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A D. Juan López Parra



La gaviota cenicienta
parece, cuando alza el vuelo,
negra sobre el claro cielo,
blanca en la oscura tormenta.
Conservando a su raudal
el mismo frescor la fuente,
sabe en invierno caliente,
sabe en verano glacial.
El sol, cuando débil arde
tiñendo el cielo de grana,
hace alegre la mañana,
como hace triste la tarde;
y es que, al parecer, envía
más luz, sin mayor derroche,
tras la sombra de la noche
que tras el fulgor del día.
Dolor que insufrible ayer
parecer al alma pudo,
hoy, tras dolor más agudo,
tiene dejos de placer;
y, en cambio, sufrimos días
de angustias tan extremadas
que las tristezas pasadas
nos parecen alegrías.
En ti, mundo engañador,
donde todo es farsa y sueño,
nada hay grande ni pequeño;
todo es mayor y menor.