Tríptico galante de Jarrón de Sèvres



TRÍPTICO GALANTE DE JARRÓN DE SEVRES


A Francisco Contreras.



I

Por la gloria del jardín
Van rimando su fortuna
Colombina i Arlequín.
I junto al luminoso cristal de la laguna
Detras de un árbol que plantó Corot
Está el cornudo triste de Pierrot
Como un perro ladrándole a la luna.
Una Venus desnuda santifica el jardín
Lento espiritualiza la noche un mandolin
I Clitandro i Casandra se besan sin fin.
Junto al estanque glauco el Puck amarillea
Mientras Polichinela lejos cascabelea
Lanza al aire su cubo i luego lo pelotea.

I en la melancolía
De la lejanía
Raya el negro-azul del infinito
La serpentina de oro de un aereolito.
 

II


Un carnaval veneciano,
Con algo de «Fétes Galantes»
Con algo mui verleniano
Avec plusiers des amantes.
Una góndola un cisne mitolójico miente
Al pasar desgranando suspiros de violines
Entre la sombra vaga i quedamente,
Llena de Colombinas i Arlequines.
Resbala por encima del barco que navega
Una paloma blanca que mancha el horizonte,
Una biznieta noble de la paloma griega
Que llevara a Batilo recuerdos de Anacreonte.
En los canales anchos donde la luna llueve
El barco se desliza cual patinando en nieve,
Se escapan de su fondo chanzonetas amargas
I va estelando el agua con dos ojeras largas.
Lloriquean los violines
Se quejan los mandolines.

Bajo la luz verdi-plata
De la luna inoportuna
Vuela el alma de Schubert hecha Serenata
I el alma de Beethoven hecha claro de luna.

III


El abate joven de los madrigales
Susurra sus versos amorosamente,
La marquesa Eulalia de manos liliales
oye atentamente.
La marquesa Eulalia deja sus desvíos,
I entre los sombríos árboles distantes
Acechan celosos con ojos chispeantes
El vizconde rubio de los desafíos
I dos pajes blancos finos i galantes.
Engarza verso a verso el abate joven,
El Hada Harmonía deslíe en sus vuelos
Una sinfonía tenue de Beethowen
Que llora en las cuerdas de los violoncelos.
I mientras el abate desgrana verso i verso
En que madrigaliza con toda su fineza
La alquimia de los ojos negros de la marquesa,
El vizconde rubio medita algo perverso.


La divina Eulalia rie a carcajadas
Entre las ternezas del feliz abate,
Mientras en la sombra brillan dos espadas
I en el temeroso fragor de un embate,
Cae un paje blanco rojo de estocadas.
El lago azogado de cisnes se nieva,
El aire se inflama de viejas querellas,
I pasa la guadaña de la luna nueva
Pasa rasgando nubes i segando estrellas.