Sueños y discursos: 151

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



Otro que estaba al lado del Rey que rabió, dijo:
-Vuestra merced se consuele conmigo, que soy el Rey Perico, y no me dejan descansar de día ni de noche. No hay cosa sucia ni desaliñada, ni pobre, ni antigua, ni mala, que no digan que fue en tiempo del Rey Perico. Mi tiempo fue mejor que ellos pueden pensar. Y para ver quién fui yo y mi tiempo, y quién son ellos, no es menester más que oírlos, porque en diciendo a una doncella ahora la madre: «Hija, las mujeres bajar los ojos y mirar a la tierra y no a los hombres», responden: «Eso fue en tiempo del Rey Perico; los hombres han de mirar a la tierra, pues fueron hechos de ella, y las mujeres al hombre, pues fueron hechas de él». Si un padre dice a un hijo: «No jures, no juegues, reza las oraciones cada mañana, persígnate en levantándote, echa la bendición a la mesa», dice que eso se usaba en tiempo del Rey Perico y que ahora le tendrán por un maricón si sabe persignarse, y se reirán de él si no jura y blasfema, porque en nuestros tiempos más tienen por hombre al que jura que al que tiene barbas.
Al que acabó de decir esto se llegó un muertecillo muy agudo, y sin hacer cortesía, dijo:
-Basta lo que han hablado, que somos muchos, y este hombre vivo está fuera de sí y aturdido.
-No dijera más Mateo Pico.


Sueños y discursos de Quevedo

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