Sueños y discursos: 179

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



Desapareció aquel caballero visión, y dio gana de comer a los muertos, cuando llegó a mí con la mayor prisa que se ha visto, un hombre alto y flaco, menudo de facciones, de hechura de cerbatana, y sin dejarme descansar, me dijo:
-Hermano, dejadlo todo presto, luego, que os aguardan los muertos que no pueden venir acá, y habéis de ir al instante a oídlos, y a hacer lo que os mandaren sin replicar y sin dilación; luego.
Enfadome la prisa del diablo del muerto, que no vi hombre más súpito, y dije:
-Señor mío, esto no es Cochitehervite.
-Sí es -dijo muy demudado-; dígoos que yo soy Cochitchervite, y el que viene a mi lado -aunque yo no le había visto- es Trochimochi, que somos más parecidos que el freír y el llover.
Yo que me vi entre Cochitehervite y Trochimochi fui como un rayo donde me llamaban.
Estaban sentadas unas muertas a un lado, y dijo Cochitehervite:
-Aquí está doña Fáfula, Maricapalos y Mari Rabadilla.
Dijo Trochimochi:
-Despachen, señoras, que está detenida mucha gente.


Sueños y discursos de Quevedo

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