo otro mal                
        que no me deja;                 
           no me deja ni me mata,               
        ni me libra ni me suelta,               
        ni me olvida;           
        mas de tal guisa me trata,              
        que la muerte anda revuelta             
        con mi vida.            


II

           Con mi vida no me hallo,             
        porque estoy ya tan usado               
        del morir,              
        que lo sufro, muero y callo,            
        pensando ver acabado            
        mi vivir;               
           mi vivir que presto muera,           
        muera porque viva yo;           
        y muriendo              
        fenezca el mal, como quiera             

        que jamás no feneció            
        yo viviendo.            


III

           Viviendo nunca podía                 
        conocer si era vivir            
        yo por cierto,          
        sino el alma que sentía                 
        que no pudiera sentir           
        siendo muerto;          
           muerto, pero de tal mano             
        que, aun teniendo buena vida,           
        era razón               
        perderla, y estando sano                
        buscar alguna herida            
        al corazón.             


IV

           Al corazón que es herido             
        de mil dolencias mortales,              
        es de excusar           
        pensar de verle guarido;                
        mas de darle otras mil tales            
        y acabar,               
           acabar porque será           
        menor trabajo la muerte                 
        que tal pena,           
        y acabando escapará             
        la vida que aun era fuerte              
        para ajena.             



V

           Para ajena es congojosa              
        de verla y también de oírla             
        al que la tiene,                
        pues ved si será enojosa                
        al que, forzado, sufrirla               
        le conviene;            
           le conviene aunque no quiera                 
        pues no tiene libertad          
        de no querer;           
        y si muriere, que muera,                
        cuanto más que ha voluntad              
        de fenecer.             


VI

           De fenecer he deseo          
        por el mucho desear             
        que me fatiga,          
        y por el daño que veo           
        que me sabe acrecentar          
        una enemiga;            
           una enemiga tan fuerte,              
        que en el arte del penar                
        tanto sabe,             
        que me da siempre la muerte             
        y jamás me da lugar             
        que me acabe.           



VII

FIN

           Ya mi vida os he contado             
        por estos renglones tristes             
        que veréis,             
        y quedo con el cuidado          
        y daréis.               
           No os pido que me sanéis,            
        que, según el mal que tengo,            
        no es posible;          
        mas pido que matéis,            
        pues la culpa que sostengo              
        es tan terrible.