Sueños y discursos: 184

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



Y todos decían esto. Cuando yo oí aquellos gritos, dije:
-Sin duda este es algún pobre, pues no le quiere nadie. Las señas de pobre son, por lo menos.
Todos me decían:
-¡Hacia ti, mira que va a ti!
Y yo no sabía qué me hacer y andaba como un loco mirando dónde huir, cuando me asió una cosa (que apenas divisaba lo que era) como sombra. Atemoriceme, púsoseme en pie el cabello, sacudiome el temor los huesos.
-¿Quién eres, o qué eres, o qué quieres -le dije-, que no te veo y te siento?
-Yo soy -dijo- el alma de Garibay, que ando buscando quien me quiera, y todos huyen de mí; y tenéis la culpa vosotros los vivos, que habéis introducido decir que el alma de Garibay no la quiso Dios ni el diablo, y en esto decís una mentira y una herejía. La herejía es decir que no la quiso Dios, que Dios todas las almas quiere y por todas murió; ellas son las que no quieren a Dios: así que Dios quiso el alma de Garibay como las demás. La mentira consiste en decir que no la quiso el diablo: ¿hay alma que no la quiera el diablo? No, por cierto, que pues él no hace asco de las de los pasteleros, roperos, sastres, ni sombrereros, no la hará de mí.


Sueños y discursos de Quevedo

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