Sueños y discursos: 178

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



Y fui tan desdichado que a tres cosas siempre llegué tarde; y a pedir prestado llegué siempre dos horas después, y siempre me pagaban con decir que «llegara v. m. dos horas antes, se le prestara ese dinero». A ver los lugares llegué dos años después, y en alabando cualquier lugar me decían: «ahora no vale nada; si v. m. lo viera dos años ha». A conocer y alabar las mujeres hermosas llegué siempre tres años después, y me decían: «Tres años atrás me había v. m. de ver, que vertía perlas mejillas». Según esto fuera harto mejor que me llamaran don Diego Después que no don Diego de Noche. ¿Decir que después de muerto descanso? Aquí estoy y no me harto de muerte; los gusanos se mueren de hambre conmigo y yo me como a los gusanos de hambre, y los muertos andan siempre huyendo de mí porque no les pegue el don o les hurte los huesos o les pida prestado, y los diablos se recatan de mí porque no me meta de gorra a calentarme, y ando por estos rincones introducido en telaraña. Hartos don Diegos hay allá de quien pueden echar mano; déjenme con mi trabajo, que no viene muerto que luego no pregunte por don Diego de Noche. Y diles a todos los dones a teja vana, caballeros chirlos, hacia hidalgos y casi dones, que hagan bien por mí, que estoy penando en una bigotera de fuego, porque siendo gentilhombre mendicante, caminaba con horma y bigotera a un lado y molde para el cuello y la bula en el otro; y esto y sacar mi sombra, llamaba yo mudar mi casa.


Sueños y discursos de Quevedo

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