Sueños y discursos: 180

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



Doña Fáfula dijo:
-Yo soy una mujer muy principal.
-Nosotras somos -dijeron las otras- las desdichadas que vosotros los vivos traéis en las conversaciones disfamadas.
-Por mí no se me da nada -dijo doña Fáfula- pero quiero que sepan que soy mujer de un poeta de comedias que escribió infinitas, y que me dijo un día el papel: «Señora, tanto mejor me hallara en andrajos en los muladares que en coplas en las comedias cuanto no lo sabré encarecer». Fui mujer de mucho valor y tuve con mi marido, el poeta, mil pesadumbres sobre las comedias, autos y entremeses. Decíale yo que por qué cuando en las comedias un vasallo arrodillado dice al rey «Dame esos pies», responde siempre: «Los brazos será mejor»; que la razón era, en diciendo: «dame esos pies» responder: «¿con qué andaré yo después?». Sobre la hambre de los lacayos y el miedo, tuve grandes peloteras con él, y tuve buenos respetos, que le hice mirar al fin de las comedias por la honra de las infantas, porque las llevaba de voleo y era compasión; no me pagarán esto sus padres de ellas en su vida. Fuile a la mano en los dotes de los casamientos para acabar la maraña en la tercera jornada, porque no hubiera rentas en el mundo; y en una comedia, porque no se casasen todos, le pedí que el lacayo, queriéndole casar su señor con la criada, no quisiese casarse ni hubiese remedio, siquiera porque saliere un lacayo soltero.


Sueños y discursos de Quevedo

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