Sueños y discursos: 161

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



-Antes casas de orates, entendí yo. Mas, según la relación que me haces, no me he de mover de aquí; mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar se va: así sucede a los que quieren tomarse con los reyes más a mano de lo que es razón. El azogue no tiene quietud: así son los ánimos por la continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, todos andan temblando: así han de hacer los que tratan con los reyes, temblar delante ellos, de respeto y temor, porque si no, es fuerza que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España?, que es la postrera curiosidad que he de saber, que me quiero volver ajigote, que me hallo mejor.
-Murió Filipo -dije yo.
-Fue santo rey, de virtud incomparable -dijo el nigromántico- según leí yo en las estrellas pronosticado.
-Reina Filipo IV días ha -dije yo.
-¿Eso pasa? -dijo-; ¿que ya ha dado el tercero cuarto para la hora que yo esperaba?
Y diciendo y haciendo subió por la redoma y la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo:


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte