Sueños y discursos: 160

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



-¡Oh, doyla al diablo -dijo el nigromántico- por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda darla a nadie sino por hacerle mal. Es república esa que mientras que no tuviere conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no les queda nada. Linda gente, la ciudad fundada en el agua, el tesoro y la libertad en el aire, y la deshonestidad en el fuego, y al fin es gente de quien huyó la tierra, y son narices de las naciones y el albañar de las monarquías, por donde purgan las inmundicias de la paz y de la guerra, y el turco los permite por hacer mal a los cristianos y los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así dijo uno de ellos mismos, en una ocasión de guerra, para animar a los suyos contra los cristianos: «¡Ea, que antes fuisteis venecianos que cristianos!». Dejemos eso y dime, ¿hay muchos golosos de valimientos de los señores del mundo?
-Enfermedad es -dije yo- esa de que todos los reinos son hospitales.
Y él replicó:


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte