Sueños y discursos: 187

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



-¿Es posible que aún hay que comer en v. m., señor don Diego?
Y díjome:
-Por mis pecados soy refitorio y bodegón de piojos. Querría suplicaros, pues os vais, y allá habrá muchos y acá no se hallan, por el bien parecer, que ando so él desabrigado, que me enviéis algún mondadientes, que como yo le traiga en la boca todo me sobra, que soy amigo de traer las quijadas hechas jugador de manos, y al fin se masca y se chupa, y hay algo entre los dientes y poco a poco se roe, y si es de lentisco es bueno para las opilaciones.
Diome gran risa y aparteme de él huyendo, y por no le ver aserrar con las costillas un paredón a puros concomios.
Íbame poco a poco y buscando quien me guiase, cuando sin hablar palabra ni chistar (como dicen los niños), un muerto de buena disposición, bien vestido y de buena cara, cerró conmigo. Yo temí que era loco y cerré con él; metiéronnos en paz. Decía el muerto:
-¡Déjeme a ese bellaco deshonrabuenos, voto al cielo de la cama que le he de hacer que se quede acá!
Yo estaba colérico y díjele:
-¡Llega y te tornaré a matar, infame, que no puedes ser hombre de bien! ¡Llega, cabrón!


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte