Todo en su lugar

​Todo en su lugar​ (1897) de Carlos Germán Amézaga

Eres hermosa entre las más hermosas;

te quiero con ardor exagerado:

pero..., hija mía, pides ciertas cosas,

en medio de caricias voluptuosas,

que me dejan también muy apurado.


Ante súplicas tales me sublevo

y, por primera vez, siento fastidio...

¿Que me case?... ¡Imposible! ¡Yo no llevo

mi amor hasta el suicidio!