Sueños y discursos: 159

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



«Negocio es de estudio. Diga v. m., que ya estoy al cabo. Habla la ley en propios términos». Toman un quintal de libros, danles dos bofetadas hacia arriba y hacia abajo, y leen deprisa; reméndanle una anexión; luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, muy esparrancado de capítulos. Dicen: «En el propio caso habla el jurisconsulto. v. m. me deje los papeles, que me quiero poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y vuélvase por acá mañana en la noche, porque estoy escribiendo sobre la tenuta de Trasbarras; mas por servir a v. m. lo dejaré todo». Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver) dice, haciendo grandes cortesías y acompañamientos: «¡Jesús, señor!», y entre «Jesús» y «señor» alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca un doblón.
-No he de salir de aquí -dijo el nigromántico- hasta que los pleitos se determinen a garrotazos, que en el tiempo que por falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas decían que el palo era alcalde, y de ahí vino: «júzguelo el alcalde de palo». Y si he de salir ha de ser solo a dar arbitrio a los reyes del mundo que quien quisiere estar en paz y rico, que pague los letrados a su enemigo, para que lo embelequen y roben y consuman. Dime, ¿hay todavía Venecia en el mundo?
-¿Si la hay? -dije yo-. No hay otra cosa sino Venecia y venecianos.


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte